Capitulo 3

904 Words
Si deseas llorar, hazlo ahora, no temas. No te juzgo yo también lo hago siempre cuando no puedo contenerme más: es malo guardalo todo para ti, si lo deseas puedes decírmelo y yo te escucharé siempre que lo necesites. A veces desearía crear una máquina del tiempo y pedirle a mi padre que no acepte ir a la guerra, por qué podría morir. Pero el siempre decía con una sonrisa mientras tenía una taza de café en su mano.—No podemos evitar algo que inevitablemente sucederá.— siempre lo decía cuando algo malo pasaba. Actuaba positivo y miraba el lado positivo a los problemas sea cual sea, fuera el cual fuera. —Estas llorando?— Pregunto Alex quien tenía el rostro cubierto por lágrimas y sus labios no paraban de temblar. Asentí abrazando con fuerza a Alex quien correspondió mientras ambos llorabamos frente al ataúd de nuestro amado padre. Por otra parte Carlos consolaba a nuestra madre quien lloraba amargarmente también gritaba al cielo pidiendo que esto fuera una simple broma. Pero era la amarga realidad, no éramos unos personajes dentro de una historia para jamás sentir lo que era el sentimiento. Éramos reales, por lo tanto nuestro sufrimiento y sentimientos eran simplemente verdaderos y sinceros. Tome una rosa que tenía en mi cesta para acercarme al ataúd de nuestro padre, el ataúd jamás sería abierta según las personas quien lo trajeron su estado o más bien su c*****r estaba...bueno solo necesitas cerrar los ojos. Imagina que a un muñeco de trapo recibió varios impactos de balas en todo su cuerpo mientras era torturado de la peor forma. Bueno ese muñeco de trapo que describe es nuestro padre quien estaba muerto dentro de aquel ataúd. — Padre, jamás te olvidaré.— Al decir aquellas palabras solo lágrimas desbordaban por mi rostro tocando aquella madera. Mientras colocaba arriba aquella flor con mis manos temblorosas. El escuchar como gritaba nuestra madre en el suelo ya que se había caído al suelo para seguir con su llanto y suplicando lo mismo. —!Vuelve¡ ¡¿por qué dios?! ¡¿Porque!?— nuestro hermano Carlos intentaba levantar del suelo pero simplemente no se dejaba. — ¡Quiero estar con el!— El que parecía algo tranquilo por así decirlo fue el padre y nuestra tía aunque claro ella del todo no estaba tranquila, lloraba en silencio pero mantenía la compostura era lo contrario a nuestra madre. Nuestra tía quien vestía en aquel momento un vestido n***o se acercó a nuestra madre para intentar consolarla mientras que Carlos se acercaba a Alex para poder bajar aquel ataúd, al hoyo que anteriormente habíamos excavado para esta situación. Era amargo y terrorífico si lo pensabas bien, la situación de la guerra aquel momento tambien el saber que nuestro hermano Rodrigo había abandonado la casa para ir a la guerra de dónde nuestro padre volvió pero no de la forma que deseamos. — Padre ya podrás descansar... Junto a nuestros abuelos...— menciono Carlos tomando tierra en sus manos para lanzarla al ataúd que ya estaba bajo tierra pero no cubierto por ella. — Fuiste un gran ejemplo a seguir, prometo que me volvere en lo que deseabas.— dijo Alex quien también tomo un poco de tierra para luego lanzarla al ataúd. Era mi turno de dar mi mejor deseo o decir lo que más extrañaría de nuestro padre, aquel padre quien siempre velo por qué estuviéramos sanos, a pesar de nuestra situación siempre se preocupaba por nuestro bienestar en todos los aspectos. Siempre se aseguraba de mostrarnos afecto y dedicarnos tiempo a pesar de que siempre estuviera cansado o no pudiera hacerlo. — Padre, siempre decías que «No podíamos evitar algo que inevitablemente sucederá»— Hice una pausa mientras me quitaba del rostro unas lágrimas. — En verdad espero que nos acompañes en nuestra aventura, nuestra vida....— no podía formular ninguna palabra más ya que sentía que de formaba un nudo en mi garganta, me impedía hablar y ardía el intentar hacerlo, tome tierra en mis manos repitiendo la misma acción de mis hermanos. Cuando apenas termine mire a aquel padre que al inicio había dado unas hermosas palabras a mi padre. — Tranquila, el está descansado.— menciono con una vos qué simplemente me daba tranquilidad, extrañamente había dejado de llorar. Esa sensación de tranquilidad y seguridad de que todo estaría bien me había dejado olvidar por un segundo lo que estaba pasando. Aquel padre estaba vestido con aquella ropa común en los sacerdotes una túnica negra con aquella pequeña tela en el medio de color blanco, su cabello estaba totalmente cubierto por canas que le daba algo de apariencia adorable pero más aquel rostro que siempre lucía tranquilo que siempre daba paz a su alrededor. Tal vez por esa razón le dieron la orden de asistir a todos los funerales de la zona para dar tranquilidad, cosa que no funcionó con nuestra amada madre. — ¡Por qué me lo quitaron!— seguía gritando nuestra madre quien ya tenía el rostro rojo al apenas verle de esa forma me acerque corriendo para abrazarla y buscar manera de darle tranquilidad. La abrace con fuerza notando que de igual manera me abrazaba con fuerza mientras seguía llorando pero al menos ya no era como anteriormente. — Tranquila madre, el desea que no sufras por el, debes dejarlo ir...— le seguía abrazando mientras decía aquellas palabras.
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