—Dime que no es cierto. —Su labio inferior empezó a temblar. —Copito... —Isabel se adentró a la habitación, quería explicarle pero que le iba a decir que no hubiera leído ya. —Dime que no vas a morir. —Le suplico, dejo de lado la hoja y fue corriendo hacia su mamá para emvolverla en un abrazo desesperado. No pudo contener las ganas que tenía de llorar y tampoco es que tratara, en ese momento no le importó demostrar sus verdaderos sentimientos. —Mi vida, mi niña hermosa. —Isabel estaba tratando de consolarla—. No tenía por qué enteraste asi. —Mia se alejó un poco de ella al escucharla. —¿A caso no iba a decirme? —No era momento de reclamar nada, pero la idea de que hubiera querido ocultarle la verdad le dolia aún más. —Claro que no, pero sería mejor si lo sabias después. —Mia negó. —

