CAPÍTULO | 06| Daños Colaterales

1068 Words
Regina fue la primera en apartarse. No porque quisiera. Sino porque sabía que, si no lo hacía, algo irreversible iba a pasar. —Esto fue un error —dijo, respirando hondo. —Sí —respondió Cina—. Lo fue. —Un error enorme. —Enorme. —No debía pasar. —No debía. Silencio. Demasiado silencio. —Tenemos que irnos —dijo Regina. —¿Ahora? —Ahora —repitió—. Antes de que vuelva a besarte, antes de que empiece a pensar cosas que no debería, antes de que esto se convierta en algo que no estaba en el contrato. —Ya lo es. Regina lo miró. —No lo hagas más difícil. —No lo hago. Lo digo. Tomó su bolso y se dirigió a la salida. Cina la siguió. Salieron al aire fresco de la noche. Regina se apoyó contra una pared, respirando hondo, intentando que su corazón dejara de latir como si estuviera huyendo de algo… o hacia algo. —Esto se está descontrolando —dijo. —Sí. —Tú no deberías sentir nada. —No siento nada —mintió él. Regina lo miró. —No me mientas. Cina suspiró. —No siento lo que no debo sentir. —Eso no es lo mismo. Silencio. —Esto era simple —continuó ella—. Fingimos. Yo quedo bien. Mi ex se incomoda. Fin. —¿Y ahora? —Ahora me besaste. —Tú me besaste. —Nos besamos. —Exacto. —Y eso no estaba en el contrato. —Lo sé. —Y no puede volver a pasar. —¿Por qué? —Porque tú no eres mío —dijo ella—. Porque esto no es real. Porque mañana te irás y esto habrá sido solo… una actuación. Cina la miró con algo que no parecía actuación. —¿Eso es lo que quieres? Regina dudó. —Eso es lo que necesito. —No es lo mismo. Ella cerró los ojos un segundo. —No me hagas esto. —No te hago nada. —Sí lo haces. Me miras como si… —se detuvo—. Como si yo importara. —Importas. —Eso es lo que me asusta. Silencio. El aire entre ellos estaba cargado. —No soy bueno para esto —dijo Regina de pronto—. Para sentir sin saber qué va a pasar después. —Yo tampoco. —Entonces, ¿por qué seguimos aquí? Cina se acercó un poco. —Porque no sabemos irnos. Regina lo miró. —Yo sí sé irme. —Entonces vete. Ella no se movió. Silencio. —Ves —dijo él—. No sabes. Regina exhaló. —Esto va a doler. —Sí. —Y eso me molesta. —A mí también. —Entonces… —dijo ella—. Necesitamos poner límites. —De acuerdo. —Límites reales. —Reales. —Nada de besos. —Nada. —Nada de miradas raras. —Difícil. —Nada de tocarme como si… —se interrumpió—. Como si fuera tuya. —No eres mía. —Exacto. —Y tú no eres mía. —Exacto. Se miraron. —Entonces seguimos con el contrato —dijo ella—. Profesionalmente. Sin emociones. Sin confusión. Sin besos. —De acuerdo. Silencio. —¿Podemos volver a tu departamento? —preguntó ella—. No quiero quedarme aquí. —Claro. Caminaron en silencio. El trayecto fue corto, pero se sintió largo. Demasiado largo. Cuando llegaron, Regina abrió la puerta, entró, dejó el bolso en la mesa y se quitó los zapatos. —Bien —dijo—. Gracias por esta noche. Lo hiciste perfecto. —Gracias. —Mi ex quedó destruido emocionalmente. —Me alegra. —Eso era el objetivo. Silencio. —Puedes quedarte unos minutos si quieres —dijo ella—. Para asegurarnos de que todo está… normal. —¿Normal? —Sí. Profesional. —De acuerdo. Se sentaron en extremos opuestos del sillón. Demasiada distancia. Demasiada tensión. —Esto es incómodo —dijo Regina. —Sí. —Antes no lo era. —No. —Antes era fácil. —Porque no importaba. —Ahora importa. —Sí. Silencio. —No deberíamos volver a vernos —dijo Regina de pronto. Cina levantó la mirada. —¿Por qué? —Porque esto se va a complicar. —Ya se complicó. —Entonces no lo compliquemos más. —¿Eso es lo que quieres? —Eso es lo que creo que debo hacer. —No es lo mismo. Regina se levantó. —No quiero volver a sentir esto. —¿Qué es esto? —Esto —dijo, señalándose el pecho—. Esto que no pedí. Esto que no contraté. Cina se levantó también. —No puedes controlar lo que sientes. —Pero sí puedo huir. —Eso no es control. Es miedo. —Sí —admitió—. Es miedo. Silencio. —¿Te arrepientes del beso? —preguntó él. Regina dudó. —No. —Entonces no fue un error. —Sí lo fue. —No —dijo él—. Fue una verdad incómoda. Regina lo miró. —No digas cosas así. —¿Por qué? —Porque me haces pensar que esto podría ser algo. —¿Y si lo es? —No puede serlo. —¿Por qué? —Porque tú no eres real. Silencio. Cina la miró con algo que parecía dolor. —Soy real. —No —dijo ella—. Eres una fantasía. Un contrato. Un servicio. Un papel. —Eso no me hace menos real. —Me hace imposible. Silencio. —Creo que deberías irte —dijo Regina. —¿Eso es una orden? —Es un límite. Cina la miró unos segundos. Asintió. —De acuerdo. Se dirigió a la puerta. —Cina —lo llamó. Él se giró. —Gracias —dijo ella—. Por esta noche. Por todo. —De nada. Silencio. —Regina —dijo él. —¿Sí? —No todo lo real es conveniente. —Lo sé. —Pero sigue siendo real. Ella no respondió. Cina abrió la puerta. Se detuvo. —Buenas noches. —Buenas noches. Se fue. Regina cerró la puerta. Se apoyó contra ella. Respiró hondo. Y entonces… Lloró. No por tristeza. No por el ex. No por la fiesta. Sino por algo mucho más peligroso: Porque por primera vez en mucho tiempo, había sentido algo real… y lo estaba dejando ir.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD