—Buenas tardes Amira, me ha informado mi secretaria que hoy no saliste a almorzar. —Dice apretando la mandíbula el doctor Abdel Dumani. Su presencia me hace sentir incómoda y su exageración al momento de ponerse perfume esta haciendo sentir ahogadas mis fosas nasales. —Buenas tardes Doctor Dumani, no he tenido tiempo, estoy muy ocupada. —Respondo de forma casual, rezándole a Dios para que no esté al tanto de que ya he atendido a todos mis pacientes del día. —Eres inteligente y dedicada, eso no puede quitarse... Pero mentir no sé te da bien en lo absoluto. —Enfatiza mientras toma la manilla de la puerta con delicadeza y la cierra a sus espaldas. A todas las mujeres nos hace sentir honradas el hecho de que nos elogien el intelecto. Sin embargo en este caso, lo sentí realmente desagradable

