— Si les dicen: "Gracias por ser diferente a como imaginé" ¿Cómo lo toman? ¿Cómo algo bueno o algo malo? — pregunté en español a mi familia mientras almorzábamos.
— Creo que es bueno — respondió mi madre — Dijo gracias, eso es bueno.
— Yo creo que quien sea que lo haya dicho tenía una terrible imagen de ti antes — dijo Christopher, mi primo, encogiéndose de hombros.
— ¿Quién te lo dijo? — preguntó Gregory.
— Adele.
— Oh, Adele — dijo mi madre sonriendo — Esa chica me cae muy bien.
— ¿La que estaba cantando el otro día en tu habitación? — preguntó Chris.
— Sí— sonreí.
— Quiero que ella sea mi nuera, hijo. Ella te ha cambiado. No has traído a ninguna otra chica desde que la conoces a ella.
— Ay, ya vas a empezar — dije rodando los ojos divertido pero dándome cuenta de que mi madre decía algo muy cierto.
— ¡Obedece a tu madre, Adam! ¡Hazla tu novia! — reí y me dirigí a mi habitación.
***
Toqué el timbre de la casa sintiéndome algo nervioso.
Me estaba arriesgando un poco.
La madre de Adele salió y al verme sonrió.
— ¡Hola, Adam! Pasa, adelante.
— ¿Adam? — preguntó Adele que estaba en el sofá con su papá y su pequeño hermano. — ¿Qué haces aquí?
Ella me miró de arriba a abajo. Yo tenía puesta una chaqueta negra, una camisa blanca y pantalones negros.
— Adele y yo iremos a una fiesta — dije entrando a la sala.
— ¿Iremos a una fiesta? — preguntó ella.
— ¿Irán a una fiesta? — preguntó el señor Castle.
— Si, yo me encargaré de cuidarla. Lo prometo. — sonreí confiado — Sólo quiero que Adele se distraiga un momento y se divierta.
Adele me veía preocupada alternando la mirada entre sus padres y yo.
— No creo que sea buena idea, Adam...
— Pues yo lo apoyo — dijo la señora Castle — Nuestro terrón nunca sale de casa y estoy segura de que Adam la cuidará. Estamos de acuerdo, ¿verdad, amor?
El padre de Adele sonrió viendo a su esposa y luego a su hija.
— ¡Claro que sí!
— Yo me encargaré de que Adele se vea hermosa. — dijo su madre tomando la mano de su hija obligándola a subir. Adele no se veía muy feliz.
Sonreí.
Cuando se fueron, el señor Castle se acercó a mí.
— Oye, Adam. Mi Adele es muy buena, demasiado y también es inocente. Es como un pequeño cordero y sabes que el mundo de allá afuera está lleno de lobos. Ahora, yo te pregunto, ¿eres un lobo?
Pensé en el montón de chicas con las que me había acostado y a las cuales no había vuelto a llamar. Pensé en cómo me burlaba antes de las personas de bajos recursos con Nathan. Pensé en cómo no había hecho nada mejor en vida a parte del fútbol. Todo era fiestas, alcohol y mujeres.
Todo era.
Desde que conocía a Adele había dejado todas esas cosas. No entendía en qué momento, pero ya no era como antes.
Sonreí.
— Con Adele nunca sería un lobo, señor. Nunca.
— Eso me alegra, hijo — Dijo pasando su brazo alrededor de mis hombros — Ahora, asegúrate de cuidarla de los que si son lobos, por favor. Te lo encargo a ti. Ella no me dejaría ir a esas fiestas ni a cosas así, pero confía en ti y yo también.
Asentí.
Y comenzamos a ver el juego de fútbol en el televisor.
— ¡Lista! — exclamó Emily, la madre de Adele haciéndonos girar — Ella se opuso a usar cualquier otro color que no fuera el n***o pero yo la convencí de usar vestido ¡Y maquillaje!..— dijo sonriendo pero yo ya no la escuchaba
Adele terminó de bajar las escaleras y dio una pequeña sonrisa, se le notaba nerviosa.
Es un ángel.
Tenía un corto vestido n***o, sin mangas, ceñido al cuerpo arriba y suelto abajo. Su maquillaje era sencillo pero ella no lo necesitaba. Traía el pelo arreglado hacia atrás por lo que no podía esconder su rostro y unas tenis.
Sonreí y sonreí más cuando sacó un libro de su espalda.
— Por si me aburro — dijo encogiéndose de hombros.
— Eres una belleza, pequeña — dijo su padre.
— Bueno, bueno — dijo su madre empujándonos por la espalda a la salida — No es por correrlos pero adiós — terminó de decir y nos cerró la puerta.
— ¡Qué modales, mamá! — rió Adele mientras caminábamos a mi camioneta — ¿Cómo que iremos a una fiesta?
La miré. Ese maquillaje hizo que sus ojos se vieran mucho más hermosos de lo que eran y tenía los labios de un rojo tan intenso...
Sin darme cuenta la había tomado de la cintura y la arrinconé en la puerta del copiloto de mi camioneta.
— Adam... — susurró ella.
— Shh — dije acercándome un poco más llegando a sentir su aroma a vainilla. Acaricié su cabello y luego su mejilla. Ella estaba nerviosa pero no se oponía a mi tacto. — Te ves... eres un ángel.
Sus mejillas con cientos de pecas se tiñieron de un hermoso rojo que combinaba con sus labios. Acaricié su mejilla con mi pulgar y luego la comisura de su boca.
¡Cuánto quería besarla!
— Eres mi ángel — le susurré.
Mi ángel.
No, ella es un ángel, pero jamás podría ser mía.
Recordé lo que me dijo su padre. En el fondo yo era un lobo y no podía hacerle daño a Adele, nunca me lo perdonaría. Adele es tan buena. Y nunca podría estar con alguien como yo.
Besé su mejilla durando unos segundos más de lo normal y luego me separé sintiéndome vacío.
— Olvida lo que dije — hablé viéndola mirarme entre sorprendida y triste — Vamos a una fiesta en la casa de Amélie — dije respondiendo la pregunta que me hizo hace un siglo, diría yo — Lo dijo ayer después del partido.
Adele sólo asintió y subió a mi auto.
El camino fue lento donde el único sonido que había era el de la radio donde había alguna canción de Christina Aguilera.
— Llegamos. — dije aparcando frente a la casa de Amélie.
La calle estaba abarrotada de gente y la música se escuchaba desde la esquina.
Una buena fiesta.
— Wow — dijo Adele mirando todo a su alrededor — ¿Entonces ésto es una fiesta?
— Pues la verdad no. La fiesta es allá — dije señalando a la casa de Melie.
— ¡Qué casa! —exclamó sorprendida.
— Si, la familia Jussieu tiene mucho dinero — dije divertido por su expresión.
— Y eso que aún no has visto su casa de playa.
— ¡¿Qué?!
Reí.
— Vamos a entrar.
Abrí la puerta del carro pero Adele no demostró ninguna intención de hacerlo.
— Vamos, Ady.
Ella negó con la cabeza varías veces mientras sostenía tan fuerte su libro que sus nudillos se ponían blancos.
Cerré la puerta.
— Oh, Ady — la miré enternecido — No tienes que hacerlo. Si quieres doy la vuelta y podemos ir a comer un helado. — ella no respondió — Vamos, será de chocolate.
Ella sonrió.
— Disculpa por querer traerte — dije poniéndome el cinturón de seguridad — Sólo pensé que te vendría bien salir un poco de tu zona de confort, divertirte, conocer el mundo.
— No — dijo ella.
— Lo sé, fue una terrible idea — dije sintiéndome algo decepcionado.
— No, vamos a la fiesta — dijo con una sonrisa, se le veía segura.
— ¿Qué? ¿Estás segura?
Ella asintió.
Sonreí, me bajé del auto y di la vuelta para abrir la de ella.
— ¡Será increíble! — aseguré — ¡No divertiremos mucho!
Adele rió mientras bajaba de la camioneta.
— Espero que así sea — sonrió.
Entramos a la fiesta sin saber lo que se avecinaba.