Emmett
Por una vez la naturaleza completamente autoritaria de mi abuela seta trabajando a mi favor. Al principio, cuando exigió una ceremonia de boda completamente nueva. “Ya que sus votos iniciales se hicieron bajo la apariencia de engaño, son nulos y sin valor en mi libro”
Me preocupaba que Libby no le interesara, o que toda la pesadilla de los preparativos de la boda la llevarían a rogar por una fuga a Hawái.
Pero en todo caso, las muchas noches discutiendo los planos de asientos y las listas de invitados, y si era ético tener flores, solo nos fortalecieron.
Terminamos haciendo un montón de tarjetas nuevas sobre una de nuestras técnicas habituales de discusión, al menos.
Sigo manteniendo que tengo razón sobre sacar a Roger de la lista de invitados. Libby solo cedió después de intentar meterlo en un portabebés para una prueba, para ver si podríamos llevarlo a la iglesia para la ceremonia, y maulló tan fuerte que estoy seguro de que los transeúntes en la calle pensaron que lo estábamos asesinando.
Pero todas las noches, los planes y las discusiones valieron la pena por este momento. De pie junto al altar, viendo a Libby caminar por el pasillo, con su madre del brazo y su padre del otro, nunca había sentido como esta oleada de felicidad, emoción y pura sorpresa por mi tonta suerte.
Nunca me imaginé que me casaría. Pero claro, tampoco imaginé salir con una mujer como Libby. Demonios, ni siquiera sabía que existían mujeres como ella hasta que la convencí de ser mi cómplice.
Me pilla mirándola y me guiñe un ojo, antes de girarse para abrazar a cada uno de sus padres por turno.
Este vestido le queda mucho mejor que el que usó en nuestra primera boda. Pero me casaría con ella en un saco de papas si fuera lo que ella quisiera.
Sube los escalones para unirse a mí en el altar, y le agarro las manos en la parte superior, pasando mis pulgares por ellas. Me cuesta mucho no besarla aquí y ahora, mi abuela insistió en que mantuviéramos esa tradición de “no ver a la novia durante todo el día anterior a la ceremonia” lo que significa que no la he besado desde que nos separamos anoche, cada uno en habitaciones separadas en el hotel lleno de invitados que mi abuela insistió en reservar para esto.
Por encima del hombro de Libby, su caballero de honor, Corey, me muestra disimuladamente un pulgar hacia arriba. Junto a él están las damas de honor de Libby, y al final de la fila, mi hermana Samantha, pone los ojos en blanco. Pero debajo de su sarcasmo habitual, puedo decir que ella también está disfrutando esto.
Libby mira por encima de mi hombro, y estoy seguro de que Mason y Dorian le están dando asentimientos alentadores similares. Eso, o haciendo gestos groseros a mis espaldas. Pero estoy bastante seguro de que ni siquiera ellos harían eso con mi abuela mirando desde la primera fila, con la mirada atenta como siempre.
El lugar está lleno. Mi abuela insistió en invitar a la mitad de los invitados, además de toda la familia extendida, amigos de la familia, lo que parece ser toda la gente con la que fui a la universidad…Pero cuando el Reverendo pide silencio, todos se desvanecen.
Para mí, solo está Libby. Sus manos en las mías, sus ojos fijos en mí. Esta vez, cuando el reverendo nos hace repetir después de él, ninguno de nuestras voces flaquea. —Yo, Emmett Sterling, tomo a esta mujer, para tenerla y sostenerla…—
Y esta vez, cuando dice: “Ahora puede besar a la novia” no es un beso ligero entre desconocidos.
Acuno la cabeza de Libby en una mano, mis dedos se enredan en los rizos que se hizo para la ocasión. Me inclino en cámara lenta, siento cada segundo de sus ojos sobre mí, su boca abriéndose con anticipación. Cuando mis labios tocan los suyos, es un beso lento y profundo. Y cuando la inclino hacia atrás, con mi otro brazo acunando su cintura, se mueve conmigo, con la confianza total que. proviene de dos personas que se conocen mejor que nadie.
Para cuando volvemos a estar de pie, los aplausos han alcanzado niveles atronadores. Escucho algunos gritos y silbidos por ahí, principalmente de Dorian y Mason. Pero no me giro para mirar. Solo miro directamente a los ojos de Libby, sonriendo. Y ella me devuelve la sonrisa.
—¿Qué te parece? ¿Mejor esta vez? — Arqueo una ceja.
—Yo diría que estamos mejorando— Apoya una mano en mi pecho mientras la ayudo a ponerse de pie. Luego inclina la cabeza y observa el vestido y el anillo en su dedo. Pero no se. Tal vez tengamos que casarnos de nuevo dentro de unos años solo para asegurarnos de que La tercera es la vencida—
Resoplo. —Admítelo, solo quieres una excusa para comprar más vestidos—
—Honestamente pensé que era feliz viviendo en pantalones deportivos y camisetas, pero ahora que he probado la vida de princesa…—
La interrumpo besándola de nuevo, luego bajamos las escaleras para salir del salón de ceremonias, con un sequito de invitados siguiéndonos. Veo a Dorian con su cita de la semana, Mason, intercambiando pullas con Samantha. Dios eses par se odia a muerte. Sin embargo, antes de que pueda pensarlo demasiado, llegamos a la recepción del hotel y el saludo de los invitados comienza en serio. Empezando por la abuela Sofia, que nos acorrala antes incluso de que lleguemos al lugar donde se supone que debemos estar para saludar al resto de nuestras familias y amigos.
—Vaya, ¿no fue eso mucho mejor que un juzgado? — Me ofrece la mejilla y me inclino para besarla.
—Tenías razón, abuela— sus ojos prácticamente brillan. —¿Cómo dices? No lo entendí bien…—
Libby se rie y extiende los brazos, y la abuela Sofia la abraza.
—Gracias— dice Libby. —Si no fuera porque Emmett esta tan preocupado por lo que piensas, nunca nos habríamos conocido—
Mi abuela se ríe. —Gracias, querida. No sé si ninguna otra mujer podría haber controlado a mi nieto con tanta eficacia—
Pongo los ojos en blanco. —No soy tan difícil de tratar—
Ahora ambas se ríen, lo que me hace fulminar con la mirada a mi esposa. ¡MI ESPOSA DE VERDAD!
Pero mi abuela está demasiado distraída para darse cuenta. Se da unas palmaditas en los bolsillos y luego saca un sobre delgado. —Tu regalo—
—No tienes que…—
—Ábrelo—
Miro detrás de Sofia. Una fila se extiende desde la puerta hasta el salón de baile, gente esperando para saludarnos. Pero mi abuela es indestructible. Suspirando abro el sobre y miro dentro. No hay nada más que un trozo de papel doblado. Frunzo el ceño, confundido, y lo saco.
Aviso de renuncia
Miro del papel a mi abuela y viceversa, con los ojos muy abiertos.
—Tu…—
—Renuncié ayer— Mi abuela me sonríe. —Tenías razón. Ya es hora. Hacía tiempo que era hora— Me da una palmadita en el hombro. —He oído que la junta directiva planea reunirse la semana que viene para confirmarlo, pero permíteme felicitarte de antemano— Me guiñe un ojo.
Libby sonríe tan ampliamente que tengo la sensación de que ella también estaba involucrada. Me aprieta el hombro.
—Te lo mereces, esposo—
—Pero no te atrevas a dejar que trabaje en la luna de miel— añade la abuela Sofia, apuntando con su dedo a Libby, luego a mí, antes de irse.
—Tengo cierto equilibrio entre el trabajo y la vida personal— protesto, pero solo le estoy hablando al vacío.
Libby solo resopla.
Entonces, el siguiente invitado entra y nos ponemos en modo anfitrión de recién casados. Al menos esta parte pasa relativamente rápido, ya que todos estan ansiosos por la noche que se avecina: bebidas, baile y la comida que pasamos semanas eligiendo. En algún lugar de mi habitación en casa hay una tarjeta que dice: LA MEJOR PARTE DE LA PLANIFICACION DE LA BODA, con degustación de comida y pastel al reverso.
Pero si tuviera que volver a atrás y escribir una tarjeta con LA MEJOR PARTE DE LA BODA, la única respuesta que podría dar seria.
Libby.