Capitulo 2

823 Words
La dulce mañana había llegado y claramente con sus deberes que se debían cumplir en todas las mañanas. Los animales anunciaban el inicio de otro día que debía ser rutinario pero en cierto punto lo era pero por el otro lado... Había una guerra que recordaba cada segundo que la rutina de seguir una vida sin preocupaciones en este momento era imposible. Hoy vino un soldado del ejército para darnos instrucciones en caso de que suceda algo muy malo, después de todo vivimos cerca de una zona peligrosa, la frontera. – Deben usar siempre un chaleco y este casco si desean vivir un día más.– dijo aquel hombre de vestimenta de un color verde, con rayas en sus mejillas y un casco con ramas en su cabeza. En sus brazos se podía ver heridas abiertas y vendaje que cubría su brazo izquierdo por completo. Aquello solo me dejaba una extraña sensación de incomodidad y miedo. Tome el casco que me había entregado aquel soldado con las manos temblorosas mientras miraba a mis hermanos los cuales se notaban algo tranquilos, mientras que por otro lado nuestra madre no paraba de rezar en una esquina llorando en silencio. – El chaleco deben usarlo de esta forma.– tomo un chaleco quitándose el abrigó que llevaba puesto. Se podía ver que llevaba una camisa blanca y un collar de plata del ejército esto lo sabía ya que mi padre formó parte de este por un tiempo corto. Comenzó a colocarse aquel chaleco que tomo con suma facilidad como si tratara de una hoja de árbol. Después de eso simplemente se lo coloco como si se tratara de uno normal para luego abrocharlo de una manera muy difícil. Mientras me intentaba colocar aquel chaleco que en verdad pensaba demasiado pero no tanto como cargar una cesta de manzanas por las mañanas. Después de ver logrado ponerme el chaleco pude ver a mi hermano mayor con una maleta en mano teniendo aquel casco que nos habían entregado en su mano izquierda. – ¿Hermano?– pronuncie confundida viendo que estaba completamente serio. Pero al parecer no me escucho ya que no recibí respuesta alguna. – Rodrigo, si te vas y no vuelves...– comenzó a decir mi segundo hermano de nombre Carlos aquel hermano que había discutido en casa mientras me iba con Alex a fuera. — Lose, no quieres ver llorar a nuestra madre de nuevo.—se giró para decir aquello con aires de nostalgia. –Pero alguien debe cumplir e ir a la guerra, si lo deseo o no, debo ir.–Continuo diciendo — debes prometer que volverás.—replicó Carlos molesto apretando con algo de fuerza aquel chaleco que no se había puesto. Mire como sonría Rodrigo dejando en el suelo aquella maleta al igual que el casco. — Lo prometo...— dijo levantando el dedo meñique haciendo así una promesa. De inmediato lo abrace con fuerza pero no fui la única ya que Alex se acercó abrazando de igual manera a nuestra a nuestro hermano. —En ese caso debes cumplir.—finalizó Carlos marchandose sin despedirse de nuestro hermano. Cuando nos separamos del abrazo miramos que el soldado que nos daba las instrucciones dejaba un manual en la mesa del comedor. Mientras que Rodrigo se acercaba a aquel soldado, Alex me tomo del brazo haciendo lo mismo que pasó ayer irnos a fuera para no escuchar aquella conversación. — Se está volviendo algo habitual que nos pase cosas así...— mencioné en vos baja para mí misma, ya que dentro de una hora tendríamos que ir al funeral de nuestro padre, el cual se llevaría a cabo a fuera de casa. Mire como Alex tomaba una pala llendo se a algún lado, tome una de igual manera para seguirle a dónde fuera que vaya. — Hermano, a dónde iremos?— pregunté mientras le seguía, notando que estábamos en un árbol, bueno debajo de uno. — En este lugar nuestro padre descansará.— menciono mientras me miraba, tenía lágrimas en sus ojos. Comprendí lo que quería decir: deseaba que bajo la sombra de aquel enorme árbol, el pudiera descansar tranquilamente. Así que tome la pala con clara intensión de excavar y hacer un enorme lugar. — En ese caso debemos excavar.— mencioné, apenas había dicho aquellas palabras que fue cuando cuando comenzamos a sacar la húmeda tierra de suelo con la ayuda de las palas. Mientras hacíamos aquello no podíamos decir palabra alguna así que había un silencio que era bastante cómodo pero a la vez deprimente por la razón que lo hacíamos. Tal vez, solo tal vez debíamos estar junto a nuestra madre rezando a dios por qué esto no se vuelva a repetir. Pero alguien debía buscar donde descansarían los restos de nuestro querido y amado padre. Seguíamos sacando tierra a montones poniéndola aun lado, para de esa forma facilitar el trabajo cuando teníamos que volver a enterar.
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