En ese mismo momento me di cuenta que no podía sentir nada, aquel libro viejo tenía razón, el amor era muchas cosas en una sola. El autor nunca estuvo definido, parecía que estaba rasgado en donde antes estaba el nombre del ser humano o mago que creo estas palabras. Pero eran ciertas, cada vez que yo daba un paso creyendo que era amor, solo estaba pensando un pequeño retazo de alma, no era verdad era un sentimiento piloto que se apoderaba de mi alma, pero al mismo tiempo me daba una idea clara, yo no había sentido nada de amor en mi vida, mis padres se habían ido cuando era pequeña desde eso tiempo me cuide sola y al día de hoy lo sigo haciendo. Después pensé que la vida no me la podía jugar peor, un guardia me quito la pureza que me caracterizaba y ahora vivía en una nación en la que los sentimientos música arte y todo tipo de relación estaba prohibidas.
Las cosas nunca han tenido sentido en el mundo, cuando estaba en la niñez vi un perro que se comía un hueso, entonces otro perro llego yo pensaba que iban a compartir el hueso, pero por intereses propios y por hambre el perro que estaba comiendo se alejó de él, y empezaron una pelea, yo como niña inocente que era, me metí a separarlos pero a consecuencia solo conseguí que uno de ellos me mordiera, empecé a llorar como no tenía idea. Nunca en mi vida llore tanto, recuerdo que mi padre me tomo de entre los perros y me llevo cargada a casa, mi mama al verme corrió aterrada, nunca pensó que algo así pasaría, apurada busco entre los medicamentos el alcohol y una pasión para calmarme, quitándome la sangre de la herida, después vio como los colmillos había quedado marcados en mi pierna, entonces uso más alcohol cuando vio la profundidad de la herida. Al final en menos de cinco minutos más ya me había vendado. Yo estaba mejor pero no podía caminar bien sentía como un fuego me invadía cuando pisaba el suelo y ese ardor me duro una semana completa.
En fin quería que resolver un problema y cause otro, pero el amor de mi madre me salvo y curo de las infecciones y además me preparo unas galletas, amaba esas galletas más cuando las rellenaba con azúcar y chocolate, cuando nos sentábamos juntas en la chimenea a cantar o a contar historias, cuando dibujábamos alguna tontería y al final terminábamos colgándola en la puerta de los dormitorios. Cuando dormía aquellas larga siestas abrazada de mi madre, ese calor creo que sabía cómo se llamaba, amor.
De tanto pensar me quede dormida, con los libros encima de mí, lentamente cerré los ojos hasta que pude visualizar la luz del cuarto apagarse, o eran mis ojos que se cerraban, estaba tan cansada que no pude darme cuenta de las demás cosas, pero esa noche me aferre a ese pequeño libro que me hizo recordar tan buenos momentos que creía olvidados. Creía que habían desaparecidos esos recuerdos que llenaba a mi corazón de un fuego o mejor un calor que me invadía y me hacía sentir llena de felicidad, con buen ánimo, aquella llama que se nombraba de manera incierta pero que contenía grandes cosas.
El día siguiente desperté muy por la mañana a pesar que me la pase la mitad de la noche leyendo aquel libro. Cuando me levante de la cama puse los libros en la mesilla que siempre me acompañaba en las noches. Hoy mar no vendría, porque iba a estar ocupada, entonces para no quedarme sola en casa decidí dar un paseo. Busque la ropa más simple que tenía, una falda un poco corta y una blusa con escote. Aunque no era revelador me quedaba al cuerpo se me veía bien, me maquille otra vez, para quitar aquellas ojeras que tenía. La verdad estaba contenta con lo que había recordado ayer, buenos momentos de felicidad. Entonces la silla de ruedas me iba a acompañar al parque, era el único destino el cual quería visitar.
Desayune algo rápido que encontré en la cónica y Salí de la casa, queriendo solo volver en la noche para seguir leyendo aquel libro. Aunque para ser sincera lleve el libro al parque, no quería estar en algún tipo de aburrimiento, el parque de la zona residencial no es tan grande como el de la ciudad, pero tenía buena iluminación y bonitos arboles de cerezos en los que se podía leer tranquilamente. Fui empujando las ruedas de la silla con poca fuerza para contemplar aquella mañana de buena fecha, el aire era fresco y una brisa fría acariciaba mis piernas destapadas. Salí de mi patio después de cerrar la puerta, cuando entre en la siguiente zona residencial vi a todos como estaban cumpliendo con sus deberes diarios.
Baje la pequeña elevación para llegar al parque y tomando impulso llegue a la siguiente calle, las personas estaban entretenidas en sus cosas, la mayoría se dirigía al trabajo y puesto que no podía ir a la escuela tenía que hacer algo para que mi cerebro no explotara del todo. No me gustaba estar encerrada entre aquellas calurosas paredes y menos en la soledad de la casa, Mar no iría hoy así que era mejor salir de aquella vivienda llena de caos. Buscaba escapar, pero no era propio de mí, aunque cuando estás cansado de algo buscas la manera de no regresar a ese lugar, o no por el mayor tiempo posible. Así que me ubique en el mejor cerezo a una de las esquinas del parque donde el sol no caía sobre mi directamente, sino que las hojas de los arboles me tapaban de sus rayos y así mismo de la brisa y demás factores climáticos.
La vista era maravillosa en este día, la pequeña fuente estaba llena de pájaros, el césped del mejor verde, además las personas se veían felices. Varios animales pasaban por el pequeño parque, entre ellos las ardillas y las palomas que en su mayoría eran un ejército que oscurecía el cielo cuando volaban. Yo estaba contenta me sentía feliz, llena como si nada me faltara, disfrutaba cada rayo de sol que me daba con escaso pudor en la cara. Y me acariciaba el rostro como si fuera un amante que me diera amor puro. Yo cerré los ojos para disfrutar de la brisa el sol y los sonidos. Que maravillosa vista. Un maravilloso ambiente. La paz era sorprendente en aquella zona. Recordé que nunca había echo esto, entre las clases y demás cosas que hacía con Mar. Yo olvide mi vida, la deje de lado ya era necesario un momento para mí. Un momento para volverme a conocer, porque no era yo la que estaba viviendo en aquella coraza que llamaba cuerpo. En ocasiones parecía que el viento susurraba mi nombre e imagine aquella ciudad distante donde había libertad. Las nubes chocaban con los rascacielos, la gente caminaba por montones en las calles, las familias estaban felices, cualquier ciudadano podía vivir como quisiera, las montañas cubrían a este edén, los atardeceres eran del más bello rojo y las mañanas ávidas con peso de ciudad, Pero de nuevo ponía los pies en la tierra. Volví a la dictadura.
Mi sonrisa en la cara llena de felicidad desapareció. Y se fundió con una mueca. Era como un contador que subía de nivel. Las cosas se acumulaban y no fluían. Después de un rato cuando el sol estaba en su punto más alto, apareció más gente en el parque, era la hora del almuerzo. Entraron tantas personas que los caminos se llenaron en un santiamén. Yo quedé sorprendida era la primera vez que veía tanta gente junta. Todos llevaban un almuerzo en las manos y casi todas las personas que entraban allí estaban sanadas, ya habían recibido su poción, su cura, pero me di cuenta que su mirada estaba vacía.
Entonces que podía hacer yo, sus ojos estaban muertos, ya sabía que ser sanado no era la mejor opción para resolver problemas. Los manuales de requerimiento antes de la sanación dice que después de la cura cada día, de tu vida va a estar controlada por tu marido, además deberás servirle y atenderle un todo, lo que hace una esposa normal, lo único contrario que nadie decía, era que esa pareja la seleccionaba el gobierno. Así que pasaras el resto de la vida con quien elija un empleado sentado en una oficina, cosa que a mí no me interesaba para nada. Ni la idea del matrimonio ni la selección. Yo solo quería ser libre como un soplo de aire, que se va con la corriente y nunca más lo vuelves a ver.
Las cosas en la confederación mágicas no eran malas, pero el gobierno si, además ya había dominado a la mentalidad de la gente, y aunque hubiera más lugares a donde ir, el mismo dictador había puesto una barrera mágica que le daba una descarga eléctrica a la gente que quisiera escapar de las fronteras. Cosa que nadie había comprobado por miedo a que alguien muriera, la gente decidió bajar la cabeza antes de luchar, pero creo que es mejor que las cosas hayan pasado así, no me imagino la cantidad de muertos que llegaría a haber en una guerra civil contra el gobierno. Era como caminar por un camino amplio estando solo. No sabes a dónde vas. Pensaba mientras que la gente comía y disfrutaba su almuerzo.
Pasaron como dos horas más, pensaba que las cosas ya estaban aburridas en el parque, todo era lo mismo, ver algunas palomas volando, y a las ardillas correr detrás de otras buscando alguna bellota para comer. Yo casi me iba a casa, pensaba que aun debía traducir aquellas páginas en el libro de las crónicas. Entonces fui empujando la silla de ruedas poco a poco hasta que escuche nombrar mi nombre.
—Ya te vas tan rápido Lenya. —gire mi mirada inmediatamente a donde estaba esa voz que me parecía conocida, Héctor venía detrás de mí. Buscándome con los ojos, poniendo su mirada en mí. Que hacia ahí, como estaba en el parque, y que había pasado con la biblioteca, no tenía trabajo, miles de preguntas pasaban por mi cabeza en ese momento, hasta deje de hablar por la misma causa.
—No te vayas, acabo de llegar. Pero creo que primero debo saludarte.—El sonrió cerrando los ojos— Hola.
Yo aún no me lo podía creer, era el, ese chico que había conocido una semana antes, Héctor el joven que trabajaba en la biblioteca. Rápidamente reaccione, y le respondí con una sonrisa en la cara.
—Hola. —Él se acercó más.
—¿Que te ha pasado?
—Pues… Tuve un accidente. —Me vio de pies a cabeza.
—Pero fue muy grave, ¿estás bien? —Me gustaba como hablaba. Enseguida conteste.
—Si estoy bien solo fue unos moretones. —Me estaba justificando, no quería que supiera lo de la redada, mejor que nadie supiera, pero el pareció que no le importaba mucho y no me pregunto más sobre los moretones— creo que debo irme. Tengo cosas que hacer.
—No espera un momento. —Su voz me decía que ansiaba el que me quedara un rato con él, pero podía ser peligroso. Inmediatamente saco un algo parecido a un libro de su bolso, algo cuadrado de color n***o— Es de Carpinsor.
Inmediatamente me paso el extraño libro. Yo lo tome entre mis manos, y entonces abrí la portada.
(Noches de luna llena) Decía en el titulo Yo lo mire con asombro.
—Pero como lo conseguiste este libro es… — No pude decir la palabra que seguía.
—ilegal. —Termino de completar mis palabras—. Tranquila le hice una copia en la PC. Para ti.
—¿Qué pero?… ¿y cómo?…
—Te lo iba a dar cuando fueras a entregar los otros libros.
La gente alrededor de la plaza estaba empezando a verme de manera extraña, pero de cierta manera debían sospechar, dos jóvenes que estaban debajo de un árbol de cerezos en una conversación candente, si no me iba ahora mismo la gente iba a sospechar.
—Debemos irnos. —Dije con voz autoritaria.
—Si es verdad, ellos lo notaron llamaran a los guardias si pasamos más tiempo juntos. —El miro a los lados un par de veces— Lenya tengo que irme a la biblioteca e imagino que también debes de tener cosas que hacer. En el libro está un numero de lacrimas al que puedes comunicarte, ya sabes con algo de cautela, llámame en la noche, cuídate.
El chico me dio la espalda y enseguida se fue por uno de los caminos de piedra del parque, pero antes de que se alejara, saco de su bolso una hoja de papel, y escribió algo en ella, después la doblo, u se giró de talones para verme. Después grito mi nombre, cosa que me asusto mucho. Yo lo miro mientras que el con sus manos hacia un hechizo. De sus manos el pequeño papel doblado en forma de una golondrina empezó a volar, con delicados aleteos el papel se fue acercando a mí, y al final aterrizo en mis manos con mucha delicadeza lo abrí Yo la recibí con un poco de emoción en el pecho, abrí la el papel y encontré escritas unas palabras.
Aunque estés llena de moretones y de magulladuras te ves muy linda.
Cuando volví a alzar la mirada el chico me sonrió de manera tan sincera que sentí algo en el pecho, el después se dio la vuelta y se fue caminando a la biblioteca. Yo con una sonrisa fui empujando las ruedas de mi silla esta vez con un poco de más alegría que antes, en unos momentos me di cuenta que el chico tenía unos ojos muy bonitos comparados con la miel que se le unta a las panque cas en los desayunos. Me fui directamente a casa con una sonrisa en la cara esperando que se me pasara aquella felicidad, además hoy tendría algo nuevo para leer.
Era como una pequeña capsula comprimida de emoción-barra-felicidad era como si me pasara aquel dolor de estar encerrada en los límites de la confederación y me fuera con ese chico al país de la libertad, era como si estuviéramos sentados en un prado viendo un bello atardecer, haciendo las cosas que siempre hacen las parejas, no pude evitar ruborizarme y me costaba contener aquella sonrisa pícara llena de ternura. Así fui de vuelta a la casa, no me moleste en ocultar el libro, ya me daba igual que algún guardia preguntara por él. O si me cachaban con las manos en la masa, estaba feliz una sensación que no sentía desde hacía mucho. En realidad no recordaba cuando fue la última vez que sentí felicidad en mi pecho, hasta se me había olvidado que era aquella emoción como cuando se hace una travesura.
Después de la subida y no muy empinada cuesta volví a la casa, me tendí en la cama a leer, ahora tenía que hacer, pero antes comí un pequeño pan, algo que compre de camino de regreso. Aunque antes de leer la magnífica obra de Carpinsor eche una ojeada al libro de ayer, Que es el amor. Pase las paginas llegue a donde había quedado y volví a leer. Pase el párrafo largo, en la siguiente página encontré otro párrafo. Era un poco corto.
El amor es una cosa de enfermos, la enfermedad se esparce por tu cuerpo, el primer síntoma es sonrisas incontroladas y rubores en la cara, después pequeñas puntadas en el pecho, como si fuera emoción. Los segundos síntomas es creerse querido, la naturaleza del humano lo empuja a su misma exaltación, cosa que también pasa con los magos. Los siguientes síntomas son: perdida de la memoria a corto plazo, estrés, emoción, satisfacción y ansiedad severa. Y necesidad de la otra persona, en estos casos si la última es muy intensa o necesaria la persona conoce el amor, y la persona sufre de un enamoramiento severo, está por el camino de conocer al amor. Esta por el camino de vivir.
Después que leí ese párrafo, pensé en Héctor. Lo que había sentido era un síntoma del amor, pero tampoco pienso en que sea un síndrome tan peligros (si lo era) pero lo que sentía cuando estaba con ese chico era, paz era vida, como en el libro lo decía, sentía que las emociones pesaban de un gris intenso a un color rojo o más bien a un arcoíris que todo era más bonito y placentero cuando él estaba y solo me había tomado hablar con el cinco minutos para comprobarlo.
Después cerré la portada del libro, ahora me centre en ver Noche de la Luna Llena la novela-escrito más popular de Carpinsor. Las hojas no eran de papiro normal, eran menos densas y su grosor era menos grande, las hojas del libro eran más suaves de lo normal, y además las letras estaban escritas en un estilo diferente al de los demás libros. Empecé a leer y me fascine en su forma de relatar historias. Noches de luna llena contaba la historia de un Hombre lobo que se enamoró de la más bella vampiresa.
El lobo se llamaba Mau. Y la vampiresa Helena, ambos se conocieron en una noche de cacería, la luna estaba llena, el hombre lobo corría por entre los arboles con toda agilidad para atrapar un ciervo. Entre tanto correr se separó de su manada de lobos. Corrió en cuatro patas hasta el rio para reencontrase con su manada, pero lo que encontró fue a una hermosa vampiresa montando a caballo. El lobo quedo impresionado con la belleza de la vampiro, casi que ni siquiera se movió de donde estaba, sus enormes ojos de bestia se posaron en las líneas del cuerpo de la chica.
La vampiresa vio al lobo al otro lado del rio, en primera instancia se asustó tomo una espada de plata que cargaba siempre que salía de caza con el resto, ella también se había separado de su grupo. Helena se acercó un poco más al lobo con miedo pero atenta a todo lo que pasara. El agua del rio pasaba entre la patas del caballo de helena mientras que la luna estaba completamente llena. Mau se quedó entre los matorrales del bosque. No quería hacer un acercamiento mientras que ella se acortaba la distancia con leves pasos.
Helena cuando cruzo el rio se bajó del caballo, la espada la tenía empuñada y los ojos rojos de la chica brillaban. Mau dejo su forma animal al ver a la chica. Entonces recobro su forma humana. Y se acercó a la chica de espacio y con calma. Helena vio como un hombre salía del espeso bosque y levanto la espada. —¿Quién eres?— Dijo helena en un susurro discreto. —Soy un hombre lobo, pero quieta no te hare nada puedes bajar la espada— Helena no confiaba en la palabra del hombre lobo, pero envaino la espada. —estaba casando y ¿tu?— Pregunto Mau. Helena estaba dudosa en contar como llego al lugar. —¿Estas solo?— Dijo ella con interés. La vampira sabía que podía ser solo una trampa, y estar rodeada de feroces lobos lista para desmembrarla y hacerla rehén. —Si estoy solo— ella sin ningún tipo de justificación confió en el. —¿Porque estas solo?— El dejo la oscuridad de los árboles, y empezó a caminar hacia el brillo de la luna. Helena pudo contemplar aquella belleza que cubría la bestia. Sus ojos eran claros, grises como las nubes de lluvia, su piel era clara y su cabello blanco. Helena admiro tales rasgos físicos. —Me perdí— respondió con algo de vergüenza poniendo una sonrisa en su cara.
La chica también sonrió siguiendo el juego de la luna, Mau se sorprendió, la belleza de la chica era embriagante, sus ojos rojo parecían manzanas jugosas que podían morderse, mientras que su piel pálida, brillaba entre un gris y un blanco pálido, el lobo tenía ganas de morder aquel apetitoso cuello. Mientras que una su línea de cuerpo era delgada en la cintura y anchas en sus caderas y pechos, como si fuera una abeja pero no tan deslumbrante.
La chica dio dos pasos hacia atrás, choco con una roca y cayó al piso, el lobo ágil con sus ávidos movimientos la tomo de la mano antes de que cayera. Ella se asustó, pensaba que el lobo le iba a hacer daño. Cerró los ojos fuertemente. El chico estrecho a la chica en un fuerte abrazo —No te asustes, te ibas a caer— dijo rápidamente para que ella no se asustara. La chica sintió el calor del pecho del lobo, sus músculos eran rígidos y firmes perfectos para apoyarse en ellos. El silencio era perfecto, ninguno de los dos pronuncio una palabra, el rio dejaba escuchar su caudal donde los pequeños rápidos hacían quebrar el agua, con el ambiente más silencioso, entre las cuerdas de los grillos y los murmureos de los búhos ella también conoció el latido de un hombre lobo.
La chica después de unos minutos escuchando el creciente murmullo del corazón del hombre lobo (acelerado y agitado fuerte y tenaz) se separó con dulzura intentando no tocar el pecho tonificado. Mau la miro directamente a la cara, a los ojos, donde su brillo deslumbro al lobo. —¿Cómo te llamas?— Mau pregunto con voz ronca y lenta, como si estuviera completamente entretenido y lo estaba pero en ella. —Me llamo Helena— ella sonrió y vio a los ojos mate del lobo. —¿Y tú?—Pregunto al mismo tiempo que le regresaba la sonrisa. —Yo me llamo Mau— la chica pensaba. Un silencio breve se sintió entre ellos, hasta que la brisa del aire los obligo a hablar, al mismo tiempo en armonía. Chocando sus palabras.
—Tu primero—Dijo ella riéndose un poco. Mau no dudo en hablar como pudo pero estaba nervioso.—¿porque vagas sola por las penumbras?— la chica inclino la cabeza como si no supiera de que estaban hablando. —Creo que también me perdí—. Rio con algo de picardía e ignorancia. —Oye pero andas a caballo, porque no haces que el busque a tu manada— Ella rio. —Nosotros no somos manada como ustedes, nosotros somos una cuadrilla, y creo que me perdí cuando estaban cazando a unos humanos— el chico se puso pálido como si hubiera visto un fantasma —¿Humanos?— Ella afirmo con la cabeza.—Esto es malo, si mi manada se encuentra con los humanos van a empezar una guerra— Ella se sentó en una roca. —No creo, porque los humanos que vimos no eran caballeros ni guardias, eran solo humanos comunes y corrientes— el confió en ella, aunque seguía perdido de su manada. —No sé dónde están mis compañeros, este basto bosque es tan grande que no puedo ubicarme, sabes por donde ir a la colina del norte— ella se levantó de la roca. —¿allí está su manada?— El afirmo con la cabeza —Pero no se lo digas a nadie— ella guardo silencio, sabía que los vampiros estaban buscando la casa de los lobos para ir a quemarlos y esclavizarlos. —Si no voy a rebelar tu secreto— ella miro a la luna —Lo juro por la luna— Y alzo la mano en dirección al cielo morado.
—Helena eres muy bonita— la vampiresa se ruborizo hasta el punto de que su cara estaba al igual que un tomate. —Gracias— era la primera vez que escuchaba a un hombre lobo alagar a una vampiresa, aunque las historia que le contaba la gente de su clan, en las que había habido romances entre integrantes de ambas razas era un mito una farsa para la chica. Aunque en varias ocasiones algunas de las doncellas que pasaba por los amplios pasillos del castillo, mencionaban el nombre de la luna llena, donde las criaturas de la muerte, el nombre que los humanos habían puesto a cada r**a, se encontraban en completa armonía y se palpaban en las sombras, a ese momento se le llamaba “Utopía” —Esto es una Utopía— dijo sin darse cuenta que lo pronuncio alto. Ella miro con alarmo al chico, pensó que no sabía nada del tema. —Sí creo que parece— ella lo miro sorprendida. —¿Sabes lo que es?— el afirmo con la cabeza. —Un día de pequeño vi a un anciano en un pueblo, y me conto sobre como había visto que dos razas que se odiaban, terminaron en una guerra por el amor de dos de sus integrantes. Por el amor de una vampiresa y un hombre lobo— El silencio los volvió a invadir. Al rato ella rompió el silencio —¿Crees que sea cierto?— Mau estaba viendo como fluía el agua. —Puede ser— no dijo más palabras y metió su barbilla entre sus brazos y siguió mirando al agua. —Mau ¿Cómo son tus amigos? — Mau dudaba en contestar, pero al cabo de unos minutos decidió hacerlo. Helena pensaba que la pregunta había sido indiscreta y por eso callaba. —Son una pila de locos, pero son los locos más divertidos que vas a conocer— helena sonrió con aquella delicadeza que caracteriza a una mujer. —¿Y las tuyas?— pregunto él. —No tengo muchas, solo un par porque…—Helena dejo de hablar de un momento para otro. —Entiendo—.dijo Mau sin previo aviso.
Helena después de unos minutos vio como el chico estaba sintiéndose más cómodo, conversaron un rato más, sobre los humanos, sobre sus razas, sus casas amores, en fin sobre casi todas las cosas por las que hacían vida. Así la conversación se elevó hasta cierto punto que la fría noche había pasado de moda, ahora solo las palabras de dos razas distintas se cruzaban. Mau ahora se sentía como en casa, la amable chica era conversadora y a la vez dulce, le gustaba aquella personalidad tan energética y cariñosa, mientras que la vampiresa disfrutaba ver como el hombre lobo contaba aquellas historias de desventuras con sus colegas en cada cacería.
Al cabo de dos horas más, ellos estaban cansados, helena había bostezado como mil veces, pero montar a caballo era difícil y más cuando aún debía regresar a casa, a explicarle al clan donde había estado. Seguro que la estaban buscando. Mau sentía lo mismo, sus colegas ya se habrían dado cuenta al respecto de su ausencia y lo iban a buscar en cualquier momento, entonces en su cabeza se cruzó un pensamiento tenebroso, la presencia de una vampiresa, si los amigos de Mau encontraban a helena en el rio, la iban a desmembrar pero no sin antes abusar de ella. para defenderla Mau debía pelear con los de su propia familia, con los que se salía a cazar por las noches, con los que compartía comida, con los que siempre estaban en la casa jugueteando o peleándose. Con aquellos que había crecido y criado, sus hermanos pero de otra sangre. —Esto es grave— Ella inclino la cabeza otra vez al escuchar la voz de Mau. —Que quieres decir— Mau se levantó de la roca y sacudió sus pantalones. —Si nos encuentran juntos, tal como en el cuento de la Utopía, nos mataran y a ti te… Bueno ya sabes— Helena reacciono. —Si es verdad nuestras razas se odian sin motivo—. Mau afirmo con la cabeza. —Debo irme. Pero ha sido un gusto en conocerte Mau, desde hoy sé que todos los hombre lobos no son iguales— Mau intento detenerla poniendo una mano sobre su hombro, ella de inmediato sintió un choque de electricidad correr por su cuerpo. Nunca nadie antes la había tocado. —No debemos de separarnos, encontrémonos aquí la próxima luna llena, cuando la luna este en medio del cielo e ilumine todas las partes— ella afirmo con la cabeza, pensando que era buena idea pero peligrosa.
Termine de leer aquella páginas, no podía creerlo era una novela de Carpinsor, estaba completa, el primer capítulo me había fascinado, no leía aquello desde hacía mucho tiempo. Era reconfortarle leer algo entretenido algo que no fuera solo un manual acerca de la cura. Ahora paso sus páginas hasta la última, ahí estaba el número de lacrimas de Héctor. Primero pensé en llamarlo rápidamente, pero dude, estaba confusa porque ahora me daba su número y además este libro, en primer lugar él estaba curado. Porque no conseguía estar en sintonía con lo que pensaba, había aparecido en el parque sin ningún motivo en primer lugar. Podía ser que viviera en la zona residencial, pero era imposible. Nunca le había visto por ahí