CANDY —¡Espera, qué pasó! Bajé mi segundo trago de la noche antes de responder. A mi lado, mi mejor amiga, Vivian Cassillo, me miraba con los ojos muy abiertos. Nunca bebía entre semana, pero dadas las circunstancias actuales, necesitaba alguna forma de relajarme. Me había comido tres Twinkies (del alijo secreto de Cody que guardaba mi mamá) y le envié un mensaje a Vivian, quien vino al rescate de inmediato. Habíamos sido amigas desde la secundaria, y siempre podía contar con ella para hacerme sentir mejor. —No me hagas repetirlo —supliqué. —Solo quiero asegurarme de que te escuché bien. ¿El tipo que está de consultor en tu trabajo, y que tiene el destino de tu carrera en sus manos, es el mismo que te quitó la virginidad y luego te abandonó? —Síp. Vivian tomó un nuevo trago y lo

