I. La mitad de la Mansión
Un día, en el que nuevamente cambio mi vida por completo llegué a mi nuevo hogar, una mansión al final del pueblo; no la más grande que he visto en el pueblo, pero sin duda con un aire imponente. Debido a que mi abuelo compró parte de esta propiedad, ahora, a casi un año de su muerte pasa a ser mía. Pero por lo que parece, la mansión fue también vendida a otra persona dejando en disputa quién poseería completa potestad sobre la propiedad ya que según me explicó el abogado, el vendedor falleció. La única solución que se le halló a este inconveniente fue firmar un acuerdo en donde se estipulaba que la mansión seria compartida equitativamente con el actual residente, el Profesor. Existía la opción de que alguno de los dos vendiera su parte de la propiedad, pero sinceramente yo no la podría comprar ni tampoco he podido considerar venderla ya que ni si quiera puedo imaginar cuanto dinero invirtió mi abuelo en ella ni por qué razón lo hizo.
Personalmente, no conozco mucho al profesor; es relativamente nuevo en el pueblo y ahora es el nuevo doctor; trabaja en el consultorio del pueblo con el doctor Richard, un hombre por mucho mayor. Lo he visto algún par de veces por el pueblo, aunque no he interactuado mucho con él, pero por lo que he oído, él solía ser un maestro de medicina en la ciudad lo cual es impresionante para un hombre tan joven. Y lo que es más impresionante aun es el hecho de que un hombre así haya decidido recluirse en tan pequeño y sencillo pueblito. Bastante inusual; sin embargo, entre eso y muchas cosas más es lo que le da tanta popularidad al profesor, que en un abrir y cerrar de ojos se volvió conocido por todo el pueblo. Del profesor se puede esperar siempre una conversación muy culta, naturalmente. Es como si su elocuencia y personalidad intrigara a todo el mundo. Al ser tan accesible y simpático, la gente siempre trata de hacerlo hablar lo más posible. Además de todo esto, tiene de su lado la bendición, o tal vez la maldición de ser un hombre muy atractivo. El profesor es un hombre bastante alto de estatura y de hombros anchos, acompañado de un cabello castaño oscuro y rizado, aunque corto. Su cara permanece limpia de vello facial y sus ojos son dos oscuros pozos de tierra húmeda, un color marrón con una mirada penetrante; lo cual lo hace victima de la persecución femenina. Un hombre con las características físicas e intelectuales del profesor en un pequeño pueblo como este es bastante codiciado, siendo las señoritas que buscan llamar su atención no el único problema. Las señoras del pueblo también lo acosan buscando conversar por horas. Y ni se diga las madres y padres del pueblo que en cada oportunidad que tienen acechan al pobre hombre con el ulterior propósito de emparejarlo con sus hijas.
A pesar de eso, honestamente pienso que el profesor no es una persona engreída, por el contrario, a mí me parece un hombre reservado que tarta de evitar la atención, aunque sin éxito evidentemente, porque para su infortunio es un hombre que llama mucho la atención involuntariamente.Yo por mi parte trabajo humildemente vendiendo flores en el pueblo y haciendo trabajos de jardinería con mis dedos teñidos de verde. En mis tardes libres suelo visitar la iglesia, disfruto pasar el tiempo con los niños y las hermanas, y otras veces algo de íntimo silencio hablando con Dios. La hermana Dinora es la persona mas cercana a mi debido a lo cercana que fue con mi abuelo. De hecho, cuando mi abuelo era un jovencito se enamoró de la hermana Dinora quien era entonces una de las más jóvenes novicias y también era algo mayor que él. Según lo que la hermana me cuenta, el abuelo siempre solía regalarle dientes de león que recogía del camino. Me enternece recordar y escuchar historias sobre mi querido abuelo, me hace sentirlo conmigo, aunque sea por un rato. Lo cierto es que entre mis visitas a la iglesia y lo ocupada que me encuentro a diario, puedo darme el lujo de decir que la soledad no me aturde, mucho.
Aquella mañana me dirigí junto con el sol hacia la mansión que se encontraba ubicada al final del camino a las afueras del pueblo, es una decisión que me costó mucho tomar, pero al final decidí mudarme ya que no podía permitir que dodo el duro trabajo que tuvo que hacer mi abuelo para adquirir esta mansión fuese en vano. Aun así, no pude hacer mas que preguntarme por el camino con que propósito adquirió mi abuelo algo tan excéntrico sabiendo que estaba contenta con mi vida sencilla en nuestra pequeña casita y la iglesia con las hermanas, simplemente no lo puedo entender. Algo que también me desconcierta es que el abuelo nunca mencionó nada de esto antes de fallecer, lo más cercano que me dijo fue que yo tendría que mudarme, pero nunca mencionó la mansión y mucho menos que tendría que compartirla. Trato de darme abasto suponiendo que fue debido a su enfermedad que lo omitió.
Para cuando llegué el cielo se había nublado, posiblemente llovería más tarde. La verdad es que odio los días grises así que al bajarme de el carruaje no pude evitar ver un lugar intimidante lúgubre, pasando la reja de la entrada, la cual pude comprobar que se encontraba en buen estado, me encontré con hierba alta a ambos lados del camino de piedra que llevaba hacia la entrada principal del recinto. Bastó con tocar dos veces la puerta para que el profesor saliera a recibirme, y si ya había pensado lo que pensé de la mansión con solo ver el frente es porque no había mirado su interior. Por dentro se veía bastante triste y oscura, aunque es razonable ya que una sola persona no necesita ocupar tanto espacio ni energía, pero sin embargo se encontraba bastante organizada y pulcra. El profesor muy amablemente me dio un recorrido por la mansión y me señaló cual sería mi parte de la propiedad y las áreas comunes, me enseñó como funcionan unas algunas cosas y como algunas otras podrían tener algunos problemas debido su antigüedad, pero la mansión en general se encontraba en muy buen estado. A falta de actividad en la mansión y de que el profesor mencionara algo al respecto, concluí que en esta casa no había ningún empleado, lo cual me parecía bastante sorprendente porque toda la mansión en general se encontraba limpia, con un poco de polvo cuando mucho. Me intrigo pensar que el profesor hacia el mantenimiento de la mansión por sí mismo teniendo la posibilidad de contratar a alguien así que por pura curiosidad le pregunté y me contesto que le agradaba hacer la limpieza pero que era libre de contratar empleados si así lo deseaba. Por mi parte supongo que está bien, yo solamente me dedico a vender flores así que no me puedo permitir contratar un empleado así que mi alternativa es unirme al ritual de limpieza del profesor.
En lo poco que hemos convivido en la mansión he podido darme cuenta de que el profesor es un hombre bastante reservado y callado, aunque lo cierto es pocas veces tenemos la oportunidad de encontrarnos y compartir debido a lo opuesto de nuestras rutinas. Mientras él se dirige al consultorio del pueblo yo salgo a recoger flores temprano y voy al pueblo cuando ya ha salido el sol, pero siempre que tengo oportunidad de verlo su nariz esta clavada en algún libro con algún titulo complicado o extraño no se si leerá algunos de esos libros por ocio o porque simplemente es un hombre muy ocupado. También he notado que pasa mucho tiempo en su estudio. El profesor es un hombre bastante serio, en especial dentro de las paredes de la mansión, pero en el pueblo es bastante simpático, amable, y hasta con sentido del humor, aunque el ultimo es el más efímero, pero también hipnotizante.
Durante estos últimos días me he estado encargando de los jardines de la mansión, simplemente no podía dormir en paz pensando en su estado tan descuidado, y era mi deber como florista arreglar el jardín, al menos un poco antes de cayera el invierno porque en el momento que caiga la primera nevada, estaremos condenados a una jungla de nieve y hielo la cual se convertiría en una pesadilla difícil de lidiar para mí. Mientras mi proyecto del jardín se encuentra en proceso, me dispuse a traer algo de vida a la mansión decorándola con flores por dentro, claveles, lirios y rosas blancas para iluminar en ambiente. Esta mañana estaba dispuesta a terminar con todos los arbustos que fueran posibles, mientras podaba el arbusto frente a mí, vino a mi mente de pronto un sueño extraño que tuve durante mi primera semana aquí. No era la gran cosa, soñé conmigo misma, al parecer estaba dormida o algo así, sin razón alguna fue un sueño un poco… perturbador.
‘‘Buenos días señorita Georgin.” Una voz resonó detrás de mi haciéndome saltar en mi lugar. Estaba tan dispersa en mis pensamientos que me llegué a olvidar del arbusto y me sorprendí al oír mi nombre de la nada.
“Oh! Buenos días profesor” Me gire aplanando mi falda.
“Me disculpo si la sorprendí” Dijo con una voz suave y grave, mirándome con sus ojos cálidos.
“No, no, para nada. Simplemente estaba muy concentrada y no lo oí venir. Dígame, ¿necesitaba algo profesor?” Acomodé detrás de mi oreja una hebra roja de cabello que escapó de mi trenza
“Para nada, al contrario, señorita Georgin. Me he fijado que recientemente ha pasado mucho tiempo trabajando en el jardín así que vine a ver cómo puedo ayudarla. Admito que me siento en parte culpable ya que como esas cosas no se me dan mucho descuide el jardín.” Puso entre sus dedos despreocupadamente una hoja del arbusto.
“No tiene de que molestarse profesor, no podría permitir que desperdicie su día de descanso trabajando en el jardín, además, está bien. Este tipo de cosas se me da muy bien y me resulta relajante. Siempre soñé con tener mi propio jardín. Parece que ahora lo tengo.” El profesor me miró en silencio unos segundos.
“Por favor, insisto. Puedo de decir que he hecho esta clase de trabajos antes, aunque claro, seguramente no podría compararme con usted que debe ser toda una profesional en la materia. Además, es saludable para la mente realizar diferentes tipos de actividades en el exterior.”
“Esta bien profesor, no hacen falta los halagos. Buscaré un par de tijeras para podar para usted, aunque insisto en que no hace falta”
Después de traer las tijeras para el profesor, él se dirigió al arbusto adyacente y le comenzó a dar una forma similar a los demás. Después de un rato, el profesor volvió a llamar mi nombre desde el siguiente arbusto que estaba podando.
“Señorita Georgin”
“¿Si, profesor?” Aparté mis ojos del arbusto y giré en su dirección
“¿Le parece bien este arbusto? Bajé mis tijeras acercándome hacia el arbusto que recién había podado el profesor. “Lógicamente no es tan bueno, pero creo que es lo sufrientemente decente.”
“Profesor, tiene que darse un poco mas de crédito. La verdad es que me deja impresionada, no imaginaba que tuviera habilidades tan buenas de jardinería.”
“Para nada, lo que sé es muy básico. Aunque en algún momento en mi vida me dediqueé a cortar arbustos para ganarme la vida. Claro que de eso ya hace mucho” Dijo mirando hacia el arbusto mientras descansaba si peso en una pierna con una mano en la cadera. El realmente era intrigante, siempre con un aire tan misterioso, hablando como hubiese vivido más años de los que en realidad tiene.
“Bueno, ahora si estoy impresionada.” Y lo estaba, la verdad no podía imaginarme al profesor podando arbustos para vivir.
“Como ve, no crecí teniendolo todo. Yo mismo he labrado mi vida.No es nada de todas maneras, la jardineria no es realmente algo que me apasione.” Tenía curiosidad ahora, pero me abstuvo de hacer cualquier pregunta imprudente. No me debería inmisciur en lo que no me importa.
“Es comprensible, el trabajo de jardín no es para todo el mundo- ¡oh!” Me detuve al procesarlo que dije lo sin pensar mucho. “Por favor no me malinterprete” Hasta yo misma reconozco que hablo demasiado.
“Pierda cuidado. Entiendo lo que quiere decirme y tiene razón.” Hizo con su mano un ademan. Posó sus ojos sobre mi y despues apartó la vista para continuar con el arbusto frente a él. “Ahora que lo pienso, señorita Georgin, su cabello me recuerda a los claveles rojos, sus pétalos son suaves y ondulados, son hermosos.”
Me tomó un momento para darme cuenta de que el profesor me estaba haciendo un cumplido. Honestamente no lo vi venir; y me tomo otro más para darme cuenta de que sus ojos estaban fijados nuevamente en mi “Profesor, pero qué cosas dice.” El profesor me sonrió ligeramente sin despegar sus labios y se dirigió a su siguiente arbusto. Gracias a la ayuda del profesor, todos los arbustos pudieron ser terminados hoy.
Esa misma tarde, aun con mis botas de jardín, mi sombrero para el sol, y guantes de jardinería puestos, caminé hacia el establo, que por cierto se encontraba vacío y con algo de heno viejo. El exterior está pintado de blanco y las grandes bigas que lo sostenían, de color verde oscuro, aunque ya se ve algo gastado. Me gusta, quizás debería considerar adquirir un caballo.
“No hay ningún caballo aquí” Escuche su voz detrás de mí.
“¡Ah!¡Profesor!” Esta vez debo admitir que di todo un brinco girando hacia atrás por la sorpresa que me di.
“Mil disculpas señorita Georgin” El profesor entro haciendo un pequeño ademan con su mano.
“Bueno, eso es más que evidente profesor, pero ya dejé de asustarme así, que no se le vaya volver costumbre.” Dije retirando mis guantes y sosteniéndolos con una sola mano.
“Nuevamente lo siento, señorita Georgin.”
“Descanse profesor, solo estoy bromeando con usted.” Guarde mis guantes en el bolsillo de mi delantal. “Usted no tiene un caballo profesor? ¿cómo va y viene del pueblo?”
“De la misma manera en que lo hace usted señorita Georgin.” Afirmó con franqueza.
“¿A pie? ¿No le toma mucho tiempo así?” La verdad me preguntaba por qué no tenía uno, quiero decir, es un doctor puede permitirse tener al menos uno, además es necesario para desplazarse rápidamente “¿No sería mejor tener un caballo?” Nuevamente me di cuenta de que mi boca estaba siendo más rápida que mis pensamientos. “Discúlpeme, no quería ser entrometida”
“Por favor, no se preocupe. Lo cierto es que estoy pensando en comprar uno.”
“La verdad yo también, he estado ahorrando para comprar un caballo y una carreta para facilitar mi trabajo, pero tendrá que ser después del invierno, este no es un buen tiempo para la jardinería.”