Sé que digo que soy la mujer que la peor suerte del mundo, pero es la verdad. Lo confirmo al darme cuenta de que el hombre que están a punto de presentarme, uno de los más acaudalados del país, es también el mismo al que le estropeé el auto e insulté y, además, el padre del hombre de quien me estoy enamorando. —Yo… ah… tengo que ir al baño urgente —murmuro, obligándolo a que se detenga. Lo hace con renuencia, me da una mirada, frunciéndome el ceño en preocupación. — ¿Estás bien? Asiento energéticamente. —Sí, solo dame un momento y volveré —pido, o más bien suplico, porque no estoy preparada para encontrarme con su familia todavía. Lucas asiente, no luce convencido, pero da la vuelta y me guía hacia un pasillo poco iluminado donde están los baños. Lejos de su familia, puedo respir

