¿Lo oyeron? Abrió los ojos, pero no podía enfocar, y se obligó a tranquilizarse, pero la niña, la niña... ¿cómo estaba la niña? ¿Estaba a salvo? Sintió una mano en el hombro y notó también un latido en la pierna. Al instante, su memoria se aclaró y recordó haberla lanzado prácticamente hacia Ortiz y el helicóptero, los golpes en la pierna, la pierna que ahora palpitaba. Vio con claridad, por fin, a una mujer con uniforme médico que le sonreía. —¿Dónde...? —dijo. —Estás en el Bataan, Capitán —dijo ella, malinterpretando su pregunta. —No... no, ¿dónde está Sarah? ¿La niña? —preguntó, sabiendo que solo era un susurro hasta la última palabra. —Oh —sonrió con aprobación—, la niña está aquí, bien. Está en muy buena forma. Tu equipo está aquí. Ortiz tuvo que ir a una reunión, pero estuvo aqu

