CAPÍTULO | 04 | Exes, copas y miradas que arden

1337 Words
La música era demasiado alta, la iluminación demasiado perfecta y el ambiente demasiado cargado de egos para que Regina se sintiera tranquila. Pero no estaba sola. Cina caminaba a su lado, su mano firme en su cintura, su postura relajada, su presencia… peligrosamente tranquilizadora. —Recuerda —susurró ella—. Solo actuación. —Siempre —respondió él, sin soltarla. Entraron. Regina sintió las miradas antes de verlas. Amigos. Conocidos. Ex amigos. Personas que sabían demasiado sobre su vida amorosa y demasiado poco sobre respetar límites. —Regi —dijo una voz aguda—. ¡No sabía que venías! Sofía apareció frente a ella, impecable, sonriente, curiosa. —Sofi —respondió Regina, sonriendo—. No iba a perderme tu fiesta. Sofía miró a Cina. —¿Y él es…? Cina no dudó. —Cina. Su novio. Dijo “su” como si fuera un honor. Regina sintió un pequeño temblor interno. —Ah —dijo Sofía—. No sabía que estabas saliendo con alguien. —Hace tres meses —dijo Regina—. Hemos estado… ocupados. Cina sonrió. —Mucho. Sofía los observó unos segundos, evaluando. —Bueno —dijo al fin—. Bienvenida, Regina. Me alegra que estés feliz. Regina inclinó la cabeza. —Yo también. Y por primera vez desde su ruptura, esa frase no sonó como una mentira. Siguieron avanzando. —Primera prueba superada —susurró Regina. —Ni siquiera sudé —respondió Cina. —Yo sí —dijo ella—. Internamente. No tardaron en encontrarse con los amigos. —¡Regina! —exclamó Carla—. ¡Por fin! —Luego miró a Cina—. ¿Y este monumento? Regina tosió. —Este monumento es mío. Cina sonrió. —Mucho gusto. —El gusto es nuestro —dijo Carla, sin disimular—. Regina, ¿por qué no me avisaste que tenías novio? —Porque —dijo Regina—… no era relevante hasta ahora. —¿Cómo se conocieron? —preguntó otra amiga, Julia. —En una librería —dijo Cina—. Discutimos por un libro. —Yo tenía razón —dijo Regina. —Ella tenía razón —confirmó él. Julia levantó una ceja. —¿Qué libro? —Uno moderno —dijo Regina. —Uno clásico —dijo Cina. —Exacto. —Eso suena como una relación saludable —dijo Carla—. ¿Cuánto tiempo llevan juntos? —Tres meses —respondieron al unísono. Se miraron. Se sonrieron. Fue demasiado natural. Demasiado. —Wow —dijo Julia—. Se ven… bien. Regina sintió un orgullo peligroso. —Gracias. —¿Dónde lo conociste, Regina? —preguntó Carla—. Porque no recuerdo haberlo visto antes. —Porque es nuevo —dijo Regina—. En mi vida. Cina la miró. Y por un segundo, eso dejó de ser actuación. —¿Nos traes unos tragos? —pidió Carla—. Necesito brindar por este milagro. Cina asintió. —¿Qué quieres, Regina? —Lo que tú tomes. Carla abrió los ojos. —¿Desde cuándo eres así? Regina sonrió. —Desde que estoy enamorada. Silencio. Regina se congeló. Eso no estaba en el guión. Cina no reaccionó. Solo sonrió. Y le besó la mejilla. —Vuelvo enseguida —dijo. Cuando se fue, Carla miró a Regina con expresión intensa. —Regina… estás diferente. —¿En qué sentido? —Más tranquila. Más segura. Más… —dudó—. Tú. Regina parpadeó. —Eso es bueno. —Eso es sospechoso —dijo Julia—. ¿Qué tan serio es esto? Regina miró hacia donde Cina estaba pidiendo las bebidas. —No lo sé —dijo—. Pero se siente… bien. Y eso fue lo más honesto que había dicho en toda la noche. Entonces lo vio. Tomás. Estaba apoyado en la barra, riendo, con su nueva novia a su lado. Ella era rubia, alta, perfecta. Vestía un vestido ajustado y tenía esa sonrisa que decía “mi vida es mejor que la tuya” sin pronunciar una sola palabra. Regina sintió una punzada. —Ahí está —susurró. —¿Quién? —preguntó Carla. —El pasado —respondió ella—. Con esteroides. Carla siguió su mirada. —Oh. Julia silbó. —Wow. Regina respiró hondo. —Ok. Es hora. —¿Hora de qué? —preguntó Carla. —De ganar. Cina volvió con los tragos. —¿Todo bien? —preguntó. —Perfecto —dijo Regina—. Es momento de la escena principal. Cina siguió su mirada. Entendió de inmediato. —Estoy contigo. Regina tomó su bebida. —Vamos. Caminaron hacia la barra. Cada paso se sentía como una escena de película. Regina sentía su corazón latiendo fuerte, pero no estaba sola. Cina la sostenía por la cintura, como si ese fuera su lugar natural. Tomás levantó la vista. Y la vio. Primero fue sorpresa. Luego confusión. Luego algo… incómodo. —Regina —dijo, acercándose—. No sabía que vendrías. —Hola, Tomás —respondió ella, sonriendo—. Vine acompañada. Cina se adelantó. —Hola —dijo—. Soy Cina. Tomás lo miró de arriba abajo. —Tomás —respondió, estrechando su mano—. ¿Y tú eres…? —Su novio —dijo Cina—. Mucho gusto. Regina observó el microsegundo de impacto en el rostro de su ex. Ese microsegundo fue… glorioso. —Ah —dijo Tomás—. No sabía que estabas saliendo con alguien. —Hace tres meses —dijo Regina—. Hemos estado muy bien. La novia de Tomás sonrió. —Soy Valeria —dijo—. Mucho gusto. —Regina —respondió ella—. Encantada. Valeria miró a Cina. —¿A qué te dedicas? —Trabajo con personas —respondió él. —¿En qué sentido? —preguntó Tomás. —En el sentido correcto —dijo Cina. Regina tuvo que morderse la lengua para no reír. —¿Y cómo se conocieron? —preguntó Valeria. —En una librería —dijo Cina. —Discutimos por un libro —dijo Regina. —Ella tenía razón —dijo él. Valeria sonrió. —Eso es raro. —Eso es amor —dijo Regina. Tomás la miró. —Te ves… feliz. —Lo estoy. Y esta vez, no fue actuación. Silencio. Tomás tragó saliva. —Me alegra —dijo—. De verdad. —Gracias —respondió ella—. Yo también me alegro por ti. Mentira. Pero elegante. —Bueno —dijo Valeria—. Nos vemos. —Claro —dijo Regina. Se alejaron. Regina exhaló. —¿Viste su cara? —susurró. —Sí —respondió Cina—. Fue hermosa. —¿Hermosa? —En el sentido de justicia poética. Regina rió. —Te amo. Silencio. Regina se congeló. —No. No. No —dijo rápido—. Eso fue un error. Fue una expresión. Una figura retórica. No es literal. No es real. No es… Cina la miró. —Lo sé. —Bien. —Pero sonó real. —Eso es lo peligroso. —Eso es lo efectivo. Se miraron. Demasiado tiempo. —Necesito otro trago —dijo Regina. —Te acompaño. Fueron a la barra. —Dime algo —dijo ella—. ¿Siempre eres tan bueno en esto? —Sí. —¿Nunca te involucras? —No. —¿Nunca te afecta? —No. —¿Nunca… sientes nada? Cina la miró. —No durante el trabajo. Regina sintió algo extraño en el pecho. —Claro —dijo—. Trabajo. —Trabajo. Silencio. —Oye —dijo él—. Lo estás haciendo muy bien. —¿Qué cosa? —Actuar. —No estoy actuando. —Eso es lo que lo hace perfecto. Regina lo miró. —Eso es lo que lo hace peligroso. Cina no respondió. Solo la observó. Y por primera vez, Regina no supo si la mirada que él le devolvía era parte del guión… o el principio de algo que ninguno de los dos estaba listo para aceptar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD