-Capitulo 10

478 Words
Cumplir quince no trajo celebraciones alegres, sino una agenda apretada de eventos que se sentían más como pruebas que como fiestas. Cada gala, cada inauguración, era parte de una preparación que Elena Valerio mencionaba con sonrisas tensas y vestidos elegidos al milímetro. Esa noche, la galería de arte moderno olía a perfume caro y comentarios fingidos. Cuadros enormes explotaban en colores estridentes contra paredes blancas. La gente los rodeaba murmurando frases que parecían sacadas de catálogos, no de opiniones reales. Elara, en un vestido marfil que la hacía sentirse invisible a propósito, se refugió en el programa de la exposición. Al menos ahí nadie esperaba que dijera nada. Entonces tropezó. Nada grave. Pero el catálogo se le cayó al suelo, deslizándose como una hoja arrastrada por el viento. Iba a agacharse cuando una mano lo recogió antes que ella. Dedos largos. Camisa perfectamente planchada. Un traje oscuro que olía a éxito. Levantó la vista… y se le fue el aire. Damien Serrano. Veinticinco años, exactamente como lo recordaba de lejos, pero mucho más real. Su pelo oscuro estaba peinado con precisión, y sus ojos —esos ojos que tantas veces había imaginado— eran tan fríos como los rumores decían. —Se te cayó esto —dijo, y le devolvió el catálogo. La voz era grave, controlada. Casi clínica. No había amabilidad, ni molestia, ni nada. Solo eficiencia. El contacto duró un segundo, pero le dejó los dedos temblando. Lo miró buscando algo —un gesto, una chispa, un “te recuerdo”— pero no había nada. Solo esa mirada precisa, como si ya la hubiera clasificado y archivado. Y luego, sin decir nada más, volvió con su grupo. Hombres mayores que lo escuchaban con atención. Él ya era parte de ese mundo. Ella solo pasaba por ahí. Elara bajó la vista. El catálogo parecía más pesado que antes. Y en su cabeza, las preguntas empezaron a rodar. ¿Fue un gesto casual? ¿O algo premeditado, como todo lo que hacían los Serrano? ¿Era cortesía… o cálculo? Una parte de ella —la que todavía quería creer en pequeños gestos reales— pensaba que quizá había algo sincero. Pero la otra, la que había vivido entre miradas frías y promesas disfrazadas, sospechaba otra cosa. Quizá Isolda había orquestado hasta ese instante. Más tarde, ya lejos de las luces, apoyó la frente contra el vidrio de la ventana. Se vio reflejada: una chica entre dos ideas que no sabía cómo conciliar. ¿Había visto una grieta en el muro? ¿O solo un reflejo, una ilusión que se rompería si intentaba tocarla? El catálogo seguía abierto en su regazo. La página mostraba un cuadro rojo, intenso, casi violento. Como una advertencia. Damien Serrano ya no era una sombra. Era real. Y su presencia, su frialdad perfecta, era mucho más peligrosa de lo que Elara había imaginado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD