profundamente dormido yo estaba feliz tanto que cerré los ojos y quede algo dormida. Así hasta que no supe mas que fue lo que pase de allí para adelante. Solo sé que el calor que sentí esa noche nunca lo iba a volver a ver el resto de mi vida.
La mañana ya se levantaba otro día, ese era la canción que sonaba en mi cerebro. Y al lado mío estaba él. Se me había olvidado que dormí con un semi demonio. Y no tenía mal dormir. Me había abrazado toda la noche y no se movió. Tampoco estaba consiente como para saberlo pero nunca note que la cama se estaba moviendo. Me quede viendo su cara, me quede viendo como dormía de modo cómodo. Cuando fue la última vez que el dormía cómodo en una cama, pero no una cama de prisión. Ahí nadie podía estar cómodo. Se veía lindo. Con un movimiento fui a su frente y le plante un besillo. Era tan lindo como un gato recién nacido o una cría de ave. Tierno e inestable puro y dócil.
Después me baje cómodamente de la cama con el menor movimiento que podía hacer para no despertarlo hoy se llevaría una sorpresa. Yo le iba a preparar el desayuno. Baje rápidamente a la cocina y en brincos llegue a la estufa, después puse a hacer algunos huevos a la sartén y prepare un café para levantar las energías del día. Comí rápido como si estuviera robando la comida de alguna tienda, lo que no pensé fue que el Nefelim tuviera tan buen oído. El ya estaba bajando las escaleras buscándome. Cuando llego a la cocina me descubrió con las manos en la masa.
—Hola buenos días.
—Hola.—Respondí y me asuste como si estuviera haciendo una maldad—. Despertaste muy rápido.
—Si… pensé que ya era hora de levantarse de la cama.
—Pero hoy te iba a sorprender. —Le mostré el sartén—. Hoy te prepare el desayuno.
—No debías hacerlo me tocaba a mí.
—Relájate una vez que haga el desayuno por eso no pasa nada.
El miro el sartén como si estuviera buscando un desperfecto ahí me di cuenta que era el significado de la palabra escrutar. Después de escrutar minuciosamente la comida se sentó en la mesa y afirmo con la cabeza. Yo rápidamente busque un plato y le serví.
—Tú no vas a comer.
—Ya lo hice.
—¿Segura?
—Sí.
El empezó a comer y yo fui a la sala para ver qué cosa esperaba este viernes. Me detuve en la puerta de la cocina. Me di cuenta que solo faltaba una semana para la huida debía convencer a Mar para que nos fuéramos de la confederación. Estaba claro que las demás cosas que debía hacer corrían como el agua de un rio sin dilaciones. Pero ella era el único obstáculo en mi calendario de escape. No sabía a ciencia cierta si Darius esperaría más para irse de mi casa, y ya se estaba sintiendo como un estorbo aunque yo nunca se lo demostrara. Debía moverme usar mis últimas cartas sobre la mesa. Lo primero era llamarla para que viniera a la casa y conociera al demonio ósea a Darius. Iba a evitar contarle lo que él me había contado a mí solo con el propósito de ahorrar tiempo. Después iríamos a la fiesta. Y cuando ganara más confianza con él, nos iríamos a la ciudad de la libertad. Aunque no sé si a Mar le gustara la idea de caminar un año entero.
Llame a la casa de Mar y nadie contesto, deje un mensaje en el buzón para que viniera después de clase. Ahora debía decírselo a Darius que se preparara para cuando llegara Mar. Ósea Darius ya la conocía pero Mar no sabía que el adorable gato —como decía ella— que estaba jugando con sus pechos era un demonio-ángel que se llamaba Darius que encima era el prisionero que había escapado unas cuantas semanas antes. Su imaginación iba a volar seguramente. Fui directo a la cocina para decirle a Darius que se pusiera la mejor ropa que tuviera para cuando ella llegara. Entre a la cocina y él estaba lavando los platos. Yo lo detuve en el acto.
—Darius, ve y cámbiate Mar vendrá pronto.
—¿Qué? Yo no estoy preparado además si nos delata.
—No pasara créeme es mar.
—Pero yo soy un prisionero buscado ella va a entrar en pánico.
—No lo va a hacer créeme. Ve y vístete.
—¿Cómo me vas a presentar? —Parecía interesado en eso.
—Como un Nefelim que cambia formas y además que está buscando la fuente de la vida y encima nos va a llevar a la salida de la confederación. —Frunció el ceño.
—Creo que exageras chica.
—Entonces dime tu como quieres que te presente.
—Solo di que soy un Nefelim y que soy el prisionero que escapo hace días. Pero de Vanesa y de la fuente de la vida, por favor no cuentes nada.
—Okey trato, pero debemos apurarnos antes de que llegue ella. Seguro después de clase va a venir. Ve y vístete. Yo iré a comprar algunas cosas.
Enseguida el Nefelim se metió al sótano buscando el traje que le había comprado ese traje que de seguro lo hacía ver como un mafioso. Yo Salí de casa para comprar algunas frutas iba a ser una especie de tizana. Baje hasta la zona residencial con mi Magicleta que por fin pude volver a usar después que Darius controlo el poder que salía de mis manos en conjunto con las nuevas partes que le agrego a la Magicleta para repararla. Llegue a la tienda de frutas donde me recibió una anciana muy gentil y compre duraznos, manzanas, plátanos, uvas y sandia.
Además de una refresco de cola y soda, como una precaución por si Mar se desmayaba cuando viera a el Nefelim. Tenía su complicidad estaba claro que no era una mal chico y que además nos iba a llevar, ahora sentir aquellas emociones como las que ahora sentía eran difíciles de contener, era como estar guardando un secreto enfrente de un interrogatorio de la guardia. Era emocionante saber algo que los demás no sabían.
Después volví a la casa esperaba que las cosas estuvieran preparadas para cuando ella llegara.me recordaba al cumpleaños sorpresa que prepararon para ella cuando era niña se había llevado una gran sorpresa, pero ahora la sorpresa no era más que aquella locura de una adolescente de salir de la confederación. Hoy era el día si sabría si mar era mi amiga o se quedaba atrás como otras de las que cambie en el pasado. Subí hasta la casa rápidamente y allí estaba el esperándome. Darius esperaba en la sala con las cortinas cerradas. No estaba transformado en un gato cosa que me impacto mucho.
—¡Volví! —Dije mientras cerraba la puerta de la entrada principal—. ¿Nadie te vio?
—No cerré las cortinas, ahora dime ¿tienes todo lo que necesitas?
—Sí. Ahora vamos a preparar la tizana.
Luego de eso, el Nefelim me ayudo a cargar las bolsas y desplazarlas a la cocina donde yo picaría las frutas, él se ofreció varias veces, pero lo mande al infierno. Prácticamente la ropa me había costado una fortuna como para que el viniera y la llenara toda de manchas. Pique en trocitos cada fruta. No quedo ninguna unos minutos después, los mezcle con refresco y le añadí un poco de azúcar y después lo metí a la nevera para que se enfriara. El me miraba con las intenciones de querer ayudar pero ni loco iba a dejar que aquella ropa se manchara. Ahora sabía lo que mi madre le costaba cuando era niña proteger mis vestidos de las manchas de comidas.
—Ocúpate de la sala acomódala. —Mis órdenes para el Nefelim eran deseos consumados. Salí como un disparo de fusil disparado a la sala a acomodarla.
En verdad estaba pensado con la cabeza fría si Mar se alterara y después nos delatara con los guardias estaríamos en grandes problemas. Las cosas de la vida eran muy delicadas más cuando la vida en la confederación de magos era más difícil de lo común. Me mire en un espejo en unos de las carreras que estaba dando de aquí para allá para preparar la tizana. Me vi reflejada en el vidrio, estaba completamente desarreglada, como si no tuviera nada más que hacer, que no fuera limpiar. En cierto punto me recordaba a mi madre, cuando no tenía tiempo para arreglarse. Así que subía darme un baño. Mire de reojo a la sala y vi que Darius estaba bien entretenido acomodando los sillones y cojines. Me quite la grande camisa en mitad de camino y solté mi cabello de la coleta. Entre al baño y abrí el agua. Estaba fría pero me venía bien para el cuerpo, ya estaba sudada y con algo de calor. Entonces cogí jabón y me frote por todo el cuerpo removiendo la grasa de mi cuerpo. Al finalizar volví al cuarto solo para verme en el espejo. Ya estaba mejor, era como si me hubiera quitado mil años de encima.
Me maquille rápidamente, lo básico tampoco tanto cogí unos de mis vestidos para salir que era escotado y corto y baje otra vez a la sala.
—¿Está todo listo?—Pregunte mientras bajaba la escalera.
—Si —Afirmo Darius.
—Bueno voy a la cocina a buscar unas cosas.
Entre en la cocina para buscar un cuchillo era lo último que quería hacer pero si mar no estaba dispuesta a acompañarme debía amenazarla para que guardara silencio y que nuestro plan no peligrara. Tomo el cuchillo más pequeño que había en la cocina. Me subí el vestido hasta mi vientre y me escondí aquel pequeño destructor entre las piernas. No era la primera vez que lo hacía, cuando iba a la escuela siempre llevaba un cuchillo entre mis medias y la falda, para estar más segura entre los hombres y los guardias.
Volví a la sala y le di todos los tópicos necesarios para que Darius se presentara con Ella. No debía hacer ninguna locura ni transformarse en animal cosa que la iba a poner como loca. Y ningún movimiento acercándose a ella con confianza eso explotaría si miedo. Después que se presentara se iba a sentar en un mueble que estaría en mitad de la sala donde no podría acercarse a ella y para que Mar no tuviese miedo. Darius hablaría poco y ganaría su confianza por pasos. Por ultimo nos indicaría por donde estaba la salida y contando alguno que otro recuerdo de su vida, más tarde ella se iría pero no sin antes convencerla de llevármela a la ciudad de la libertad.
Después de las instrucciones que escucho fielmente Darius estaba sentado en la sala esperando a que ella llegara con uno de sus pies de arriba abajo. Mientras yo me estresaba pensando que no iba a venir. Pasaron como media hora más, pensábamos que ya no vendría pero el timbre de la casa sonó. Darius y yo estábamos claros que ahora comenzaría el verdadero reto. El me miro sin decir no una palabra más con la cabeza afirmo, tome esa señal como una referencia de que estaba completamente listo. Sabiendo cómo era Mar seguro me iba a arrepentir de esto pero debía esforzarme por salir de esta.
Me puse enfrente de la puerta y después suspire antes de agarrar el picaporte y abrir. Mentalice la victoria y las buenas vibras y abrí la puerta.
—Lenya Demonios tardaste mucho.
—Perdona Mar… —Lo que paso fue increíble casi se me sale el corazón al verlo a él. Josu estaba tomando de las manos a Mar y esperaban entrar. Sentí como la mirada de ese hombre me recorrió todo el cuerpo.
—Debemos prepararnos para la fiesta de mañana. Ahora te tengo que contar algo, Josu va a ir a la fiesta.
—¿Qué? —Casi grite.
—Si como lo escuchas, pero déjanos pasar. —No habíamos entrado a la casa estábamos aun en la puerta.
Yo le dije que pasara pero que no entraran a la sala, primero se quedó confundida pero después me hizo caso y se quedó hablando con Josu en el pasillo antes de la sala.. Esperando a que yo le avisara cuando podía entrar. Yo con los pelos de punta y el corazón que casi se me salía por la boca le fui a ver a Darius.
—Darius esto es malo transfórmate en gato. Rápido.
—¿Porque? —Se levantó del sillón con ansias desesperad de saber lo que pasaba.
—La tonta de mi amiga ha traído a Josu, si te ve va a llamar a los guardias. Transfórmate de una vez.
El miro un par de veces antes de transformarse pero al final lo hizo se convirtió en un gato y después de eso salió en carrera hacia la cocina. Mar debió haberlo visto. Yo Salí poco después y los recibí con modalidad como se debía hacer. Los invite a que pasaran a la sala y que tomaran asiento.
—Vaya que sorpresa —Dije con ironía—. No sabía que ibas a traer a Josu aquí.
—Pues tampoco lo sabía, solo se lo dije y me acompaño hasta aquí ¿verdad cariño? —Josu afirmo con la cabeza.
Cariño seguro que se habían vuelto pareja después que ella estaba con su síndrome de bipolaridad. Ahora estaba convencida de que intentarla recapacitar era una opción el caso estaba perdido Mar no se iría de la confederación y menos ahora que tenía novio. Lo peor del caso es que la tizana la había hecho para ella, y para Darius no para el gordo de Josu. Enserio que le había visto ella a ese gordo. No tenía nada bueno, era bajito usaba lentes y encima tenía una barriga más grande que el mismo cuerpo del individuo. Claro el clasificaba para Mage con solo su apariencia.
Estaba enfadada tanto que quería ponerme a partir los platos de la cocina pero no lo hacía porque ellos no tenían la culpa de que mi amiga fuera tan insegura en sí mismo y una chica fácil. Tuve que ocultar mis múltiples quejidos de rabia y enojo, estaba que los apuñalaba con el cuchillo que llevaba debajo de mi vestido. Hasta imagine como hacerlo, pero debía calmarme.
—Oye Lenya Mar me estaba diciendo que eres fanática de Luciano Carpinsor. —Encima ella le contaba cosas de mí a ese regordete feo.
—Si —Creo que supere el límite de lo pedantee hipócrita—. Pero espero que no te haya contado muchas cosas de mí.
— No para nada. Solo lo básico. —A Josu le entro un ataque de tos. Y tosió hasta el punto de soltar un gargajo que parecía ser flema y escupirlo en una de mis cortinas. Yo me sorprendí tanto que quería matarlo. Ahora si iba a usar el cuchillo. Mar intento disculparse y se levantó a poner sus manos en aquella cosa que había expulsado el gordito feo.
—Siento mucho esto Lenya es que Mi Josu sufre de asma.
—No para nada, no estoy molesta. —No era la verdad no estaba molesta, estaba a punto de reventar, solo faltaba que cayera un granito de arena y mataba al gordo y lo sepultaba abajo del sótano, le diría a Darius que hiciera un hueco y después lo cubriera.
Salí de la sala estaba a punto de reventar, ahora iba a la cocina. Buscaba la tizana, entre una risa maliciosa no estaba del todo perdido. Saque la tizana de la nevera y después la vertí en tres vasos. Pero al vaso del querido Josu le deje un regalito que iba a disfrutar mucho con el sabor de la tizana. Un escupitajo. O tal vez dos. Bueno no sé cuántos exactamente pero lo mezcle para que no se viera nada. Y además le eche a ese vaso algo de agua que estaba estancada en la lava plato.
Miraba para atrás para que Mar no fuera a descubrir lo que le estaba haciendo a la bebida de su novio. Busque el veneno para ratas pero no lo pude precisar. Como no lo encontré y ya había tardado un tiempo considerable en la cocina volví a la sala con una sonrisa reconfortarle en la cara.
—Volví chicos traje la tizana. —Lo que vieron mis ojos era inédito. Mar y ese gordo feo se estaban besando apasionadamente en mi sillón. Al escucharme dejaron lo que estaban haciendo, el gordo se secó los labios con su manga y Mar se ruborizo un poco. Yo ignore aquel detalle. Y puse la tizana en la mesa—. Coman chicos.
Mar agarro la suya y el gordo Josu también tomo la de él, ahora estaba riéndome por dentro a toda garganta. Aunque después mi felicidad pasaría al ver que Josu se devoro la tizana como si fuera la mejor carne que había probado haciendo ruidos extraños en la boca, y con dos o tres sorbos no quedaba tizana alguna en el vaso. Y encima me felicito
—Oye Lenya la tizana estaba muy buena. Te felicito, cuál es tu ingrediente secreto, deberías venderlas se te comprarían muy bien.
Yo en vez de sonreír aparte mi cara a la esquina de la sala la única parte donde no había gente.
—Josu hiciste incomodar a Lenya. —Dijo Mar.
—Oh lo siento de verdad no era mi intensión.
Ni siquiera vi cómo se estaba disculpando no me interesaba estaba claro que él era un cerdo, alguien que se había tomado saliva de una persona que acababa de conocer y agua de lava platos, no podía estar bien físicamente. Mi desprecio hacia el crecía mas cada momento que le conocía de apoco.
—¿Bueno y díganme cuanto llevan? —Pregunte con ganas de pegarle una puñalada.
—Cuatro días.
—Que bien y ¿ya han salido?
—Solo de la casa a la escuela. —Contesto el—. Y la primera salida oficial que vamos a hacer es ir a la fiesta. En Portville.
—sí. —Intercedió Mar.
Aun no podía comprender que una chica tan bella como Mar estuviera atraída por Mr. Grasa alias Josu. Ósea que le vio. Tal vez por esto existía la cura, tal vez no era tan mala idea que el gobierno intercediera con los problemas amorosos. O era que la estupidez de Mar había llegado a otro extremo.
Capítulo 23
—Mar pero nunca me dijiste que lo llevaríamos a él. —Fui despectiva y creo que el chico se encogió de hombros, aunque no le mire.
—Pues sí, pero ahora vamos. ¿Tú has invitado a alguien?
—No —Musite—. Creo que no.
—Bueno en la lancha solo cabemos cinco. Y hasta ahora somos tú, mi Josu, —Odiaba que le dijera así, era como mencionar al nombre de tu peor enemigo, que en mi caso lo tenía al frente y sentado en mis propios muebles empalagándome toda mi casa de gérmenes asmáticos—. Dos amigos y yo. —Y Darius. Nunca pensé eso en la lancha que nos llevaría a la fiesta y Darius como iría. Ya lo sé en su forma gato. Creo que no debía preocuparme mucho por eso.