Emilia Díaz Álvaro y yo pasamos largo rato conversando en una de las bancas del parque. Para mi sorpresa, era mucho más agradable de lo que había imaginado. Con él en casa, seguramente muchas cosas podrían mejorar. De camino de regreso al auto, me sentía mucho más cómoda en su compañía. —Emilia... —dijo, haciendo una pausa que captó mi atención—. Si no fuera tu hermanastro... ¿Repetirías conmigo esa noche de pasión? Casi me ahogo con mi propia saliva al escucharlo. Él soltó una risa divertida al ver mi reacción. —No deberíamos estar hablando de eso, es muy incómodo —dije, sintiendo cómo mis mejillas comenzaban a arder. Álvaro se acercó un poco más mientras caminábamos. Su altura hacía que su presencia se sintiera más imponente. —Pero te gustó —susurró cerca de mi oído antes de estal

