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3240 Words
    Crónicas VIII Las manchas del amor son como el carbón en la piel, cuestan para borrarse. Aunque eches agua encima siempre queda un pequeño retazo de mancha en la piel. Ahora pues cuando se colman de pasión consumada, ya no es una mancha de carbón, es lepra que no se puede quitar tan fácilmente, los pensamientos serán alrededor de ellos. Pensándose cautivamente fuerte y vivido en el otro, la preocupación llegara hasta el tope para después extinguirse. Pero aun así la lepra tiene cura y cuando la cura se inyecta por efecto de un agente externo, las manchas aunque pasen años va desapareciendo. Fragmento del Libro “Que es el amor” sin autor especificado.   Los problemas del pasado son eternos nunca se pueden olvidar. Frase del escritor  Luciano Carpinsor.   Capítulo 22 Al rato después que llegue a la casa, Darius despertó de su sueño y subió hasta la cocina donde me vio arreglando la ropa.   —Hola… —Dije con indulgencia para después ofrecer una taza de té. —Te tardaste demasiado, pensé que algo había pasado. —Es que la ciudad es lejos. —Tengo que decirte algo… —Me entraron dudas, su actitud había cambiado— Tengo que irme para seguir buscando la fuente de la Vida. —Lo se… pero quédate un poco más, si sales a la calle los guardias te van a atrapar. —Estaba buscando una excusa sublime, lo único que quería es que me sacara de la confederación a Mar y a mí. Tenía que hacer lo posible para que no se fuera y si era necesario usar mis dotes de mujer. —Represento un problema, gastas dinero en comida para dos y además represento un peso… ósea si te atrapan aquí conmigo iras a la barraca, y en el peor de los casos morirás. —Tu eres inmortal no es cierto… —Si, después de que Vanesa me besara paso su inmortalidad a mí. —No tengo problema porque me encuentren aquí contigo. —¿Enserio? —Si… —Igual soy inútil en estas condiciones estoy limitado… —No lo deje hablar. —No me importa tú me vas a guiar a la salida de la confederación. —El frunció el ceño—. Si me vas a llevar a la salida. —¿Porque tienes ganas de irte? —Quiero la libertad. —¿Y la encontraras afuera de este reino? —No lo sé… pero intentare. —La  libertad se encuentra cuando estés en paz contigo misma. En cierta parte las palabras del Nefelim estaban en lo correcto, adentro de mí, no había paz, estaba estresada por la cura, las redadas, los limites, el imperio. Todo en este mundo me estaba poniendo en estrés. Pero ahora solo estaba segura en que la paz no existía. Y mi único remedio para conseguir la paz interior era nada más y nada menos que buscarla afuera de las murallas de la confederación. —Si pero adentro de este reino, no me siento en paz. —No quiero arrastrarte a que los guardias nos busquen. Sabes que es peligroso. Nos matarían si les fuese necesario. —Quiero correr el riesgo. —¿Solo tú quieres irte de este reino? —Mar también. —No ella no. —Respondió con tono autoritario y me asusto. —¿Porque? —No está preparada. Y sería más difícil cruzar la barrera. —No la quiero dejar aquí. —No digo que lo hagas pero… —El dejo de hablar—. Sería más fácil que ella saliera después. —Pero sería dejarla y es como una hermana. —¿Solo ustedes dos? —Yo afirme con la cabeza. —Está bien. Nos iremos en una semana después de la luna llena del miércoles. Lo puede conseguir, Darius nos guiaría a las afueras de la confederación, seguro le había conmovido el corazón. Darius era el Nefelim mas bueno que conocía es más que estuviera en prisión estaba mal. Debería estar en un altar, porque parecía un santo. Ahora lo único que me impedía era Mar. Debía convencerla de inmediato solo quedaba dos semanas para el escape. Diablos las emociones me mataban, estaba tan ansiosa por irme que me iba a matar las ganas. —Pero…—La voz del Nefelim volvió a percutir con masculinidad en la sala—. ¿estas dispuesta a hacerlo todo por la libertad? —¿Porque la pregunta? —Eso me extraño de él completamente. —Afuera es un lugar inhóspito, es violento y sangriento. Y cada quien cuida su espalda como puede. Te pueden matar o violar y nadie se metería a ayudarte. Ese camino hay que pasarlo para llegar a la ciudad de la libertad. ¿Estas dispuesta? —Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario por salir de este infierno. —Ok, no dejare que nada te pase pero, ya estas advertida. —Oye vas a ir a la fiesta conmigo y Mar. —La fiesta esa de la que hablaban el ayer. —Yo afirme con la cabeza—. No sé. —Como que no sabes. Claro que sí. —No tomes decisiones por mi chica.            —Pero compre ropa para ti. —Enseguida de un brinco fui al sofá y busque aquel atuendo que me habían vendido en la tienda regrese a la cocina y se lo mostré Darius estaba de brazos cruzados y moviendo el pie de arriba abajo—. Mira.   Enseguida el vio el traje, completamente llame su atención con aquel conjunto. Primero recibió el traje, y lo puso en sus manos, lo estaba viendo y por el brillo en sus ojos pude ver que le gusto y como no le iba a gustar estaba a la moda, eran dos piezas, la parte de arriba la conformaba una camisa que parecía una chaqueta de cuero de color n***o, y debajo estaban los pantalones, algo ajustados en las pantorrillas con leves detalles de rasgados como si estuvieran rompiéndose, y para finalizar un par de zapatos de nueva edición a lo que las tiendas llamaban botas. Sin hablar de los pliegues y decoraciones de la parte superior de verdad era un traje genial. Darius vio una y otra vez el traje y en dos ocasiones intento decir algo, pero se detuvo y no hizo ruido, el silencio se mantuvo por un rato no pude contar los minutos pero fueron muchos, pensé que le había incomodado aquel regalo-obsequio que tanto necesitaba el prisionero. O tal vez era demasiado llamativo para él. Demonios en estos casos sí que no estaba enterada de lo que iba, nunca tuve un hermano al que comprarle ropa o regalos estaba no sabía nada de esas cosas. —Gracias —Al fin el rompió el silencio—. De verdad estoy muy agradecido por todo. —De nada.—Quede satisfecha pensé que con la ropa lo había ofendido.  —Para que te voy a decir que no. Iré a la fiesta contigo y Mar. Pero deberías explicarle a la chica que soy un Nefelim. —Sí. Eso no va a costar mucho. Yo me encargare de todo. También compre ropa para que estuvieras en casa, para que dejes usar esa ropa vieja. —El sonrió con gratitud. El ere un chico-anciano de más de dos mil años, muy apuesto más cuando sonreía. —Bueno. Iré a cambiarme de la cena me encargo yo. Me sentí cómoda en con esas palabras empezaba a ser el nuevamente y no el Nefelim que estaba pendiente de la filosofía del mundo. A mí no me importaba nada de eso con solo que me llevara a la salida de la confederación a mí y a Mar con eso quedaba satisfecha. Ahora que lo pensaba estaba más cerca de mi prometido de lo que esperaba y debería ir buscando algunas mochilas y comida para el escape, y además algunas cosas que íbamos a necesitar para emprender la caminata de un año hasta la ciudad de la libertad. Un año. De solo pensarlo me daba miedo, un año de camino, se me iba ahora llegaría cuando tuviera veinte años. Era una gran cantidad de tiempo pero igual la pasaría para llegar a mi destino, ya había soportado mucho y un pequeño esfuerzo para dejar aquel infierno no me iba a parar. Subí a mi cuarto a cambiarme la ropa toda sudada con la que llevaba desde la mañana. Me cambie por algo más cómodo, un short algo corto y una camiseta vieja que caía hasta mis rodillas y dejaba ver mis piernas. Darius era de mi total confianza a pesar que lo había conocido en un par de días. Me mostro sus recuerdos y dejo entrar en su mente, me dio su total confianza así que yo también lo trataba como tal. Ahora en las noches no cerraba la puerta con el seguro mágico, la dejaba abierta. Escuche como en la cocina algo se sofreía y salía un olor increíble, estaba convencida que debía bajar. Pero antes puse mi ropa que  acaba de comprar bajo la oscuridad de mi escaparate y baje a ver qué era lo que estaba cocinando Darius. Entre a la cocina y él estaba poniendo los platos, me dio pena en cierto punto lo tenía como un cocinero personal cosa que no me gustaba para  nada. Aunque tenía sus beneficios el tener aquella ventaja sobre las demás colegiales que apenas llevaban el almuerzo a la escuela. Pero yo tenía un experto guarda bosques y Nefelim nacido con el don de la cocina en sus manos. Me preguntaba que podría hacer esas mismas manos en una chica. Después con un amable gesto me invito a sentarme saco la silla del hueco de la mesa y yo  me senté. Note como me miraba de arriba abajo. Le había sorprendido que me hubiera puesto aquella vieja ropa, al igual que era solo para dormir nadie se iba a dar cuenta. Rápidamente saco de un sartén unos filetes de carne de color rojo, muy rojo era como que si todas las especias las hubiera combinado en una y naciera aquel filete jugoso y provocativo, era del color del pecado. También puso una ensalada, había cortado las papas y demás vegetales en rodajas y no en cuadros como hacían típicamente. Cosa que no me disgusto era como si estuviera dándole algo de espontaneidad a la comida. Algo fuera de lo típico. Pero tendría un buen sabor. De seguro se había esforzado mucho para hacerla, aunque nunca se obtiene algo solo por merecerlo, pero a simple vista claro que se veía bien. El olor era fuerte más de aquel guiso de la carne. Era rojo y además se podía ver como una pequeña grasa por encima algo que le daba paladar pero de un color un poco más claro. El olor era entre flores de margaritas y una sustancia que no podía distinguir, era un condimento, pero no sabía cuál exactamente. Orégano no. Manzanilla no tampoco. Que era en realidad aquella especie. Pero tampoco le iba a echar mucho tiempo pensando en eso, ahora iba a disfrutar de la comida. Darius puso un plato lleno de arroz y encima puso la carne con su exquisito guiso. Rápidamente también sirvió la ensalada en un plato aparte, y para terminar un jugo de manzana. La mejor de las frutas según yo, ojala Héctor cocine así. Lentamente comimos con el llegar de la noche, aunque ninguna palabra en especial se nombró, más que algunas preguntas que se harían dos hermanos al terminar el día. En realidad Darius se comportaba como el hermano mayor que yo nunca había tenido, claro con mis padres afuera de casa desde pequeña quede en la soledad pero supe apañármelas. Tal vez estaba incómodo y por eso no hablaba, espero que no sea eso lo que lo tiene en ese modo tan callado. O estaba recordando a Vanesa se podía ver como la amaba con el corazón. Amar… esa palabra Héctor también la había usado, pero en realidad que era, ni el libro lo decía a ciencia cierta. Para amar hay que tener una base estable para afincarse en ella y poder llegar a tener un diálogo decente y apropiado. Pero yo no podía hablar del amor de ciertas maneras. Como podía hacerlo sentir mejor si fuera el caso que estuviese pensando en ella. Era lo peor del mundo alguien que no había sentido ese sentimiento que sobre pasa años y milenios en el caso de él. Entiendo cómo se sentía yo también tenía un deseo, estar en libertad. Comparando mi deseo era más probable que pasara, pero el buscaba algo que ni siquiera sabemos que es realidad. Aunque nadie ha dicho que no lo sea. Eran como las primeras goteras que se caen de las nubes, se pierden con el tiempo. Intente hablar pero fracase. Que podía decir en aquella situación tan deprimente, él estaba triste seguro mermo su confianza en encontrar la fuente de la Vida. O que podemos saber estábamos destinados a ser los únicos que no pudiéramos hablar como tales. Él no sabía que era la fuente de la vida y yo no conocía la libertad. Cuando termine de comer me levante lentamente de la mesa. Y puse mi mano derecha en su hombro. Como si yo estuviera diciéndole que estaba con él en las buenas y en las malas, pero sin mencionar una palabra por mi boca. Su espalda era caliente con bondad suave y definida con un color inestable que variaba entre el color de piel clara y el rojo. Era un verdadero demonio y no podía ver sus cuernos más un pequeño y estrecho recubrimiento en su frente se podía apreciar era claro que ahí estaban sus cuernos. Yo después recogí los platos y los lleve al tanquecillo del lava platos no pensaba lavarlos ni que Darius lo hiciera. Después me fui a la sala de estar con Darius que aún estaba algo callado y miraba a un punto fijo del techo. Así paso por unos cuantos minutos hasta que mi primer bostezo de cansancio se dejó salir de mi honesta boca. Y mis brazos se estiraran por detrás de la cabeza y volviera a reintégrame. —Tengo sueño voy a dormir —Dijo él. —Yo también. —Voy al sótano. —Yolo detuve con una mano. Y lo agarre de sus manos con la otra. —No. Espera no quiero que duermas ahí con lo incomodo que es el sótano. —Inclino la cabeza como si no supiera de lo que estaba hablando—. Duerme en mi cuarto. —Como —Lo que escuchaste que duermas en mi cuarto. —Es enserio. —Claro parecía toda una ofrecida, pero que no se creyera que lo estaba invitando a hacer cosas. Solo quería que durmiera conmigo. Él tenía un calor en su cuerpo que me vendría bien en la madrugada inclemente en su frio invernal. —Si claro. —¿En el piso verdad? —En la cama. —¿y tú? — También en la cama. Entiéndeme no quiero dormir sola y tu además amas con tu corazón a Vanesa no creo que vayas a intentar algo. Tengo un short además. —alce mi camiseta y se lo mostré, aunque él se quedó viendo un poco avergonzado y yo también lo estaba, aunque para arreglar las cosas solo me eche unas risas en complicidad con él—. Además es mejor que duermas en un colchón con tu forma normal que con esa forma de gato-zorro-no sé qué más.  —Me puede convertir en setecientos animales. —Es un gran número, pero esta noche no te vas a convertir en nada. Solo tú y yo. —Creo que no puedo negarme dado a tu postura no me dejaras dormir en el sótano, pero en cambio tendré que dormir contigo. —Si así mismo. —Bingo lo había conseguido siempre me salgo con la mía. —Está bien voy subiendo. Darius se perdió de mi vista pero cumplió su palabra subió al cuarto para irse acomodando, yo tenía una emoción algo tonta por dormir con alguien más que no era Mar. Me concentre y cerré todas las ventanas y cerré la puerta con el seguro mágico. Ahora si estábamos seguros de todo el mundo exterior.  Ahora estaba lista también para subir a acostarme a dormir. Aunque a veces el tiempo se me iba en un parpadeo, hice lo posible para tardarme en subir por las escaleras para poner más nervioso a Darius. } Cuando subí todos los peldaños de los escalones puse marcha a la habitación. Camine por el pasillo en pequeños brincos con las puntas de los pies para dar algo de emoción y después me fui directamente a la puerta de mi habitación. Estaba abierta me extraño que no estaba cerrada.  Entre al dormitorio y él estaba en el piso sentado como si me estuviera esperando. —¿ Qué haces ? —Esperándote. —¿Porque? —Es tu cama no mía no sabía si…—Sin dejarlo hablar le agarre de las manos y lo empuje a la cama, haciéndolo que se sentara encima del mueble. Sus patrañas ya me empezaban a molestar. —Acuéstate con toda confianza. —casi que le ordene en un orden rudo que se acostara a dormir de una buena vez. Pero estaba un poco incómodo. —Está bien. —Con calma se quitó aquellas pantuflas en forma de las garra de un dragón que le había dado para que anduviera por la casa, después con un par de movimientos se puso al otro extremo de la cama lo más lejos posible de mí. Aunque fuera una indirecta me dolió un poco estaba siendo malo con mi persona solo quería darle una noche de cariño y el me trataba con tosquedad. Después me acosté yo y me acerco un poco a él, hasta el punto donde su cara estaba a centímetros de la mía. Tan pocos centímetros que nos podíamos besar fácilmente.  Pude ver como un mechón de cabello salía de su espesa cabellera y caía por su frente. Rápidamente yo lo acomode y puse de nuevo en su pelo. —Gracias. —Musito tan pasito con una voz que parecía a la de un bebe. —De nada. —le seguí el juego. Baje mis manos de su cabeza y las puse en su hombro como si fuera mi soporte, su calor era incorpóreo y podía sentir aquellos latidos de su corazón. Eran entre fuertes y suaves golpecillos de tambor. Perfectamente seguían una sincronía como el sol, o como un reloj de arena. El cerró los ojos, pero antes se puso la cobija encima. Yo por mi parte me di media vuelta y le di la espalda. Y agarre uno de sus brazos, puse mi espalda en su pecho y después puse su brazo sobre mi cintura así dormiríamos mejor,  las sabanas nos acurrucarían y su calor me mantendría sin frio, era perfecto. Ya estando así, Podía escuchar su respiración aunque era un poco acelerada. Con el tiempo se relajó algo más. Pero entre el cantar de los grillos y brillo de luna creciente pasaron las mejores horas de mi vida, deje la soledad de lado, aquella soledad que me había perseguido desde que era niña desde que mis padres se había ido de casa. El quedo    
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