Consultó su mapa. El terreno era cuesta abajo tras coronar la colina hacia el sur, y luego un camino directo a la zona de aterrizaje. Lo mejor de las operaciones en Siria era la plétora de zonas de aterrizaje. Esperó a que pasara el día, intentando complacer a la niña, jugando, haciéndole cosquillas, dándole agua y crema... Le frotó la nariz en la barriga, junto a su cordón umbilical arrugado. Emitía pequeños sonidos que nunca antes había hecho, la mayoría en voz baja. Buscó su sonrisa, que ella le daba de vez en cuando. Temía que su llanto fuera un peligro para ambos. Consideró sus dos drogas... NO. No la drogaría. Moriría luchando por ella, pero no la mataría de una sobredosis accidental. Al caer la tarde, no se alejaría más de tres metros de la niña. Se preguntaba por sus sentimientos.

