Ecos de una Navidad Pasada
Hannah no podía sacarse la noche del evento de la cabeza. La tarjeta de Matthew, su inesperada amabilidad, y sobre todo, la conexión que había sentido con él la habían dejado inquieta. A la mañana siguiente, mientras caminaba hacia el restaurante para iniciar su turno, llevaba puestos sus auriculares, y el sonido de "Last Christmas" de Wham llenaba sus oídos. La canción parecía perseguirla últimamente, como un eco de algo que intentaba superar pero que siempre encontraba la forma de regresar.
"Last Christmas, I gave you my heart…"
El dolor de lo ocurrido un año atrás aún estaba ahí, pero esta vez no era tan agudo. Quizás porque algo nuevo, algo diferente, estaba empezando a nacer en su interior.
Matthew tampoco podía concentrarse esa mañana. Desde que había dejado a Hannah en su apartamento, su mente no había parado de recordarla. La forma en que lo miraba, su sonrisa genuina y la manera en que desafiaba sus barreras lo inquietaban de una manera que no entendía.
Esa tarde, mientras estaba en su oficina revisando contratos, la misma canción comenzó a sonar desde la radio. Su asistente había encendido una estación de música navideña en el fondo.
"Last Christmas, I gave you my heart, but the very next day, you gave it away…"
Matthew se detuvo. Era la misma canción que había escuchado en el evento la noche anterior, la misma que parecía haber afectado tanto a Hannah.
—¿Por qué siento que esta canción tiene algo más detrás? —murmuró para sí mismo.
No podía ignorar la curiosidad. Así que, sin pensarlo demasiado, dejó todo y salió hacia el pequeño restaurante donde sabía que Hannah estaría trabajando.
Hannah estaba en su tercer pedido de capuchinos cuando lo vio entrar. La campanita de la puerta sonó, y ahí estaba él, de pie en medio del lugar con su imponente figura, completamente fuera de lugar en ese humilde espacio.
—¿Matthew? —preguntó, desconcertada.
Él se acercó con las manos en los bolsillos y una expresión indescifrable.
—Espero no estar interrumpiendo.
—Estoy trabajando, así que técnicamente, sí. —Intentó sonar ligera, pero la repentina aparición de Matthew había acelerado su corazón.
Él miró alrededor y señaló una de las mesas vacías. —Entonces me quedaré hasta que tengas un momento libre.
Hannah se quedó sin palabras, pero no discutió. Se giró para continuar con su trabajo, mientras Matthew se sentaba y observaba con curiosidad cómo manejaba el flujo de clientes.
Unos treinta minutos después, el restaurante comenzó a vaciarse, y Hannah finalmente se permitió acercarse a su mesa.
—Muy bien, señor Clarke, ¿qué lo trae aquí?
Matthew la miró directamente, con esa intensidad que siempre lograba desarmarla.
—La canción.
Hannah parpadeó, sorprendida. —¿Qué?
—La canción del evento, Last Christmas. No podías ocultar lo mucho que te afectó.
El corazón de Hannah dio un vuelco. ¿Por qué tenía que ser tan directo?
—Es solo una canción, Matthew. Nada más.
—No creo que lo sea.
Hannah suspiró y se sentó frente a él, cruzando los brazos. —¿Por qué te importa?
Matthew hizo una pausa antes de responder, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras.
—Porque quiero entenderte.
Esa confesión la tomó por sorpresa. Nadie había mostrado interés en entenderla, en ver más allá de lo que ella mostraba.
Hannah bajó la mirada, jugando con el borde de su delantal. —La Navidad pasada fue... difícil para mí. Perdí a alguien que pensé que estaría conmigo para siempre. Y esa canción... bueno, me recuerda todo lo que salió mal.
Matthew asintió lentamente. No la presionó para que dijera más, y Hannah apreció ese pequeño gesto.
—¿Y tú? —preguntó de repente, buscando desviar la atención de ella. —¿Por qué tienes esa mirada fría todo el tiempo?
Él soltó una breve risa, como si no esperara la pregunta.
—Porque la vida me enseñó que confiar en las personas suele ser un error.
Hannah sintió un nudo en el pecho al escuchar sus palabras. Había una tristeza oculta en su tono que la conmovió profundamente.
"Last Christmas, I gave you my heart..."
La canción seguía sonando en su mente, pero esta vez no traía tanto dolor. En cambio, le recordaba que, a pesar de las heridas, tal vez había una oportunidad para algo nuevo.
—Quizás no todas las personas son así —dijo suavemente, mirando sus ojos oscuros.
Matthew no respondió, pero la forma en que la miró dejó claro que sus palabras lo habían tocado.
Esa tarde, cuando Matthew salió del restaurante, no pudo evitar sentir que algo dentro de él comenzaba a cambiar. Y Hannah, mientras limpiaba las mesas, se sorprendió a sí misma sonriendo.
Quizás Last Christmas no era solo un recordatorio de su dolor pasado. Tal vez, este año, la Navidad tendría algo diferente guardado para ambos.