Capítulo 14 “Lobo”

1367 Words
— Si les dicen: "Gracias por ser diferente a como imaginé" ¿Cómo lo toman? ¿Cómo algo bueno o algo malo? — pregunté en español a mi familia mientras almorzábamos. — Creo que es bueno — respondió mi madre — Dijo gracias, eso es bueno. — Yo creo que quien sea que lo haya dicho tenía una terrible imagen de ti antes — dijo Christopher, mi primo, encogiéndose de hombros. — ¿Quién te lo dijo? — preguntó Gregory. — Adele. — Oh, Adele — dijo mi madre sonriendo — Esa chica me cae muy bien. — ¿La que estaba cantando el otro día en tu habitación? — preguntó Chris. — Sí— sonreí. — Quiero que ella sea mi nuera, hijo. Ella te ha cambiado. No has traído a ninguna otra chica desde que la conoces a ella. — Ay, ya vas a empezar — dije rodando los ojos divertido pero dándome cuenta de que mi madre decía algo muy cierto. — ¡Obedece a tu madre, Adam! ¡Hazla tu novia! — reí y me dirigí a mi habitación. *** Toqué el timbre de la casa sintiéndome algo nervioso. Me estaba arriesgando un poco. La madre de Adele salió y al verme sonrió. — ¡Hola, Adam! Pasa, adelante. — ¿Adam? — preguntó Adele que estaba en el sofá con su papá y su pequeño hermano. — ¿Qué haces aquí? Ella me miró de arriba a abajo. Yo tenía puesta una chaqueta negra, una camisa blanca y pantalones negros. — Adele y yo iremos a una fiesta — dije entrando a la sala. — ¿Iremos a una fiesta? — preguntó ella. — ¿Irán a una fiesta? — preguntó el señor Castle. — Si, yo me encargaré de cuidarla. Lo prometo. — sonreí confiado — Sólo quiero que Adele se distraiga un momento y se divierta. Adele me veía preocupada alternando la mirada entre sus padres y yo. — No creo que sea buena idea, Adam... — Pues yo lo apoyo — dijo la señora Castle — Nuestro terrón nunca sale de casa y estoy segura de que Adam la cuidará. Estamos de acuerdo, ¿verdad, amor? El padre de Adele sonrió viendo a su esposa y luego a su hija. — ¡Claro que sí! — Yo me encargaré de que Adele se vea hermosa. — dijo su madre tomando la mano de su hija obligándola a subir. Adele no se veía muy feliz. Sonreí. Cuando se fueron, el señor Castle se acercó a mí. — Oye, Adam. Mi Adele es muy buena, demasiado y también es inocente. Es como un pequeño cordero y sabes que el mundo de allá afuera está lleno de lobos. Ahora, yo te pregunto, ¿eres un lobo? Pensé en el montón de chicas con las que me había acostado y a las cuales no había vuelto a llamar. Pensé en cómo me burlaba antes de las personas de bajos recursos con Nathan. Pensé en cómo no había hecho nada mejor en vida a parte del fútbol. Todo era fiestas, alcohol y mujeres. Todo era. Desde que conocía a Adele había dejado todas esas cosas. No entendía en qué momento, pero ya no era como antes. Sonreí. — Con Adele nunca sería un lobo, señor. Nunca. — Eso me alegra, hijo — Dijo pasando su brazo alrededor de mis hombros — Ahora, asegúrate de cuidarla de los que si son lobos, por favor. Te lo encargo a ti. Ella no me dejaría ir a esas fiestas ni a cosas así, pero confía en ti y yo también. Asentí. Y comenzamos a ver el juego de fútbol en el televisor. — ¡Lista! — exclamó Emily, la madre de Adele haciéndonos girar — Ella se opuso a usar cualquier otro color que no fuera el n***o pero yo la convencí de usar vestido ¡Y maquillaje!..— dijo sonriendo pero yo ya no la escuchaba Adele terminó de bajar las escaleras y dio una pequeña sonrisa, se le notaba nerviosa. Es un ángel. Tenía un corto vestido n***o, sin mangas, ceñido al cuerpo arriba y suelto abajo. Su maquillaje era sencillo pero ella no lo necesitaba. Traía el pelo arreglado hacia atrás por lo que no podía esconder su rostro y unas tenis. Sonreí y sonreí más cuando sacó un libro de su espalda. — Por si me aburro — dijo encogiéndose de hombros. — Eres una belleza, pequeña — dijo su padre. — Bueno, bueno — dijo su madre empujándonos por la espalda a la salida — No es por correrlos pero adiós — terminó de decir y nos cerró la puerta. — ¡Qué modales, mamá! — rió Adele mientras caminábamos a mi camioneta — ¿Cómo que iremos a una fiesta? La miré. Ese maquillaje hizo que sus ojos se vieran mucho más hermosos de lo que eran y tenía los labios de un rojo tan intenso... Sin darme cuenta la había tomado de la cintura y la arrinconé en la puerta del copiloto de mi camioneta. — Adam... — susurró ella. — Shh — dije acercándome un poco más llegando a sentir su aroma a vainilla. Acaricié su cabello y luego su mejilla. Ella estaba nerviosa pero no se oponía a mi tacto. — Te ves... eres un ángel. Sus mejillas con cientos de pecas se tiñieron de un hermoso rojo que combinaba con sus labios. Acaricié su mejilla con mi pulgar y luego la comisura de su boca. ¡Cuánto quería besarla! — Eres mi ángel — le susurré. Mi ángel. No, ella es un ángel, pero jamás podría ser mía. Recordé lo que me dijo su padre. En el fondo yo era un lobo y no podía hacerle daño a Adele, nunca me lo perdonaría. Adele es tan buena. Y nunca podría estar con alguien como yo. Besé su mejilla durando unos segundos más de lo normal y luego me separé sintiéndome vacío. — Olvida lo que dije — hablé viéndola mirarme entre sorprendida y triste — Vamos a una fiesta en la casa de Amélie — dije respondiendo la pregunta que me hizo hace un siglo, diría yo — Lo dijo ayer después del partido. Adele sólo asintió y subió a mi auto. El camino fue lento donde el único sonido que había era el de la radio donde había alguna canción de Christina Aguilera. — Llegamos. — dije aparcando frente a la casa de Amélie. La calle estaba abarrotada de gente y la música se escuchaba desde la esquina. Una buena fiesta. — Wow — dijo Adele mirando todo a su alrededor — ¿Entonces ésto es una fiesta? — Pues la verdad no. La fiesta es allá — dije señalando a la casa de Melie. — ¡Qué casa! —exclamó sorprendida. — Si, la familia Jussieu tiene mucho dinero — dije divertido por su expresión. — Y eso que aún no has visto su casa de playa. — ¡¿Qué?! Reí. — Vamos a entrar. Abrí la puerta del carro pero Adele no demostró ninguna intención de hacerlo. — Vamos, Ady. Ella negó con la cabeza varías veces mientras sostenía tan fuerte su libro que sus nudillos se ponían blancos. Cerré la puerta. — Oh, Ady — la miré enternecido — No tienes que hacerlo. Si quieres doy la vuelta y podemos ir a comer un helado. — ella no respondió — Vamos, será de chocolate. Ella sonrió. — Disculpa por querer traerte — dije poniéndome el cinturón de seguridad — Sólo pensé que te vendría bien salir un poco de tu zona de confort, divertirte, conocer el mundo. — No — dijo ella. — Lo sé, fue una terrible idea — dije sintiéndome algo decepcionado. — No, vamos a la fiesta — dijo con una sonrisa, se le veía segura. — ¿Qué? ¿Estás segura? Ella asintió. Sonreí, me bajé del auto y di la vuelta para abrir la de ella. — ¡Será increíble! — aseguré — ¡No divertiremos mucho! Adele rió mientras bajaba de la camioneta. — Espero que así sea — sonrió. Entramos a la fiesta sin saber lo que se avecinaba.
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