Algo húmedo acaricia mi nariz, haciéndome cosquillas. Lentamente abro los ojos, parpadeando ante la luz solar que entra en mi habitación. Me echo para atrás, porque la lengua morada de un cachorrito es lo que me ha despertado. Me quedo mirándolo con confusión, ¿todavía estoy soñando? Parece que sí, eso, o mi madre se ha vuelto loca y ha decidido meter un terrier blanco a mi habitación. Mueve su colita y aquello me hace sonreír, es pequeño, pero está a la espera de juguetear. Vuelve a pasar su lengua por mi mejilla y me rio, es precioso y tierno. Hay un lazo azul de regalo que envuelve su cuello, porque eso exactamente es lo que es. Sonrío y me quedo acariciando al pequeño amiguito, que me mira con inocencia, sin prejuicios, como si de pronto me convirtiera en su mejor amiga. Nunca tuve

