03 Carne de conejo

2139 Words
Se mantuvo serena y pronto los guardias reales que habían venido con ella le miraron de inmediato, la condesa había mantenido la boca cerrada, pero aquellos ojos grises miraban todo desde otra perspectiva, y lo supo, supo que aquellos dos hombres serían un obstáculo en su camino para conseguir que el pueblo o más bien la pequeña ciudad la adoren, ellos serían aquella piedra en su tacón, y ella estaba dispuesta a todo para sacarlos de su camino, había visto aquellas expresiones hipócritas en su rostro, no por nada se había graduado a tan corta edad de la carrera de psicología, ella era a quien llamaban “El pequeño y gran prodigio", aquellos hombres no tenían idea de lo que ella era realmente capaz de hacer para lograr su objetivo, así que para sorpresa de todos ella sonrió, sonrió tanto queriendo parecer genuina pero... ¿Quién puede engañar a otro monstruo? —Lamento los pelos su alteza, solo que esta es...- ella alzó la mano, haciendo que aquel hombre se calle y ella termine lo que iba a decir por él —La tradición del pueblo, lo sé. No te preocupes, de hecho me siento muy honrada por tal atrevimiento- sonrió de lado y pronto los ojos de aquellos dos hombres chispearon al entender aquellas palabras ocultas, como decía ¿Quién podía engañar a otro monstruo?, por lo que ellos asintieron y le dedicaron una torpe sonrisa —Disculpe el atrevimiento, su alteza real. Nosotros íbamos a proseguir a contarle pero.. como ve nos tienen atrapados- la condesa soltó una risita y alzó su mano para que entiendan sus guardias reales que ya los pueden soltar, y aunque dudando sus guardias reales le hicieron caso pero aún así se mantuvieron alertas, pronto ambos, padre e hijo se estiraron sutilmente, no querían ofender a nadie aunque... bien sabían ellos que... podían haber acabado con todos ellos en aquel instante —Lo se, igual manera gracias por venir y por traer aquel... presente, espero y pronto me den un recorrido por todo el lugar- había dicho distraídamente mientras miraba aún aquel conejo desmembrado, ambos hombres se miraron, ellos no querían hacerlo, eso haría que todos confirmaran más los rumores pero... no podían ser descortés por lo que a regadientes debían aceptar —Mi primogénito, Maxence Dupont, será el encargado de darle aquel recorrido su alteza real- ella sonrió de lado y asintió, aquel hombre no quería ni verla y eso le parecía grandioso, por que ella tampoco quería verlo ni en pintura —No tengo ningún problema, alcalde Belmont Dupont- había dicho medio en broma aunque más bien era en tono de burla, algo que Belmont y su hijo debieron de pasar por alto aquella falta de respeto, aquella niña caprichosa le estaba por sacar de sus cabales y ya hasta le estaban dando ganas de querer desmenbrarla viva —¿Y como debería llamarla de ahora en adelante su alteza real?, solo Agneta o duquesa Agneta Cromwell- ella sonrió aún más, se había dado cuenta que le había incomodado su burla y afortunadamente ella no era de esas personas que se dejaban intimidar —Condesa Cromwell o también Lady Cromwell estaría bien, lo de duquesa viene de mi padre. Condesa es algo propio- ella quiso reírse, aquel hombre realmente había creído que ella dejaría de lado su título nobiliario para ser solo Agneta Cromwell, pero vaya que estuvo equivocado, ella nunca dejaría su título de lado, y él debería acostumbrarse, ella no era una persona cualquiera, ella recuperaría lo que le pertenece a ella y a su familia, era hija única después de todo, ella sería la segunda al mando, pues tenía un hermano mayor, quién sería el jefe de familia y quién solo tenía el título de duque pues no podía poseer el título de madre y tampoco de conde al ser varón —Como usted guste lady Cromwell- ella quería reírse, aquel hombre realmente detestaba los títulos nobiliarios, y ella sabía o más bien suponía que era por no querer sentirse menos que ella, Maxence Dupont, pensaba que solo era una niña mimada que lo más seguro es que ni sabría bien como gobernar una ciudad, ellos debían hacer que se fuera de una vez, ya habían corrido sus antepasados a aquella familia y lo volverían a hacer ahora cueste lo que cueste —Hasta nuestro recorrido Condesa Cromwell- había hecho una pequeña reverencia Maxence Dupont, por culpa de su padre quién lo había advertido antes de salir de su mansión que debía ganarse la confianza de aquella chiquilla de dieciocho años y él no estaba dispuesto a hacer enfadar o decepcionar a su padre —Hasta luego, Maxence Dupont- había dicho ella arrastrando las palabras y eso produjo algo en el interior de Maxence, aquella chica sin darse cuenta había tentado al mismo diablo, a la misma criatura sangrienta y vaya que no debió haber hecho eso Maxence la miró por un momento más, la chiquilla era muy baja, por lo menos un metro sesenta y tres, se veía frágil y parecía enferma por tanta palidez, y por un momento fantaseo con tenerla a su merced mientras le rajaba con su navaja todo su cuerpo y se desangraba lentamente, por un momento se imaginó marcando la y haciéndola suya, aquellos enormes ojos grises le miraron curiosos y pronto su mirada bajó a aquellos rojizos labios, aquella chica sin saber lo estaba tentando y fue gracias a su padre que salió de aquel trance por un breve apretón en su brazo derecho y pronto cortó toda conexión que había tenido con ella por un momento, aquel ambiente sin darse cuenta se había vuelto tenso, demasiado tenso y fue afuera cuando su padre luego de estar unos buenos metros de distancia lo encaró sin mirarlo —Se lo que pasa por tu mente muchacho, tienes todo mi permiso para hacer lo que quieras con ella, pero eso será solo cuando logres tu objetivo, no quiero fallas Maxence, quiero que esa niña deje de lado aquella locura de arrebatar me este pueblo, espero y no me falles- había dicho Belmont Dupont mientras ingresaba a su auto y se colocaba en el asiento del conductor, el muchacho sonrió lobuno, aunque su padre no le hubiera dado permiso él hubiera encontrado la manera de lograr su objetivo —Yo siempre logro lo que quiero padre..- había susurrado para si mismo y se había subido al asiento del copiloto —Aquella chica es astuta, quiero que te ganes su confianza y que te cuente todos sus secretos. Se ve los que tiene, y yo nunca fallo en mi intuición- Maxence le miró de reojo, él solo había sentido un poco de aquella vibra extraña pero luego solo la veía como una niña tonta y mimada y que moría por tenerla atada a su cama —¿Por que intuyes eso papá?- había preguntado con un tono despreocupado, no quería que su padre note que tenía mucho interés en ella, ya bastante tenía con que supiera que tenía pensamientos perversos hacia ella —Por que un monstruo puede ver a otro monstruo hijo, lección número cien. Si identificas a uno, no corras, eso los emociona, si no ponle cara y verás cómo estará dispuesto a jugar el mismo juego. Y aquella chica te va a dar buena pelea, pero se que saldrás ganador. Un Dupont nunca falla hijo mío, y... me gustaría tenerla como nuera, aquellos genes no pueden desperdiciar se y mucho menos si viene de la misma realeza- Maxence le miró sorprendido, en todos estos años su padre nunca le había dicho nada sobre con quién salía o... hacia aquella cosas perversas con sus presas y ahora veía digna a aquella chica de ojos grises y mirada astuta —Quiero un heredero, hijo y quiero un nieto digno y de sangre real- Maxence tragó saliva, cuando su padre sonaba así de aterrador eso solo quería decir que estaba satisfecho con lo que había encontrado y él debía cumplir con lo que su padre le pedía —Y lo tendrás papá, te daré un nieto digno del apellido Dupont- había dicho serio y sin expresión alguna, su padre sonrió perverso, aquel plan que estaban por trazar empezaría algo que nunca debió ser y que esperaba no arrepentirse luego Mientras tanto en la mansión de la duquesa de Francia, ella sentía mucha tensión en el hombre izquierdo por lo que le había pedido a su doncella que le diera un masaje, ya había mandado a deshacerse de aquella carne de conejo crudo, había aguantado por varios minutos lo repugnante que había sido aquello y luego de la partida de aquellos hombres había empezado a sentir muchos nervios, aquellos hombres le habían puesto los pelos de punta, no quería por ningún motivo quedar nunca a solas con ninguno de ellos, se sentía tensa y le dolía mucho la cabeza y se había tomado una pastilla para eso —Señorita... creo que lo mejor sería que por hoy cancele todo tipo de visita al pueblo, no se ve bien- Agneta abrió los ojos de golpe, se había olvidado por completo de eso y se paró de inmediato y se colocó gente al espejo completo que cubría toda una pared de su lado izquierdo, se miró y se veía pulcra, le gustaba aquella falda y camiseta pero lamentablemente debía usar una tiara por obligación, por lo que renegando se permitió dar varias respiraciones y miró a su doncella —Llama a mi chófer, y toda la guardia pero que sean discretos, pero que estén bien alertas- mentía si debía que no había tenido aunque sea un poco de miedo, aquellos hombres tenía un aura muy oscura pero afortunadamente ella sabía muy bien como actuar, no era la primera ves que se enfrentaba a este tipo de personas —El chófer la está esperando en la entrada señorita, tenga cuidado- ella asintió y tomó un capa blanca, adoraba aquellas capas que le recordaban al cuento de la caperucita roja y sonriendo como una niña pequeña salió dando saltitos y su doncella pronto se escuchó bufar por aquel comportamiento y colocó su dedo en su oído izquierdo que estaba tapado con una trenza de lado y dijo —El águila salió de la mansión e irán cuatro autos detrás de ella, cambio y fuera- había dicho y pronto le contestaron —Muy bien rojo, sigue cuidando la de cerca, aquel pueblo oculta atrocidades y ella está bajo tu responsabilidad para que la protejas dentro de la mansión, cambio y fuera- y pronto contaron la comunicación, ella suspiró cansada, había averiguado todo de aquel pueblo desde sus antepasados y lo que había en aquellos archivos no era para nada bueno, debía protegerla con su vida —La protegeré con mi vida- se había prometido y pronto fue hasta una habitación secreta llena de cámaras de todo el pueblo y en todos los ángulos, ella era muy buena en defensa personal y nunca se le escapaba nada y aquellos tipos tampoco le habían traído buena espina Mientras tanto en aquel pueblo pintoresco aquella chica se bajaba de aquel lujoso auto bajo la atenta mirada de todos quienes le miraron sorprendidos y abrieron muy grande la boca y los ojos al ver aquella enorme tiara de estilo floral que resaltaba en su cabeza, ella alzó su mano y les sonrió a todos amablemente, hacia mucho frío aquella tarde y agradecía haber agarrado aquella capa, solo algunos le respondieron el saludo pues varios aún se habían quedado atónitos mirándole —¿Alguien sabe cuál es la mejor heladería?, me podrían decir si no es mucha molestia claro- había dicho amable haciendo que todos le miren sorprendidos, varios jóvenes de esa zona habían dejado de lado los modales y ver aquella muchacha tan hermosa y con buenos modales les alegró mucho —Si señorita, la que está en dos cuadras y luego a la derecha, hay un enorme letrero encima que dice “Candy"- ella le sonrió agradecida a aquella mujer de hermosos cabellos cobrizos, aquella mujer era muy bella y tenía un buen porte elegante pero... ella lo notó, había algo en sus ojos, no como si ella hubiera hecho algo malo si no que... como si fuera testigo de tantas cosas del pasado —Muchas gracias señora..- hizo un ademán para que la señora le dijera y ella le sonrió nerviosa —Claire Dupont- y aquello sí que fue como un baldazo de agua, estaba frente a la esposa del alcalde, aquel tipo que le ponía los pelos de punta, trató de disimular y le volvió a sonreír agradecida y luego se despidió apresurada La señora volteó a mirarla y negó triste, lo que le esperaba a aquella muchacha... que triste, pensó mientras subía a la camioneta para dirigirse a su mansión
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