Capítulo 9 |

754 Words
Después de cerrar la puerta, el departamento quedó en silencio. Un silencio extraño. Denso. Como si las paredes estuvieran esperando que alguien dijera algo importante. Regina seguía de pie, mirando la puerta por donde su ex había desaparecido. Su corazón todavía latía rápido, pero no por él. Por Cina. —Bueno —dijo finalmente—. Eso fue… intenso. —Un poco —respondió Cina. Regina se giró hacia él. Y de pronto se dio cuenta de algo que la hizo sentir incómodamente vulnerable: por primera vez desde que lo conocía, no había una escena que actuar. No había público. No había excusa. Solo ellos. —Entonces… —dijo ella, cruzándose de brazos—. ¿Qué pasa ahora? Cina no respondió de inmediato. Caminó hacia la mesa, donde el contrato seguía abierto. Lo tomó entre los dedos, mirándolo como si fuera un objeto antiguo. —Ahora —dijo— tenemos un problema. Regina frunció el ceño. —¿Qué problema? Él levantó la hoja. —Esto. —El contrato. —Exacto. —¿Qué tiene? Cina la miró. —Que dice que todo esto es mentira. Silencio. Regina tragó saliva. —Bueno… técnicamente empezó así. —Sí. —Pero ahora… —Ahora no lo sé —terminó él. Esa honestidad la desarmó más que cualquier beso. Regina se sentó en el sofá, dejando caer la cabeza hacia atrás. —Esto era mucho más fácil cuando pensaba que eras un actor. Cina se apoyó en el respaldo del sofá, detrás de ella. —¿Y ahora qué soy? Regina lo pensó un segundo. —Un problema. Él soltó una pequeña risa. —Eso suena justo. Ella lo miró hacia arriba. —Un problema atractivo. —Eso también suena justo. Silencio otra vez. Pero no incómodo. Denso de otra manera. —Dime algo —dijo Regina—. Y esta vez sin actuar. —Siempre fue sin actuar. —Sabes a lo que me refiero. Cina suspiró suavemente. —Está bien. —¿Cuántas veces hiciste esto? —preguntó ella—. Fingir ser novio de alguien. —Varias. —¿Y alguna vez pasó… esto? Él no respondió de inmediato. Y ese pequeño retraso ya era una respuesta. —No —dijo al fin—. Nunca. El corazón de Regina dio un pequeño salto. —¿Nunca? —Nunca quise quedarme después del trabajo. Ella se giró completamente en el sofá para mirarlo. —¿Y ahora? Cina sostuvo su mirada. —Ahora sigo aquí. Eso hizo que algo se apretara en el pecho de Regina. Porque era simple. Pero muy real. —Esto es peligroso —susurró. —Lo sé. —Porque no sabemos qué estamos haciendo. —Nadie lo sabe. —Y tú trabajas literalmente fingiendo relaciones. —Eso no significa que sepa tener una real. Regina soltó una pequeña risa nerviosa. —Perfecto. Entonces somos dos amateurs. —Parece que sí. Silencio. Ella miró el contrato sobre la mesa otra vez. —Entonces tenemos dos opciones. —A ver. —Uno —dijo Regina—: terminamos esto ahora mismo. Profesionalmente. Cada uno sigue con su vida. Cina no apartó la mirada. —¿Y la segunda? Regina respiró hondo. —Rompemos el contrato. —¿Y qué significa eso? Ella se levantó del sofá y caminó hacia él. —Significa que ya no hay actuación. —¿Y qué queda? Regina se detuvo frente a él. Muy cerca. —Lo que sea que esté pasando entre nosotros. Cina la observó con una mezcla de cautela y deseo. —Eso es arriesgado. —Lo sé. —Podrías salir lastimada. —Tú también. —Probablemente. Regina sonrió un poco. —Entonces es justo. Cina levantó lentamente el contrato. Lo miró una última vez. Luego lo rompió en dos. El sonido del papel rasgándose pareció más fuerte de lo que debería. —Listo —dijo. Regina levantó una ceja. —¿Eso significa que ahora somos…? —No lo sé —admitió él. —Genial. —Pero sé algo. —¿Qué? Cina se acercó un paso más. —Que ya no estoy trabajando. El aire entre ellos cambió. Otra vez. —Eso es peligroso —susurró Regina. —Lo sé. —Porque ahora si me besas… —No puedo culpar al contrato. Regina sintió su pulso acelerarse. —Exacto. Cina sonrió apenas. —Entonces será completamente mi culpa. Y cuando la besó, Regina supo que había tomado la decisión correcta… o la más peligrosa. Que, a veces, es exactamente lo mismo.
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