Un indicio de celos. Con la dicha a rebozar también llegaron preocupaciones. Me sentía frustrada cuando el bebé se enfermaba, mis horas normales de sueño disminuyeron, ahora a toda hora del día querría irme a dormir. Pero no se podía porque las obligaciones me acosaban. Loretta ya había vivido la etapa que yo estaba apenas empezando y me aseguraba que pronto todo iba a cambiar. Y pensar que aún queríamos adoptar un nuevo bebé. ¡Qué fuerte! Y sin hablar de que no lo había llevado en la panza y había soportado los dolores de parto. Pero todo quedaba saldado cuando sus pequeños dedos apretaban los míos y me sonreía. Gabriel insistía en que contratáramos una niñera pero yo tenía celos de compartir el cariño de mi bebé, así que sacaría energía de donde no tuviese para realizar todas las lab

