2. Alguien más.

1327 Words
Comenzó a ser una rutina el encontrármelo después de clases en la biblioteca de la universidad, me alegraba mucho cuando estaba solo, aunque la mayoría de veces siempre estaba con sus amigos, especialmente con Mario y cuando eso pasaba toda la conversación la acaparaba él. Cierto día él estaba solo en uno de los sofás de la biblioteca, me senté a su lado y conversamos un rato, después volteó a verme, tomó una postura seria y no pude evitar sentirme nerviosa. —   Hace mucho que quería decirte algo. —   ¿Sí? — tragué saliva con dificultad, ¿se me iba a declarar? ¿No era muy pronto? —   Una disculpa. —   ¿Una disculpa? — cuestioné extrañada, ¿Disculparse sobre qué? No entendía nada. —   Sí, tal vez no lo recuerdes, pero yo no dejo de pensar en eso, la primera vez que nos vimos fui muy grosero contigo y quería disculparme por eso… —   ¡Oh! No, no tienes por qué hacerlo, Mario dijo que… —   ¿Mario? —   Sí, él dijo que… Pero antes de que pudiera explicarme, fuimos interrumpidos, era Mario que llegó corriendo y nos saludó agitado, se sentó a un lado mío. —   Hola Agustín y hola bonita — me saludó. Al decirme “bonita” sabía que era su manera de mostrarme su cariño, aunque me era incomodo, sobre todo cuando Agustín estaba cerca. —   Hola — contesté, mientras Agustín solo levantaba la mano en muestra de saludo. Noté como otros de sus amigos se acercaban a nosotros, pero Mario se volteó a verlos un momento y ellos dejaron de caminar, luego dirigió una mirada hacia Agustín y este se levantó rápidamente, sin embargo, no se alejó totalmente, todo me parecía bastante extraño. Una vez que estuvimos solos, Mario se volvió hacia mí, parecía estar nervioso. —   Te quería invitar al cine… — se pasó la mano por el cabello, me estaba invitando a salir — Habrá un estreno genial este viernes, ¿Quieres ir? —   ¿Puedo invitar a alguien más? Sabía que añadir amigos a una invitación al cine era un rotundo rechazo, pero sabía que de este modo había más probabilidades de que los amigos de Mario fueran, y entre ellos, Agustín. Por supuesto que tampoco era tonta, también aprovechaba para no liarme en una cita con Mario, y esta era la mejor manera de evitarlo. —   ¡Lo que él quiere en realidad es una cita, Camila! — gritó Jaime que, junto con otro amigo, al cual no reconocí, comenzaron a reírse. La encargada de la biblioteca los reprendió al instante, aquella pequeña discusión me dio tiempo a reflexionar, aunque honestamente no sabía que contestar, pero de pronto mi atención fue acaparada por Agustín quién solo nos veía atentamente, parecía estar esperando, de nuevo volteé a ver a Mario, parecía molesto con sus amigos y les hacía señas para que se callaran. —   ¿Es en serio, Mario? – pregunté, sabía que tenía que rechazarlo, sobre todo porque justo frente a nosotros estaba Agustín, pero una parte de mi quería aceptar, quería ver que reacción obtendría de él si aceptaba, quería saber si mi teoría había funcionado. —   Sí, me gustaría salir contigo, Camila, en una cita. Me miró fijamente a los ojos y eso me causó ternura, Mario se había puesto nervioso y yo tardé en contestar, miré detenidamente a sus amigos, Jaime y el desconocido miraban a Mario asombrados como si les costara creer que por fin se había decidido a dar el paso, después mi atención se dirigió hacia Agustín, estaba algo taciturno, me veía fijamente, pero era como si con su mirada tratara de leer mi mente. —   ¿Vas a contestarle, Camila? – me preguntó Agustín, su voz me sacó de mi ensoñación, había sonado rudo y golpeado, como si estuviera enfadado. Bien, él pedía una respuesta, y yo se la daría. —   Si, Mario… si eso deseas, podemos salir juntos – Mario sonrió abiertamente y después fijamos el sitio y hora del encuentro. De camino a mi casa pensé que aquello había sido raro, no entendía en qué momento el plan había cambiado y ahora todo se trataba de poner a Agustín celoso, él parecía enojado y fue más notorio cuando había sido él y no Mario quien había pedido una respuesta. Celoso. ¿Realmente mi teoría había funcionado? ¿Ahora tenía la atención de Agustín? *** El día de la cita con Mario llegó, decidí que debía pasarla bien y divertirme. Después de todo éramos buenos amigos y no había motivos para arruinar eso. —   Estas muy bonita — dijo cuando me vio. —   Gracias y tu estas muy guapo. —   Gracias — besó mi mejilla y después abrió la puerta del copiloto dándome paso. Él parecía estar demasiado nervioso, y por más que trataba de que estuviera relajado no funcionaba. Llegamos al cine, escogimos una película de comedia y entramos en la sala, una vez sentados recordé porque no era buena idea que la primera cita fuera a ver una película, había muy poca conversación y eso dificultaba que Mario pudiera tranquilizarse. Al salir de la sala, él seguía igual de nervioso que antes. Se me hacía muy extraño que este comportamiento nunca se hubiese reflejado en la universidad, el ambiente de “cita” parecía afectarlo enormemente. —   ¿Te gustó la película? — me preguntó mientras caminábamos por la plaza comercial. —   Sí, estuvo muy divertida. —   ¿Quieres tomar o comer algo? —   Claro. Nos fuimos a sentar en una cafetería en la planta baja de la plaza, pedimos bebidas y postres para compartir; la conversación comenzó a fluir mucho mejor que al inicio, eso hizo que me relajara. —   Creo que debimos venir primero aquí y después al cine. —   ¿Por qué lo dices? —   Porque ahora te ves mucho más relajado. — Mario se sonrojó y trató de evadir la conversación bebiendo de su mocha latte. — Igual ha sido divertido. —   Estaba nervioso por ti. —   En la universidad siempre te veo muy normal. —   Es diferente… ahora tenemos una cita. Mario me miró fijamente a los ojos, estaba lista para su confesión, pero eso no pasó. En cambio, comenzó a hablar de la película y los actores, no lo esperaba, sin embargo, me sentía aliviada porque no quería rechazarlo. Ya que si eso sucedía debía renunciar a su amistad y seguramente a alejarme por completo de Agustín. El resto de la cita fue más cómoda, reímos y conversamos hasta el final, pero en todo momento me sentía como si solo fuéramos dos buenos amigos, más nada, él nunca trató de robarme un beso o tocarme más de lo necesario. Al finalizar la cita me llevó de nuevo a casa, nos quedamos unos minutos dentro de su carro, él parecía no querer despedirse y yo me sentía algo confundida. Había disfrutado mucho de salir con él, aun cuando estaba consciente de que solo éramos amigos. —   Me gustó salir contigo. — dijo. —   A mí también. —   ¿Te gustaría volver a repetirlo? —   ¿Otra cita? —   Sí… quiero que nos conozcamos más, Camila. —   Entiendo… entonces volvamos a tener otra cita. Él sonrió, se despidió de mí dándome un beso en la mejilla, después me bajé del coche y cuando cerré tras de mi escuché como él se iba. Estaba consciente de que haber aceptado otra cita no era parte de lo planeado, no quería hacerle daño, no quería romperle el corazón, pero lo había pasado tan bien que el volver a repetirlo no me disgustaba en absoluto. Mario era especial para mí, parte de mi círculo de amigos, rechazarlo no era opción. Esto era algo bueno para él también. Pero a pesar de todo me fue imposible no pensar de nuevo en Agustín. ¿Ahora qué pasaría con él? Esto sin duda no nos acercaría más… ¿o sí? ¿La teoría de las relaciones podía seguir funcionando?
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