Luego del paso de uno de los momentos más acuciantes y difíciles de mi vida, la relación con Susana tendía a encaminarse. Fueron días, semanas y meses demasiados complejos, un tiempo largo en donde las confusiones y los dimes y diretes pasaron, en cierto modo, a gobernar y tomar decisiones en nuestras vidas, a crear falsas expectativas y a crear desilusiones. Pero ambos determinamos que el mejor camino para tomar los remos nuevamente y seguir navegando era el diálogo, la sinceridad y la honestidad bruta, hasta que todo fuera encastrando de a poco y terminara acomodándose. Yo, por mi lado, me sometí a largas y aburridas sesiones cardiológicas que mi doctora de cabecera preparó para mantenerme vigilado y monitoreado y evitar así sobresaltos. Todo había salido de maravillas y mi recuperación

