Libby
Me tumbo sobre los cojines del sofá, luchando por encontrar una posición que no me duela la espalda baja. Últimamente, todo me hace doler mi espalda baja.
—¿Cómo es posible que hace solo un año, estuviéramos tumbados en la playa bebiendo mai thais de cocos y yo llevara el bikini más pequeño del mundo? — me quejo.
—Todavía podrías caber en el bikini— señala Emmett amablemente. —Ahora tienes compañía— Dicho esto, me besa el estómago a través de la tela de mi nueva camiseta de maternidad. Que, con esta talla, se siente más como llevar una pequeña tienda de campaña. O un vestido.
—Ya casi estoy lista para que la compañía desocupe su puesto actual— Suspiro y hundo la cabeza contra el reposacabezas. Mi barriga de ocho meses y medio se eleva debajo de mi como un paisaje extraño. Pero cuando Emmett me sube la camiseta y me besa el vientre, de nuevo, más lento esta vez, moviendo su lengua por la extensión en círculos lentos y cuidadosos…entonces supongo que no me importa tanto. No del todo.
Recorre mis costados con sus manos hasta ahuecar mi pecho, y su lengua lo sigue. —Mm, ¿te he mencionado lo sexy que te ves últimamente, esposa? —
Le doy una palmada en el hombro. —No es gracioso—
—No estoy bromeando— Sus ojos se encuentran con los míos, y parece serio.
Hay muchas cosas que no anticipé sobre el embarazo. El tamaño, los problemas corporales, el dolor de espalda. Pero tampoco anticipé lo sexy que Emmett todavía puede hacerme sentir con una sola palabra, una mirada, un toque.
Le sonrió, —Buen intento, pero todavía tenemos un examen que preparar—
Ahora es su turno de gemir.
—¿No te has hartado ya de exámenes y finales? —
Vuelve a subirme la camiseta y apartarla, luego hace círculos con la lengua alrededor de mi pezón, antes de atraparlo suavemente entre sus dientes. Suspiro, mi cabeza vuelve a caer hacia atrás.
Afortunadamente, me gradué hace meses. Con todos los honores, debo añadir, a pesar de haber lidiado con nauseas matutinas y el cerebro del embarazo durante los últimos meses que estuve trabajando en mi tesis. De hecho, si acaso, creo que estar embarazada y pensar constantemente en la próxima llegada de este bebe al mundo y en como lo prepararía para la vida me hizo aún más consciente de la importancia del trabajo social clínico. Tambien modelo gran parte de mi tesis.
Pero eso no significa que mi trabajo haya terminado. En todo caso, la graduación fue solo el comienzo.
Ignorando a Emmett mientras hace todo lo posible por quitarme la camisa, agarro la pila de tarjetas en las que trabajé anoche.
—Bien, veamos…— Las hojeo hasta que una me llama la atención. —Ooh, aquí vamos— La sostengo en alto.
—CON QUE FRECUENCIA COMEN LOS RECIEN NACIDOS? —
Emmett levanta la vista de mi pecho, con las cejas arqueadas. —¿En serio? —
—¡Esto es importante! —
—¡Esto también lo es! — me da un golpecito en el pezón con la lengua y me retuerzo poniendo los ojos en blanco.
—Deja de intentar distraerme. Es hora de tu lección. Señor Sterling-Taylor—
—Mmm— Se reclina y me estudia. —¿Qué recibo si acierto en una? —
Reprimo una sonrisa. —¿Quieres que esto sea interesante? De acuerdo. Si aciertas, pierdo una prenda de ropa. Si no aciertas, la pierdes tú—
Sonríe. —Trato hecho— Luego mira la tarjeta.
—Cada dos o tres horas, por cierto—
—Esa no cuenta, tuviste tiempo para pensarlo—
Pero Emmett chasquea la lengua. —Quítate la ropa, señora Sterling- Taylor—
Reprimiendo una sonrisa burlona, me quito el resto de la camiseta y la tiro a un lado. —Siguiente tarjeta— Se la tiendo.
—EL MEJOR NOMBRE PARA UN NIÑO—
Emmett entrecierra los ojos. —Estoy seguro de que esta es una cuestión de opinión—
—Oh, no lo es— respondo. —Definitivamente hay una respuesta correcta. Y una incorrecta—
—No vamos a llamar al bebe Roger— refunfuña.
Lo golpeo con la tarjeta. —¡No le haría eso a Roger! Ya va a estar bastante celoso—
Emmett resopla. —De acuerdo, ¿Henry? —
—Oh, Dios mío. Quítate la camisa— Me inclino hacia atrás, mirándolo fijamente.
—¿Qué le pasa a Henry? — protesta.
Pero si agarra el dobladillo de su camisa y se la saca por la cabeza, así que supongo que no puedo quejarme demasiado. Especialmente cuando se inclina a lo largo de mi cuerpo, sus abdominales rozando mi cuerpo boca abajo.
—Es un nombre de anciano. ¿Quieres que este bebé sea un anciano prematuro? —
—¿Y si es una niña? — Emmett ladea la cabeza.
—Oh, también hay una tarjeta para eso— sonrió con suficiencia antes de dejar que Emmett me bese, largo y lento, su lengua separando mis labios.
—¿Debería adivinar este ahora? — murmura, con la boca aún pegada a la mía, antes de besar la comisura de mis labios y luego a lo largo de mi mandíbula.
—Nooo, primero tienes que adivinar la respuesta correcta de esta—
O al menos, eso es lo que quiero decir. Me distraigo un poco y me quedo sin aliento hacia el final, mientras Emmett baja por mi cuello para trazar su lengua sobre mi clavícula. Al mismo tiempo, sus palamas se deslizan sobre la curva de mi vientre y hasta la cinturilla de mis pantalones, jugando con ella.
—Frank— dice.
—Ahora solo quieres quitarte la ropa— Lo empujo con el pie.
—Oh, oh— Emmett levanta la cabeza con los ojos encendidos. —Me descubriste— pero se mueve hacia atrás de todos modos y se quita los jeans. Lo que me da tiempo suficiente para incorporarme y sujetarlo debajo de mí.
—Bien. ¿quieres jugar duro? — Beso su cuello. La parte superior de su hombro. Paso mi lengua por sus abdominales, hacia el corte en V en su ingle que siempre me vuelve loca. —La respuesta correcta era Simón, por cierto—
—Simón suena como un…contador— la respuesta de Emmett tambien se salta una fracción de segundo, cuando mi lengua llega a ese pliegue y mordisqueo el borde de su cadera.
—¿Qué tienen de malo los contadores? Una carrera práctica, dinero estable…—
—Ven aquí—
Es imposible ignorar a Emmett cuando habla así. Me incorporo y dejo que me atraiga hacia su regazo. envuelve mis piernas a su alrededor, acerva mi boca a la suya. Cuando nos separamos de nuevo, siento la dura presión de su polla debajo de mí, el movimiento de su pecho contra el mio. Cuando le rodeo la nuca con una mano, su pulso retumba al ritmo del mío.
—Quienquiera que sea nuestro bebe, y como se llame— Emmett apoya una mano sobre mi vientre entre nosotros. —si se parece en algo a su madre, será increíble—
Mis mejillas se sonrojan. Todavía puede hacer eso, incluso después de más de un año de matrimonio. —Bueno, sabes la manera correcta de distraer a una dama—
Entonces dejo que las tarjetas caigan a un lado, mientras Emmett me quita los pantalones, tirándolos con los suyos en una pila al otro lado de la habitación. Sus manos son fuertes y suaves mientras sostienen mis caderas. Guía su polla hacia mi entrada, y puedo decir que ya estoy mojada par el por la forma en que la cabeza de su polla se desliza fácilmente de un lado a otro a lo largo de mi raja.
—Mierda, Libby— sus ojos se encuentra con los míos de nuevo,
Introduce la punta de su polla dentro de mí, y suavemente baja mis caderas, hasta que estoy sentada en su regazo, su polla empujando completamente dentro de mí. llenándome, estirándome hasta que un dolor placentero se extiende por todo mi cuerpo. Un hormigueo que me llega hasta los dedos de los pies.
—Nunca me canso de esto— murmura, con la boca a centímetro de la mía.
—¿Quién diría que el sexo de casados no era aburrido en absoluto? — respondo, mi risa entrecortada, se intensifica aún más cuando vuelve a agarrar mis caderas. Me arrastra hacia arriba y hacia abajo a lo largo de su m*****o, de modo que siento cada centímetro de él.
Envuelvo mis brazos alrededor de sus hombros y me muevo con él en un ritmo suave y lento que me vuelve loca.
—Dios, te amo— respiro y lo atrapo en otro beso, más fuerte esta vez.
—Créeme— dice, cuando nos separamos de nuevo, ambos aun recuperando el aliento. —No tanto como yo te amo—
—Estoy de acuerdo en no estar de acuerdo— respondo sonriendo.
Luego me arrastra contra él, empujándome más rápido. Y pierdo la noción de todo lo demás. Solo queda esto. Mi esposo, yo, nuestros cuerpos unidos. Y la nueva vida que creamos juntos, a punto de unirse a nuestra extraña pero perfecta vida.
Y VIVIMOS FELICES PARA SIEMPRE.