Capítulo 7:

1225 Words
Black Eagles LA VIUDA NEGRA. Libro. 01 —Rosa, señor… —le contestó la chica de manera tímida.   —Entiendo, ¿pero sabes algo? Me sorprende que tengas tanta información, acerca de un huésped del hotel —sonrió  a la chica enarcando una ceja. —Siempre recuerdo a un buen cliente —se encogió de hombros, y le dio una media sonrisa—. Sobre todo cuando la propina son dos billetes de cincuenta euros.   Carter asintió, de su bolsillo sacó un billete, y lo sostuvo entre los dedos índice y medio de su mano derecha. —Ya que sabes mucho, y al parecer tienes una excelente memoria —le mostró lo que tenía en su mano, incitándola—. Por casualidad, ¿tienes alguna idea de dónde la puedo encontrar?   Con mucha cautela, la chica dio paso hacía atrás, pero Carter extendió la mano para que tomara el billete de cincuenta euros.  —Ehm… No lo dijo realmente —respondió la chica tomando el dinero—. Pero si vi encima de su cama unos folletos de Sant Vincent de sa Cala, y aunque no conozco la isla en toda su totalidad, me han dicho que es un lugar que está muy retirado del resort. «Demasiado escurridiza», pensó Lorcan.  —Me gustaría ir a buscarla, pero los compromisos en el hotel me detienen —inclinó la cabeza.  —Entonces debe esperar a que regrese —la chica le pasó por un lado e introdujo la llave magnética en la cerradura, y abrió la puerta. —¿Tienes mucho tiempo trabajando aquí? —Carter frunció el ceño, al ver la destreza de la joven mucama, y entró con ella a la habitación.  —La verdad es que no, tengo poco tiempo en la isla —suspiró, y le guiñó un ojo—. Vine persiguiendo un sueño como muchos. Vine a buscar mi destino, y quien sabe —se encogió de hombros—. Me espera una gran fortuna aquí.  —Lo dices como si esperaras un golpe de suerte —se echó a reír él de la inocencia de la chica, y caminó detallando la habitación minuciosamente. Hasta que llegó a la ventana.  —No señor, lo digo en serio. Vine a que mi sueño más anhelado se hiciera realidad en esta isla —habló con una voz totalmente soñadora, y moviendo las manos.  Para nada, Carter entendió a lo que se refería con anhelo. Observó el paisaje por el ventanal, el lugar era hermoso. La tranquilidad que se respiraba era una característica que resaltaba.  —Me gusta aquí… —Se giró y se encontró con que estaba solo en la habitación, la chica se había esfumado. Hizo un escaneo del lugar, sacudió la cabeza. «Otra escurridiza», se dijo.  Todo estaba en su sitio, Salió también de la habitación, y fue directamente a la suite que su equipo había tomado como centro de operaciones. Estaba un poco frustrado, pues lo había molestado más que la camarera lo hubiese dejado solo, que Evelyn Miller se hubiera ido de excursión por la isla.  —¿Alguna noticia? —preguntó de nuevo al abrir la puerta. —No, creíamos que serías quien nos las traería —contestó Mike.  —Pues… lo único que sé es que se ha marchado unos días, para Sant Vincent de sa Cala. —¡Joder! Esa mujer es más astuta de lo que creíamos, debemos tener cuidado con ella —agregó Donovan. «No es la única». Se dijo mentalmente Lorcan, haciendo referencia a la camarera con quién había hablado, y que lo único que sabía era que se llamaba Rosa. Tal vez le daría una miradita a la lista del personal que trabaja en el resort. El sonido de la voz de Donovan lo trajo de vuelta a la realidad. —Otra llamada al teléfono celular de Miller —les informó Mike, y les hizo señas con el dedo índice de que no hablaran, porque iba a poner el altavoz.  —¡Gracias a Dios que contestas! —exclamó una voz con alivio.  —¿Qué sucede? ¿Por qué estás llamando? Habla rápido esta línea no es muy segura —Ella se estaba molestando. —Debes venir inmediatamente —le contestó la persona, un poco angustiada.  —Sabes muy bien que no puedo en estos momentos. ¿Qué está pasando? Habla rápido.  —Tú pajarillo se ha escapado —le soltó.  Se escuchó un suspiro. —No puedo hacer nada en estos momentos, estoy atada aquí. —No puedes abandonarla. Su vida está en riesgo, nunca antes habías sido descuidada con su seguridad. Sentimientos encontrados sintió ella en ese momento, aquel reproche era injusto.  —Me estoy jugando la mía, para poder cuidar de ella. ¿No lo entiendes? —Lo siento… no quise hacerte sentir mal. Sé muy bien de todo el sacrificio que has hecho durante todos estos años —la voz era completamente apenada.  —No me compadezcas. No soy una mártir, no puedo ir por ella en este momento. Eso sería como destruir todos mis planes, y ya sabes que en todos ellos; está incluida.   —Entiendo tu punto, pero todos estos años me has pagado, ha sido para que estuviese pendiente de ella. De lo que necesitara, y de su seguridad. Por supuesto, y que te mantuviera informada. Eso es lo que estoy haciendo ahora mismo. Cumpliendo con decirte lo que está pasando… y también porque me preocupas —¡Gracias! De verdad te lo agradezco… pero no lo hagas, no te preocupes por mí… Sé muy bien lo que estoy haciendo —No quiero que pienses que estoy tratando de decirte como vivir tu vida… —Sé perfectamente lo que quieres decir… eres la persona menos indicada para eso, ¿verdad? —¡Eres muy ruda conmigo! Yo no podía hacer nada… —No te estoy juzgando… es simplemente que todo este tiempo he salido adelante sola. No es la primera vez que estoy en una situación…peliaguda —No dudo de tu capacidad… Solo le pido a Dios que suceda algo bueno en tu vida antes de que pierdas completamente tu humanidad   —Hablas como si no me conocieras…como si fuera un monstruo —El odio que sientes hacia él, te está consumiendo —Nunca debí involucrarte en mis asuntos. No quiero que opines.  —Tengo una deuda contigo… simplemente la pago a cuotas como puedo. —No lo hice para obligarte… —Lo sé…pero estoy dentro. A tu lado desde hace muchos años. No eres la única que lo quiere muerto. Cuida tu culo… algo me dice que él no jugará limpio. —Nunca lo ha hecho…pero esta vez es diferente… si se le ocurre hacer algo a mis espaldas… no tendré piedad. Y la promesa que le he hecho todos estos años de acabar con su vida, la cumpliré.  La llamada fue terminada, y los tres hombres quedaron mirándose las caras. —¿Qué cojones ha sido eso? —preguntó Mike totalmente confundido. —No entiendo un carajo —Donovan estaba desconcertado.  —Algo no cuadra aquí —en ese momento la curiosidad por saber quién era realmente la “Viuda Negra”,  creció en Lorcan.   
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