ZAYDEN Candy parpadeó, su rostro inexpresivo mientras procesaba lo que había dicho. —Lo siento. Debo estar perdiendo la cabeza. Juraría que acabas de decir que necesitas mis bragas. —Lo dije. —¿Por qué? —Para que no las tengas. Candy se quedó quieta como si esperara que elaborara más, pero no lo hice. —¿Eso es todo? No te las voy a dar así porque sí. —Que yo las quiera es razón suficiente. Dámelas. —Mi orden fue firme y no dejó espacio para discusiones. —No te voy a dar mi ropa interior... —Oh, sí que lo harás. ¿Y sabes por qué? —No. ¿Por qué? —Porque tienes curiosidad. Lo noto. —¡No la tengo! —¿Ah, no? Entonces, ¿por qué sigues aquí parada? Vi la misma rebeldía en sus ojos, y esperé su reacción. Después de unos tensos segundos de silencio, Candy maldijo en voz baja y se apa

