Capítulo 06

1725 Words
Dalia Street Mis días eran de color gris sin importar que hicieran para alegrarme las mujeres de servicio, ya era una mujercita de diecisiete años que odiaba todo lo que había en el mundo incluyendo a mi abuelo que no hacía más que hostigarme con lo mismo de siempre. Habían obtenido galardones por mis calificaciones por sobresalir en los concursos o en las olimpiadas, mi abuelo se jactaba de ser igual a mi madre, pero mi único deseo era no terminar como ella, no quería ser una perdedora. Mi graduación se acercaba y como regalo mi abuelo me compró un lujoso apartamento en una zona muy exclusiva, aunque eso no importaba mucho porque en unos meses debía irme fuera del país, tomaría las clases de manera intensiva pues serían dos carreras junto con sus masters, no me emocionaba mucho, pero lo único quería hacer era luchar por no perderme en el trayecto, solo que, a este punto ya estaba perdida en un camino que no era el mío. — Hija todo está arreglado para el viaje, el apartamento está cerca de la universidad y tiene todo lo indispensable. Por favor debes actuar como una mujer madura y concéntrate en lo importante, no debes terminar como tu madre. — Lo haré padre, no debes porqué preocuparte. No volví a tener comunicación con Lorenzo o su esposa, su hija asistía a mí misma preparatoria y muy poco nos frecuentábamos, veía como era feliz y la envidiaba por eso, así que dejé de aceptar su amistad y me aislé de ellos como lo pidió mi abuelo, no hubo más peleas por mi custodia y entendí que no les importaba ahora que hicieron su familia. — Voy a retirarme a mi habitación, con su permiso padre, feliz noche. A él le gustaba la gente educada y con buen habla, yo tuve que tomar clases de modales y aprendí todo lo pertinente a ello. — Puedes hacerlo, buenas noche Daila. Logré controlar mis emociones, nadie me hacía llorar si ese era su objetivo, me había vuelto dura como una roca y me llenaba de satisfacción no tomarle importancia a esas estupideces, hablaba con frialdad y sin compasión, si tenía que poner en su sitio a alguna persona lo hacía sin tabú y sin miedo, no me importaba lo que los demás dijeran o como se sintieran y eso orgulleció a mi abuelo La graduación llegó y con ella la alegría de estar fuera del radar de mi abuelo, después de muchos años conocí por primera vez qué era estar contenta por algo tan absurdo como estar lejos de alguien. Me alisté tan temprano como pude y me senté a esperar que el chofer me llevara, vi a mi abuelo bajar con su ropa habitual y me incorporé con temor, con recelo caminé hacia él y pregunté: —¿irás a mi graduación padre? Se detuvo mirándome sin ningún sentimiento en sus ojos y sin un gesto de orgullo. —¿crees que fuiste la mejor? ¿diste lo mejor? Me quedé en silencio analizando lo que él me había dicho, pero sí, había sido la mejor en cada materia, había sido la mejor de mi grado, no entendía que más quería pues siempre traía a casa galardones, premios o hasta medallas ¿qué más debía hacer? — ¿fallé padre? Pregunté, quería saber si de verdad le había fallado. — No estás a la altura de tu madre. Eso destrozó mi ser, mi día, y mi graduación una vez más se veía arruinado por el maldito recuerdo de mi madre. — Eso lo tengo muy en claro, no soy una estúpida que se deja embarazar del primer hombre que se encuentra, no pienso seguir ese camino, si no deseas ir falta no me hace, tampoco eres indispensable. Salí de su vista, llamé al chofer y me fui a mi graduación completamente sola, odiaba a mi madre con toda mi alma, era mi maldita sombra. Agradecí al chofer por traerme y entré sola, debía recibir el galardón por ser la mejor de mi grado con mis calificaciones, me puse en pie con mi maldita frente en alto, recibí con orgullo los halagos y los aplausos, me fui a casa y sin decir nada subí a mi estúpida habitación, guardé mi título y me acosté a dormir. —¡te odio madre, te odio! La puerta de mi habitación se abrió dejando entrar a mi abuelo con un estúpido regalo como si eso fuera a cambiar las cosas que dijo horas atrás, cerré mis ojos y me hice la dormida, depositó la caja en el mueble de maquillaje y salió son decir nada. En dos semanas debía irme al exterior, no me importó ver que había dentro de esa caja, ya no quería nada que viviera de él o de cualquiera de la tonta familia en el que por desgracia tuve que nacer y crecer. — Deseo que tengas un buen viaje. Dijo el anciano dándome una gran sonrisa, pero solo quedé en silencio e ignoré lo que él me había dicho, su felicidad se debía a que por fin descansaría de mí y yo lo estaba porque serían cinco años sin ver su cara. Uno de los empleados me acompañó hasta donde me hospedaría, fueron varias horas de vuelo y lo valió, me sentí bien estar tan largo de lo conocido, quizá aquí podría comenzar de cero sin la sombra de mi abuelo o mi madre. Me instalé en el apartamento y lo primero que encontré fue una foto de ella en la habitación, salí disgustada y el empleado me miró e inclinó su vista. — Este era el apartamento de la señorita Dayana. Sabía que mi abuelo disfrutaba arruinarme todo en mi patética vida y esta no era la excepción, tiré la foto a la basura y volví a mi habitación para continuar acomodando mi equipaje, pero el enojo seguía allí ¿cómo era capaz de hacer algo así?, sabía que yo no era lo que él quiso para su hija, pero ¿qué culpa tenía yo? — Todo está listo señorita Daila, en el escritorio están todos los documentos, el horario de clases y todo lo correspondiente. — Muchas gracias. Dije mirando el plan de estudios que se había diseñado para mí, no era necesario llamar para avisar de mi llegada al exterior, simplemente me limité a pensar en mí y lo que debía hacer, tenía una semana libre antes de iniciar con las clases extracurriculares y después la universidad en cuatro semanas más o menos. Durante esa semana no hice nada más allá de leer, hacer yoga y salir a caminar, no recibí llamadas de mi abuelo y estuvo bien, no quería escucharlo y que dijese la misma retahíla de siempre. El empleado regresó a casa de mi abuelo y todo parecía estar bien hasta que: — Veo que estás estudiando. Mi semblante se tornó indescifrable a su vista, sin esperar una invitación mi abuelo entró al departamento, habían pasado cuatro meses desde que la universidad dio inicio y como siempre lo hice me estaba yendo muy bien, mis profesores se admiraban de mi avanzada educación y todo encajó bien, tenía tres amigas que, aunque muy poco hablaba con ellas siempre estaban conmigo. —Todo luce bien ordenado. Seguí con el trabajo que me habían asignado en la universidad ignorando cada palabra que decía. — Yo —pausó —quiero disculparme como actué en la graduación. — No hace falta. Dije sin ningún sentimiento, me era difícil aceptar una sola disculpa de su parte, esperé que se fuera a un hotel para poder descansar tranquila, no era de las personas que dejaba todo para última hora. — Iré a la universidad mañana. Supongo que quería asesorarse que fuera la mejor de la clase o de la universidad lo que era realmente difícil, pero ya podía sentir el estrés que esa visita me dejaría. — Está bien. Sentí alivio cuando se marchó junto con su cuidador y me senté en el sofá a analizar todo lo que había pasado en mi vida, mi abuelo tenía ya casi 60 años y la vejez le estaba sentando bastante mal, estaba un poco enfermo y tenía miedo que me dejara al igual que toda la familia, pero tampoco sabía si deseaba vivir cerca de él, lo único que había recibido de su parte era desprecio y comparaciones con mi madre. Por la mañana como lo prometió llegó a buscarme para ir a la universidad, se reunió con la directora y cuando salió no dijo nada, solo golpeó mi cabeza con suavidad y se marchó, entré a mis clases como siempre lo hacía, llegué a casa y ahí estaba él esperándome sin decir nada, me dio un sobre y se despidió. Abrí el sobre y había un documento donde se me entregaba el treinta y cinco por ciento de su empresa, la que un día perteneció a mi madre, sin pensar en ello solo lo guardé en la caja fuerte que había y me dispuse a terminar los trabajos que tenía pendientes para la semana. —Te extraño mucho mi pequeña. Solté una sueve risa y borré el mensaje de Lorenzo, tenía tiempo de no ver a mi tío como para que dijera que me extrañaba, nunca tuvo el valor de irme a buscar y de visitarme, era ridículo decir que me extrañaba. — Iremos a visitarte pronto ¿dónde te estas quedando? Decía otro mensaje de Lorenzo y que eliminé con rapidez, no quería a ninguno de ellos aquí, su presencia solo me molestaría — Vamos mi niña responde. Bloqueé el numero para no tener que lidiar con sus mensajes o llamadas nuevamente, quise eliminar el de mi abuelo, pero sabiendo que él era el que pagaba mis gastos y la universidad no tenía porqué hacerlo, no si ya no me daba motivo alguno. El empleado sacó de la basura la foto de mamá y la guardó en un estante junto con las demás, tomé una y me acurruqué para verla, ella se veía tan feliz, no sé que hice mal para que terminara como lo hizo, luego sentí odio por estar nostálgica por su causa. — ¡te odio! Dije en repetidas veces hasta romperla contra una pared, odiaba todo a mi alrededor y todo lo que dijera Street en él.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD