Libby
Me toma más tiempo del que esperaba empacar. Mucho más tiempo del que me tomo empacar para dejar mi antiguo departamento, lo cual parece extraño, porque viví allí durante años y solo llevo viviendo en cada de Emmett poco más de cuatro meses. ¿De verdad ha pasado tanto tiempo?
De alguna manera, se siente como una eternidad y una abrir y cerrar de ojos al mismo tiempo.
Pero después de un par de horas, logro localizar las cosas que había esparcido por los rincones más alejados de su enorme apartamento. Mi lencería del tocador de Emmett en el piso de arriba, junto a algunos juguetes para gatos que encontré debajo de su cama y una bolsa de golosinas para gatos escondida en la mesita de noche.
Espera un minuto. ¿Emmett le estaba dando golosinas a Roger a escondidas? Me quedo mirando la bolsa medio vacía, incapaz de recordar si compre esta o no. Eso explicaría por que Roger se ve un poco más rechoncho en las caderas…
Sacudiendo la cabeza, empaco las golosinas, y bajo las escaleras y rebusco entre todos los materiales de estudio y la ropa que he dejado en la sala, la cocina, el estudio e incluso algunas tarjetas en la escalera.
Maldita sea. Tal vez debería intentar ser un poco más ordenada en mi próximo apartamento.
Mi próximo apartamento sin Emmett. Aparto el pensamiento de mi mente. Corey me dijo que podía quedarme en su sofá un par de semanas, así que al menos por el momento, tengo un lugar adónde ir. Y va a preguntar en el Murray Loft esta noche si hay alguna posición de camarera disponible. Debería estar enfocada en eso, o en como buscaré trabajo si ese trabajo no es una posibilidad.
Pero en lo único que puedo pensar, mientras deambulo por la casa haciendo una última búsqueda de cualquier posesión perdida que haya olvidado, es en Emmett. Es como si todos los recuerdos que compartimos aquí se hubieran convertido en fantasmas que me acechan. Recuerdo que me preparo el desayuno un domingo tranquilo. Que lo obligué a ver Sintonía de amor por primera vez, acurrucados juntos en la sala de cine. Que me ayudó a estudiar, que me hizo preguntas con tarjetas didácticas mientras nos desparramábamos en el sofá de la sala.
Y luego nos olvidamos por completo de las tarjetas y nos perdimos el uno en el otro, nuestras manos deslizándose bajo las camisetas del otro, nuestras lenguas encontrando nuevos lugares para recorrer el cuerpo del otro.
Se me forma un nudo en la garganta. Se niega a desaparecer, no importa cuantas veces trague.
—Es lo mejor— me digo a mí misma mientras cierro la cremallera de mi maleta y la bajo al vestíbulo. —Si esto continuara más tiempo, estarías aún más apegada, Libby— Al menos eso es lo que intento decirme a mí misma y me lo digo en voz alta probablemente sea más creíble.
Mientras tanto, el anillo me guiñe un ojo desde la encimera de la cocina, acusatorio. Parte de mi sabe que debo ser práctica. Mantener eso al menos, incluso si rechazo todo lo demás que Emmett planeaba pagarme. Arruinaría mis prestamos estudiantiles. Pero no puedo obligarme a hacerlo. Tomar el anillo se siente mal cuando soy yo la que se va.
Tomar el anillo haría sentir como si todo esto fuera realmente falso. Y no lo es, finalmente me doy cuenta.
No para mí.
Dejo a Roger para el final, lo que probablemente fue un error. Tan pronto como me ve tocar el trasportín para gatos, sale corriendo y se mete debajo del sofá de la sala, al rincón más alejado donde sabe que no puedo alcanzarlo.
Gimiendo, me tiro sobre la alfombra y esfuerzo con un brazo, intentando agarrar su nuca. —Vamos, Roger. Ya hemos agotado nuestra bienvenida aquí, ¿de acuerdo? —
Me mira fijamente.
Le devuelvo la mirada. —Tu eres el que estaba todo gruñón y siseante el día que nos mudamos. ¿No quieres alejarte del viejo gruñón y malvado de Emmett? —
Casi lo tengo. Presiono todo mi hombro debajo del sofá y logro tocar la pata de Roger. Me araña la mano y sale corriendo antes de que pueda presionar, pasando a toda velocidad junto a mi cara y galopando escaleras arriba.
—¡Malcriado! — le grito. —¡No es mi culpa que tu padrastro te odie! —
—¿Quién dijo que lo odio? —
La voz de Emmett me congela a mitad de la escalera, a mitad de la persecución de mi gato. Me giro lentamente y lo encuentro parado en el marco de la puerta. Ni siquiera lo oí entrar, estaba tan distraída por Roger. Mi corazón da un vuelco extraño, en parte esperanza y en parte dolor, porque…mierda.
Emmett se ve casi tan terrible como yo me he estado sintiendo. Sus ojos están hinchados, con manchas rojas, y hay bolsas moradas debajo. Su cabello esta aún más despeinado de lo habitual, y hay arrugas reales en su normalmente traje planchado a la perfección. Hasta este mismo momento, no me había dado cuenta de que era posible que la ropa se arrugara en presencia de Emmett. Pensé que simplemente la miraría fijamente hasta que se alisara sola.
Emmett mira la encimera de la cocina y se congela. Sé lo que está viendo. Cruza hacia el anillo, y quiero hacerme un ovillo aquí mismo y morir.
No es como imaginé que esto iría. No pensé que tendría que enfrentarlo antes de irme. Pensé que podría escabullirme y alejarme sin tener que lidiar con todas las emociones que se acumulaban dentro de mí. En cambio, me veo obligada a ver a Emmett guardarse el anillo en el bolsillo y siento que me estoy muriendo. Pero entonces mi cerebro, que había sufrido un cortocircuito con su repentina aparición, finalmente se reinicia. Pienso en lo que dijo cuando entró y me pregunto si tengo las orejas rotas.
—¿Tú…no odias a Roger? —
Emmett se gira para mirarme de nuevo. Se acerca un paso más y me encuentro haciendo lo mismo sin querer, mis pies bajando lentamente las escaleras hasta que me encuentro con él al final.
—No— Emmett me sostiene la mirada. Tan cerca, incluso con toda su piel desaliñada, todavía hay algo penetrante en él, imposible de apartar la mirada.
—De hecho, es difícil imaginar vivir sin él. No quiero—
De alguna manera, tengo la sensación de que ya no está hablando del gato. Pero levanto la barbilla de todos modos.
—Bueno, no te lo vas a quedar en el divorcio. ¿no estaba eso en el acuerdo prenupcial? Podría haber jurado que puse una cláusula…—
—No quiero el divorcio— dice Emmett.
Debo de tener las orejas rotas. Miro su bolsillo, donde su mano ha formado un puño alrededor de lo que supongo que es el anillo que acabo de devolver. Sigue mi mirada y noto que los músculos alrededor de su mandíbula se tensan, una sombra aparece en sus ojos.
—Mira, sé que me voy un poco antes de lo planeado— balbuceo. —Pero para ser honesta, las cosas se han vuelto, eh, complicadas, y—
Dejo de hablar, porque Emmett ha sacado algo de su bolsillo. No es el anillo después de todo. ¿Una pila de tarjetas didácticas? —
Levanta la primera. Es amarilla. Una de las respuestas de Emmett entonces. En el reverso, con su ahora familiar letra garabateada.
TRATAR CON EMOCIONES COMPLEJAS:
Arqueo una ceja. El simplemente me devuelve la mirada, muy serio.
—No sé, ¿comer helado? Supongo.
Le da la vuelta a la tarjeta. Huyendo. O siendo un idiota.
No puedo evitarlo. Me río. —Bien, otra cosa que tenemos en común— Me acerco a él. —A veces huir es más fácil—
Estamos tan cerca ahora que percibo el aroma de su champú habitual y de la marca de loción para después del afeitado que tiene en la oficina.
—Créeme, lo es— sonríe, pero parece más autocritico que cualquier otra cosa. Luego tira la tarjeta a un lado. Hay otra detrás.
SEÑALES DE QUE ESTA ENAMORADO DE TI:
—Emmett— Examino su rostro. Sus ojos.
Me mira tan fijamente que no puedo apartar la mirada, aunque quisiera. Y no lo hago.
—No voy a mentir, es difícil de adivinar— dice en voz baja. —Ni siquiera yo mismo lo reconocí durante mucho tiempo. siendo esta la primera vez que lo he hecho y todo…—
Me muerdo el labio inferior. De repente, la habitación da vueltas a mi alrededor. Pero parpadeo, se endereza y me doy cuenta de que no. Son solo lágrimas. Siempre pensé que las lágrimas de felicidad eran el tipo de cosas dramáticas que solo ocurrían en las películas, pero…
—¿Estás diciendo…? — Da la vuelta a la tarjeta.
1. Ya no odia a tu gato.
Reprimo una sonrisa enorme y ridícula. —¿Eso es todo? —
—De acuerdo, esta vez no pude meter todas mis respuestas en una sola tarjeta— la deja caer. Detrás hay otras tarjeta, esta vez que solo con la respuesta.
2, en realidad, le gusta más la casa cuando la dejas un poco desordenada: palabra clave UN POCO.
Ahora me río a carcajadas. Y probablemente me sonrojo. —Si este es tu intento de recrear Love Actually, esta funcionando—
—Nunca la he visto, pero es bueno saberlo—
—Dios mío, tenemos que…— Me interrumpe cuando deja caer esta tarjeta también.
3. No puede dejar de pensar en ti.
Esa tarjeta cae al suelo.
4. En realidad, quiere repetir posiciones sexuales. Muchas de ellas. Muchas, muchas veces.
Niego con la cabeza y me llevo una mano a la boca. No estoy segura de sí estoy conteniendo una sonrisa o algo más vergonzoso. Mi estómago no deja de dar volteretas como si estuviera en una atracción de Coney Island, y la cabeza me da vueltas.
5- Pero, sobre todo, hay algo más que quiere repetir.
Sigo parada aquí como una completa rara, con la mano sobre la boca, cuando Emmett se arrodilla. Esta vez, si saca el anillo de su bolsillo. Junto con una última tarjeta. Esta, a diferencia del resto, es roja. Una que se supone que debo responder.
¿TE CASARIAS CONMIGO?
—Pero— chillo con la palma de la mano aún presionada contra mi cara, y el levanta un dedo índice.
—De verdad esta vez, Libby— parece tan nervioso, esperanzado y desesperado a la vez que siento como si mi corazón intentara salirse de mi pecho. —Me doy cuenta de que…ya no es falso para mí. Te amo—
Ahora mis ojos estan seriamente llorosos. Los cierro, pero eso significa que no puedo mirar a Emmett, así que los abro de nuevo casi inmediatamente, ignorando la lagrima que se desliza por mi mejilla. Luego me hundo en mis rodillas junto a él.
—Si. Si. Emmett te am…—
El resto de mis palabras se ahogan cuando me besa. Nos separamos el tiempo suficiente para que vuelva a estudiar mis ojos, como si buscara arrepentimientos. —¿Estás segura? Porque…—
Le doy un manotazo en el brazo. —¿No me conoces en absoluto ya? no lo diría si no estuviera segura— Le tomo la cara con las manos y miro esos ojos oscuros. —Te amo, Emmett Sterling—
—Sterling-Taylor, creo— Me guiñe un ojo.
Luego me besa de nuevo, más fuerte y dejo que me incline hacia atrás sobre las trajeras esparcidas por el suelo del pasillo. Y a ninguno de los dos nos importa, cuando nos arrancamos la ropa, que esto sea una repetición.