Evento corporativo. 3

2579 Words
Justo cuando Mikaela comenzaba a relajarse y a disfrutar del baile de sus padres, una voz aguda irrumpió en su burbuja de tranquilidad: — ¡Señorita Morozov! — gritó Karolina, una de las colaboradoras de recepción, corriendo hacia ella entre las mesas, su rostro reflejaba preocupación y un poco de pánico. Mikaela se incorporó de inmediato, dejando el brazalete brillante sobre la mesa. — ¿Qué sucede? — preguntó, frunciendo el ceño. — ¡Tenemos un problema en la recepción! — dijo Karolina, casi sin aliento — El gerente... está un poco ebrio y un huésped está rechazando el cobro de su habitación, la situación se está complicando y Sam ya está perdiendo la paciencia. — Mikaela sintió cómo la adrenalina recorría su cuerpo. Por unos segundos, todo lo demás desapareció; los invitados, los elogios, los regalos. El evento podía esperar; su responsabilidad estaba en el Crystal Bay, en mantener el control de todo, incluso cuando otros fallaban. — Está bien... — dijo con firmeza — Llévame allí. — se puso en pie. Karolina la guio rápidamente hacia la salida del salón mientras Mikaela ajustaba su cartera y se aseguraba de que su vestido no se enganchara en las sillas o en la decoración, sus tacones resonaban sobre el piso de mármol, un ritmo rápido y decidido que contrastaba con la música suave del evento. Al llegar a recepción, el caos era evidente. Sam, el jefe de seguridad, estaba intentando calmar a un huésped que levantaba la voz, mientras el gerente del turno nocturno intentaba explicar la situación con un tono que apenas disimulaba el efecto del alcohol. — ¡Señorita Morozov! — dijo Karolina, señalando la escena — Necesitamos que intervenga, antes de que esto se salga de control. — Mikaela inhaló profundamente, ajustó la correa de su cartera sobre su hombro y dio un paso adelante. Su presencia inmediatamente captó la atención de todos, la tensión en el aire se percibía pesada, pero había algo en su postura, en la firmeza de su mirada y en la claridad de su voz, que imponía respeto instantáneo. — Vamos a resolver esto —dijo, con tono calmo pero autoritario — Por favor, señor, sígame un momento para aclarar todo. — el huésped la miró, sorprendido por la seguridad y la elegancia que irradiaba, mientras Mikaela se acercaba al escritorio con una mezcla de profesionalismo y determinación. Sabía que aquella situación podía convertirse en un desastre para la imagen del hotel si no actuaba rápido. Karolina respiró aliviada, por primera vez, parecía que el caos iba a tener control, Mikaela respiró hondo y se acercó al escritorio con pasos firmes. — Señor, por favor explíqueme exactamente qué sucedió. — dijo con voz clara y calmada, sin prisa, pero con autoridad. El huésped, un hombre de negocios alto y de gesto irritado, cruzó los brazos. — Nos hospedamos, mi jefe y yo, en habitaciones de lujo... — explicó con un tono que mezclaba molestia y exasperación — Sin embargo, nos están cobrando por servicios que no solicitamos y, peor aún, que nunca recibimos. — Mikaela asintió ligeramente, sin interrumpir, mostrando que estaba escuchando con atención. — Entiendo... — dijo con serenidad — Gracias por aclarármelo. — se giró hacia Karolina y le pidió — Tráigame el iPad con los registros de las habitaciones, por favor. — Karolina lo entregó de inmediato. Mikaela tomó el dispositivo con firmeza y comenzó a deslizar los dedos sobre la pantalla, revisando cada detalle; fechas, cargos, servicios adicionales, notas de los recepcionistas, mientras lo hacía, su mente trabajaba rápido, evaluando las posibles causas y cómo solucionarlas de manera inmediata. — Señor... — empezó Mikaela con un tono medido, elegante — Lamento sinceramente la confusión con los cargos, estamos revisando cada detalle para corregirlo de inmediato y garantizar que su experiencia en el Hotel Crystal Bay sea impecable. — el huésped la miró, un poco sorprendido por la combinación de firmeza y cortesía. No había titubeos en su voz, pero tampoco un intento de agradarle a toda costa, Mikaela no era lambiscona, y tampoco parecía desesperada; transmitía seguridad. — Verá... — continuó mientras deslizada sus dedos con rapidez sobre el iPad — Aquí están registrados los cargos de su habitación y los servicios asociados, puedo ver que hay un error en los cargos de minibar y del servicio de lavandería, ninguna de estas transacciones fue realizada por usted ni por su jefe, y procedemos a eliminarlas de inmediato. — Karolina observaba a Mikaela con admiración silenciosa. La manera en que abordaba la situación era impecable: firme, profesional y justa, no había excusas ni promesas vacías, solo hechos y soluciones. — Además... — agregó Mikaela — Vamos a emitir un reembolso inmediato por cualquier cargo incorrecto y le enviaremos la confirmación a su correo electrónico, queremos asegurarnos de que esta experiencia no empañe su estadía ni la de futuros huéspedes. — el huésped, sorprendido por la claridad y eficiencia de Mikaela, asintió con cierta gratitud, aunque todavía ligeramente irritado. — Bien... Aprecio que lo resuelva tan rápido. — se froto la barbilla. — Es nuestro deber... — contestó Mikaela con una ligera inclinación de cabeza, sin perder la elegancia — Por favor, acepte nuestras disculpas nuevamente, queremos que disfruten su estadía y que cualquier inconveniente sea corregido de inmediato. — el ambiente se relajó ligeramente. Sam, el jefe de seguridad, dejó escapar un suspiro de alivio, y el gerente ebrio intentó recomponerse, aunque Mikaela lo miró con suficiente autoridad para que no interviniera de manera torpe. — Todo estará solucionado en menos de diez minutos... — aseguró, ya concluyendo su revisión en el iPad — Gracias por su paciencia y comprensión. — el huésped finalmente se relajó y asintió, mientras Mikaela guardaba el dispositivo en su cartera, Karolina se acercó y le dio un pequeño codazo de complicidad. — Eres increíble. — susurró. Mikaela sonrió levemente, ajustando su bolso sobre el hombro. — Solo hago mi trabajo. — dijo con calma, aunque por dentro sentía la satisfacción de haber transformado un problema potencial en un triunfo silencioso. Mikaela se quedó junto al escritorio, esperando que el reembolso se procesara, observaba con atención cómo el sistema completaba la transacción mientras sus pensamientos se organizaban de manera rápida y práctica; cada detalle contaba, y no quería que quedara la más mínima sombra de descontento. Dirigió la mirada hacia el salón de espera. El huésped que había presentado el reclamo ahora conversaba con otro hombre que parecía ser su superior, la tensión inicial se había disipado, pero Mikaela sabía que una simple disculpa no siempre era suficiente para sellar una buena impresión, con delicadeza, se acercó a Karolina y le susurró. — Lleva una canasta de vinos a su mesa, que sea más lujosa y de mejor cosecha, incluye algunas notas personales. — Karolina asintió rápidamente, entendiendo que no era un capricho, sino un gesto calculado de cortesía y profesionalismo. — Sí, señorita. — murmuró, saliendo de inmediato para cumplir la orden. Mikaela volvió su atención al huésped mientras revisaba por última vez los detalles del reembolso, su voz, serena y firme, acompañó el gesto. — Señor, como muestra de nuestro agradecimiento por su paciencia y comprensión, hemos preparado un pequeño detalle, espero que disfruten de esta selección de vinos, elegida especialmente para ustedes. — el huésped levantó la vista y la miró, sorprendido y complacido por la atención al detalle. La tensión se había transformado en respeto y aprecio, y Mikaela percibió cómo su intervención había cambiado por completo la atmósfera. — Es un gesto muy considerado. — dijo finalmente, con un leve asentimiento. — Es nuestro deber... — respondió Mikaela con una ligera inclinación de cabeza, manteniendo la elegancia que la caracterizaba — Queremos que cada experiencia aquí sea impecable. — por un momento, se permitió un pequeño respiro. Todo estaba bajo control, y el huésped estaba satisfecho, una sensación de alivio y orgullo la recorrió mientras observaba cómo Karolina colocaba la canasta sobre la mesa del huésped. Mikaela ajustó su cartera y dio un paso atrás, evaluando la escena. Sabía que no todos los elogios venían en forma de aplausos; algunos se medían en sonrisas agradecidas, gestos discretos y silencios satisfechos. Mikaela respiró hondo mientras dejaba atrás la recepción, el estrés del incidente con el huésped había quedado atrás, y ahora retomaba el ritmo del evento con pasos más tranquilos, aunque todavía con la tensión ligera de la responsabilidad cumplida. Se acercó al podio del director y su esposa con una sonrisa cordial, asegurándose de transmitir gratitud y profesionalismo. — Señor Dąbrowski, señora Edyta... — comenzó, inclinando ligeramente la cabeza — Quería disculparme, pero debo retirarme un poco antes de que termine la fiesta, tengo compromisos pendientes y no quiero causar ningún inconveniente. — el director la miró con respeto y aprobación. — No se preocupe, Mikaela... — dijo con voz cálida — Ha hecho un trabajo excepcional esta noche, y su dedicación no pasa desapercibida. — sonrió. — Exactamente... — añadió Edyta, con una sonrisa amable — Gracias por todo lo que ha hecho para que esta celebración sea inolvidable. — Mikaela devolvió la sonrisa, inclinándose una vez más antes de girar hacia la salida. — Muchas gracias a ambos... — susurró — Ha sido un placer colaborar en todo. — recibió felicitaciones y gestos de agradecimiento mientras se alejaba, cada uno reforzando esa sensación silenciosa de éxito que la llenaba de satisfacción. Buscó con la mirada a sus padres entre los invitados, Nikolai y Aleksandra estaban cerca de la pista de baile, aun disfrutando del momento, riendo y conversando como si fueran nuevamente recién novios de secundaria en baile de despedida, Mikaela se acercó y les habló con suavidad. — Papá, mamá... me voy ya, no quiero interrumpir su diversión, pueden quedarse hasta el final, tienen sus pases oro. — su madre, con la sonrisa que siempre iluminaba su rostro, se rio suavemente y la abrazó con fuerza, presionándola contra su pecho como si quisiera transmitirle toda la felicidad y el orgullo que sentía. — ¡Mi niña! — exclamó Aleksandra, con lágrimas contenidas de emoción — Estoy tan orgullosa de ti, de todo lo que haces, de cómo manejas cada situación. — Nikolai también la abrazó, fuerte y cálido, depositando un beso en su frente. — Has crecido tanto, Mika... — dijo con voz grave, pero llena de cariño — Cada día nos sorprendes más, tu talento y tu responsabilidad nos hacen sentir orgullosos. — Mikaela sintió que un nudo de emoción se deshacía en su pecho, sonrió con sinceridad, cerrando los ojos por un instante para guardar ese momento en su memoria. — Gracias, papá, mamá... — susurró, apretando sus manos — Todo lo que hago, lo hago también pensando en ustedes. — se separó suavemente del abrazo, ajustó su bolso y respiró profundo, lista para enfrentar la noche y los compromisos que aún le quedaban fuera del salón. Mientras caminaba hacia la salida, dejó que la música, las luces y la calidez del evento quedaran atrás, llevándose consigo solo la sensación de haber cumplido con excelencia y el orgullo silencioso de sus padres. En el estacionamiento subterráneo, Mikaela se apoyó contra su Mazda y soltó un suspiro profundo, los tacones nuevos habían cumplido su función, pero sus pies agradecieron el alivio al despojárselos. Se frotó ligeramente los tobillos, disfrutando del instante de libertad, antes de abrir la puerta del auto y acomodarse en el asiento del conductor. Encendió el motor y, mientras el vehículo comenzaba a moverse, respiró lentamente, dejando que la tensión acumulada de la noche se desvaneciera poco a poco, el bullicio del evento, los elogios, los incidentes con los huéspedes, todo quedaba atrás mientras atravesaba las calles iluminadas de Varsovia. Desde hacía un año, su vida personal había cambiado, había dejado de vivir con Enzo, su primer amor, porque él necesitaba espacio para concentrarse en su trabajo en las pistas de música que tanto lo apasionaban. Mikaela nunca se quejó; apreciaba su carrera y entendía que había prioridades distintas, pero, en el fondo, sentía que esa distancia también empezaba a marcar su propia vida con una rutina silenciosa de soledad. Su apartamento, sin embargo, era su refugio. Un espacio que había elegido cuidadosamente; una azotea preciosa en un edificio de doce pisos, con ventanales que dejaban entrar la luz de la tarde y ofrecían una vista panorámica de la ciudad. Era moderno, elegante y acogedor, un lugar que reflejaba su independencia y su éxito, pero también su necesidad de sentirse dueña de su propio espacio. Mientras conducía, sus pensamientos viajaban entre recuerdos y planes futuros, la satisfacción del trabajo bien hecho se mezclaba con la sensación de vacío que a veces se filtraba en los momentos de calma, aunque había logrado reconocimiento, respeto y estabilidad, la vida personal no siempre seguía el mismo ritmo. Llegó a su edificio y aparcó sin prisa, subió al ascensor panorámico, disfrutando de la vista de la ciudad mientras ascendía hasta su piso, al salir, respiró hondo, tomando conciencia del silencio que llenaba su hogar. Cada objeto, cada detalle del apartamento estaba allí por y para ella, recordándole que su independencia era también un triunfo. Se dejó caer sobre el sofá, desabotonando la chaqueta y dejando que el cansancio de la noche se dispersara, afuera, Varsovia continuaba viva, iluminada y bulliciosa, dentro, Mikaela encontró un momento de paz, pero también un recordatorio silencioso de que, aunque su vida profesional brillara con éxito, su corazón todavía esperaba algo que no sabía cómo recuperar. Mikaela se dejó caer sobre el sofá de su azotea, sintiendo cómo el cansancio de la noche se filtraba en cada músculo de su cuerpo, con un gesto automático, tomó su celular que aún vibraba con notificaciones. Al desbloquearlo, su corazón dio un ligero vuelco; numerosas llamadas perdidas y mensajes de Enzo llenaban la pantalla. Enzo: Mika, ¿dónde estás? Llévame a casa. Llámame, por favor." Suspiró profundamente, dejando que la cabeza se recostara en el respaldo del sofá, el silencio de su apartamento contrastaba con la insistencia de su teléfono y, por un instante, la sensación de soledad se intensificó. Observó el techo blanco del salón, dejándose llevar por la luz tenue que entraba por los ventanales, y dudó, cada mensaje de Enzo estaba cargado de ansiedad, pero también de costumbre; esperaba que ella respondiera de inmediato, sin considerar que Mikaela también tenía su propio ritmo, su propia vida. No sabía si debía llamarle de inmediato, o si era mejor esperar, la rutina de su relación, la distancia que había impuesto Enzo para concentrarse en su carrera musical, y la propia independencia de Mikaela chocaban en su mente. Llamarle significaba entrar en su mundo nuevamente, con sus expectativas y su manera de manejar la relación; no llamarle, en cambio, podía aumentar la tensión entre ambos. Finalmente, apoyó el teléfono sobre la mesita de centro, suspirando una vez más, cerró los ojos por un instante, intentando organizar sus pensamientos, no era una decisión fácil, y sabía que, de alguna manera, cada elección reflejaba la dinámica que habían construido durante años; amor, costumbre, distancia, y, sobre todo, un vacío que ninguno de los dos había logrado llenar completamente. Mikaela se quedó mirando el techo, pensativa, mientras la ciudad brillaba a lo lejos bajo la luz de la luna, sabía que eventualmente tendría que contestar, pero por ahora, necesitaba un momento para sí misma, para respirar, y para recordar que, aunque su vida profesional brillara, el terreno emocional aún estaba lleno de sombras por descubrir.
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