Capítulo 4
Un Jefe Extraño
Había trascurrido ya la mañana y para sorpresa de Andrea habían pasado por la tienda varios clientes, en definitiva, la ubicación era más que ideal para una tienda de mascotas, la joven casi no tuvo tiempo de seguir estudiando la libreta de anotaciones, pero gracias a su experiencia y sus conocimientos en algunos asuntos de cuidado de los animales había podido resolver algunas dudas de los clientes y lograr que estos estuvieran satisfechos por sus compras. Andrea se sentía bien en la tienda, pues hasta su actitud un poco pesimista ya había cambiado pese a que el señor Jaime la había dejado totalmente sola, sin dar muchas explicaciones, le pareció extraño que el señor se hubiera ido tan de repente, podría ser que él vio en ella la persona que buscaba, o quizá no tenía más opciones, “Pero se veía que tiene dinero… no más con esa camioneta que lo recogió…” pensaba ella mientras organizaba algunos objetos en la vitrina. En el tiempo en los que no había clientes la joven siguió estudiando los apuntes de la libreta, aún le parecía extraño que en ella había listas de números que no estaban del todo especificados, pero no dio importancia quizá eran órdenes ya cumplidas o cálculos rápidos que la hija de Jaime o el mismo hacían, en ese momento Andrea noto que por la calle de enfrente una patrulla pasaba a baja velocidad, ella no le dio importancia y siguió en su lectura, pero noto que uno de los policías se bajó del vehículo y con algo de curiosidad se acercó a la tienda mientras la patrulla siguió su camino, el uniforme verde resaltaba notablemente, Andrea lo miro entrar desconfiada pues a lo largo de su vida ni su familia ni ella confiaban mucho en la policía. El oficial se acercó y con naturalidad pregunto por un par de productos, la joven le mostró donde estaban ubicados y le indico el precio, el hombre saco su billetera y pago los dos productos, parecía un cliente normal, pero antes de retirarse volvió al mostrador y con voz seria pregunto.
—¿Tú eres nueva aquí? —pregunto el policía con curiosidad.
—Si señor, soy ahora la encargada—explico ella con tono de voz serio.
—¿Y el señor Jaime…? —
Andrea en ese momento recordó las indicaciones de su jefe al marcharse, “… Si preguntan por mí solo di que… estoy solamente en las mañanas…”, ella no sabía si quizá el hombre se refirió a alguien en específico, pero parecía que el policía ya lo conocía.
—El índico que solo estaría en las mañanas… no dijo nada más realmente…—explico ella.
El policía se quedó en silencio, pero su expresión hacía parecer que él ya sabía dicha información, metió la mano en uno de los bolsillos de su chaleco y saco una tarjeta de papel.
—Mira, este es el número de la patrulla, comunícate si es necesario…—dijo el hombre entregándole la tarjeta.
Andrea observó la tarjeta y la coloco sobre el escritorio, cuando volvió a mirar al policía este ya iba saliendo por la puerta de vidrio sin expresar ninguna despedida, la joven se quedó algo confundida, pero no dio importancia, supuso en ese momento que él solo había entrado a la tienda con la excusa de averiguar la cara nueva de quien atendía y la tarjeta era solo parte de su trabajo.
La tarde siguió con normalidad, cada cierto tiempo pasaba alguien a comprar algún producto a si fuera pequeño o tan siquiera un par de galletas para perro, la joven tuvo curiosidad y reviso el cuarto que funcionaba como almacén pues pensó que si las ventas eran así de buenas los días normales debía pedir que trajeran más cosas para surtir la tienda, pero Jaime no había explicado nada de ese asunto, ni en la libreta decía algo relacionado. La muchacha revisó el cuarto y noto que había suficientes productos por el momento, no había ninguna prisa y pensó que podría averiguar bien sobre ese tema cuando su jefe volviera. Al finalizar la tarde Andrea podía ya cerrar la tienda y marcharse, pero algo era extraño, como la mayoría de las cosas su jefe no había dejado ninguna instrucción, solo era obvio que ella debía llevarse las llaves, decidió esperar un tiempo más en espera de que quizá el señor pasara de nuevo por el lugar, pasaron varios minutos y ya casi anochecía cuando una camioneta blanca estaciono frente al edificio, de ella se bajaron don Jaime y otro señor mucho más joven que le acompaño hasta entrar en la tienda quedándose afuera como si estuviese vigilando, Jaime entro a la tienda y tras una breve mirada inspecciono los estantes, notando que todo estaba como se suponía debía estar.
—¿Cómo te fue en tu primer día…? —
—Bastante bien, es un muy buen sector…—respondió Andrea con optimismo, —¿Señor Jaime, hay varias cosas que aún no me ha explicado? —pregunto ella.
—¿Hay algo que la libreta no dice…? —
—Si, no sé cómo es el asunto del surtido, y también quisiera conversar sobre mi ganancia…—
—Ah, si… de eso no hablamos, hay un solo proveedor… un amigo mío, tú solo debes llevar pues tu inventario y pedirlo cuando sea necesario y pagas normales, cuando te lo entreguen…—explico Jaime despreocupado, —De tu paga… la verdad no lo sé… ¿Cuánto esperas ganar? —
La joven se quedó confundida ante la pregunta que Jaime había realizado tan despreocupado, no era normal que un jefe preguntara eso, o quizá su intención era poner a prueba sus principios.
—Pensaría que lo mínimo de un trabajador, no es en verdad complicada el trabajo, o por lo menos hoy no lo fue…—
—Me agradas niña, concordemos un poco más de lo que piensas y trato hecho…—expreso Jaime riendo.
Andrea se sorprendió por la sencillez del hombre al hablar de dinero, era obvio que él no se preocupaba por generar grandes ganancias y mucho menos en gastar en un buen trabajador.
—Por mí está bien señor Jaime…—respondió Andrea con gentileza, —A eso de medio día paso por acá un policía… compro algo, pero al irse pregunto por usted…—
—Ah, ellos vendrán en ocasiones para ver cómo va todo, no les des importancia…—explico Jaime con igual despreocupación,
Andrea entendió que su jefe tenía buenas relaciones con la policía, o quizá con esos patrulleros en específico, Jaime se despidió y salió de la tienda, el hombre que se había quedado por fuera camino junto con él y abordaron de nuevo la camioneta, al mismo tiempo que Andrea tomo sus cosas, y luego de guardar el dinero en su maleta, apago las luces y cerro con llave la tienda, se despidió con amabilidad del vigilante del edificio que en ese momento estaba en la portería y Andrea finalmente se fue para su casa, se sentía algo cansada como para preocuparse por otras cosas en ese momento, su primer día de trabajo había muy extraño pues en primer lugar el que sería su jefe actuaba muy despreocupado, pues le hacía creer a ella que estaba confiando ciegamente, o quizá era solo su imaginación y pensamiento que por naturaleza era desconfiada, pero Jaime parecía un señor muy respetuoso y consciente de sus decisiones, aunque otros detalles habían sido igual de extraños, como la visita casual de la policía además de la lujosa camioneta en la que se trasportaba sin olvidar tampoco al señor que actuaba como si fuera un escolta, sin duda alguna había algo misterioso en el hombre, pero fuera de ese tema Andrea se sentía más tranquila al saber que contaba al fin con un empleo y que tenía la posibilidad de ayudar a sus padres y a su hermana menor.
Poco a poco la noche avanzaba y al fin el autobús llevo de regreso a Andrea a su casa, su madre ya estaba algo preocupada pues la joven no se había comunicado ni había dado explicaciones de a donde había ido, ya que no le había dicho nada a sus padres de que iba a una entrevista de trabajo. Al llegar su madre María la noto de mucho mejor ánimo que el día anterior, Andrea saludo a su padre que un trabajaba en el taller de costura y a su madre que se encontraba en la cocina preparando algo de cenar, pasaron varios minutos antes de que Andrea al fin revelara el motivo de haberse ausentado todo el día, María felicito a su hija por su nuevo empleo, pero Fabio se mostró un poco desconfiado, pues sabía que su hija esperaba conseguir algo mucho más importante que atender una sencilla tienda para mascotas. Andrea no prestó atención a la actitud negativa de su padre, tomo su maleta y saco su cartera, y tratando de ser discreta entrego a su madre el dinero que se necesitaba para pagar el colegio de su hermana menor, María con algo de nostalgia lo tomo y de una vez lo guardo en su cartera, no sin antes agradecer con una bendición a su hija que había logrado cumplir su propósito.