—¿Señorita, le puedo leer la mano? —Espeta la mujer que he observado cuando he tomado asiento. —¿Disculpe? —Le pregunto con curiosidad. —Si puedo leer su mano señorita, no es nada malo, solo es una costumbre nuestra. —Agrega con espontaneidad la señora con una enorme y amable sonrisa en el rostro. ¡Hay tanto que desconozco!, no estoy al tanto si eso representa un pecado para mi religión, pero la señora me ha parecido educada e interesante y me gustaría saber un poco más de ella. —Eh, bueno... Me gustaría. —Le respondo con nerviosismo. Tiendo mi mano en dirección a donde ella está aposentada y ella dice 'Nombre sea de Dios que venga la buena suerte para ti' en voz alta y continua hablando en voz más tenue: —Tendrás una vida longeva, como casi todos tus familiares, el amor, el amor

