Palabra de Caballero

1236 Words
Durante el desayuno Isabel constantemente veía que su padre la observaba con interés lo cual resultaba bastante extraño pues normalmente les ignoraba a las tres y solo se dirigía a ellas para mandarlas cual peones en su tablero de ajedrez, así que algo maquinaba en aquel momento sin duda. —Isabel, me ha llegado una nota del Sr Roberts antes de que comenzaramos el desayuno, debo preguntar si le has dado alguna esperanza al caballero para cortejarte o te ha dado a entender sus intenciones, pues es claro que no viene por Keyla. —Pues padre, solo lo vi un momento en la fiesta que fuimos recientemente y nada más, no se nada del asunto—, prefirió mentir pues sabía que su padre solo la atacaría si le decía que habían hablado a solas la tacharía de inmoral y no la dejaría salir nunca mas. —Siendo de esa manera entonces esperaré a que venga a hablar y ver de qué se trata—, dijo viéndola con desconfianza, era claro que no le creía. Terminaron de desayunar en silencio e Isabel no dejaba de pensar en que respondería su padre, en silencio oro, no era la más fiel de las creyentes, asistía a la iglesia y creía en Dios, pero esperaba que él le escuchara en este momento, que le concediera la oportunidad de ser felíz, pues de no ser por su hermana Keyla que estaba por casarse e irse pronto la vida en la casa sería insufrible, su hermana era su mejor amiga pero ella entendía que debía hacer su vida, no vivirían tan lejos pero ella tendría una casa que dirigir, un esposo e hijos a quien cuidar y no siempre podrían estar juntas. Los nervios mientras pasaban las horas iban en aumento, se asearon y cambiaron para el almuerzo y ambas hermanas esperaban ansiosas a la visita, cuando Harry llegó se acercaba la hora del té, su madre les prohibió salir del pequeño salón de bordado donde se encontraban en ese momento pero por su nana se enteraron de que se encontraban en el estudio. —Buenas tardes, Sr Roberts—, dijo inclinando la cabeza en un falso acto de caballerosidad. —Buenas tardes, Sir Willian. —Por favor tome asiento, ¿desea algo de beber?, ¿quizá un oporto? —Sí gracias—, dijo pensando más en un acto de cortesía aunque se sentía nervioso como cualquier hombre en su situación. Después de entregarle la bebida también se sentó en un sillón frente a él, —Usted me dirá joven, a que se debe su visita, además de brindar con este viejo caballero claro. —Bien, iré directo al tema, he tenido la oportunidad de compartir con sus hijas y estoy interesado en cortejar de manera formal a una de ellas. —Entiendo que se refiere por supuesto a Isabel, porque la mayor esta comprometida, pero me inquieta un poco su situación económica y respaldo familiar con los que cuenta porque debo velar por el futuro de mi hija, claro, ¿Cómo pretende cumplir con sus obligaciones? —Pues tengo una oferta de trabajo e inversión en América, tengo familiares allí y estimo que en unos meses podré reunir el dinero necesario para comprar una propiedad, contratar algunos empleados y poder vivir cómodamente. —Te seré honesto Isabel no posee dote, se debió utilizar tanto el de ella como el de su hermana en recuperar la hacienda que se encontraba hipotecada por sus anteriores dueños, mis familiares dejaron todo en una mala situación. —No hara falta dote, puedo hacerme cargo de todo y crearé un fondo para ella. —Bien, ¿Cómo podre saber que cumplirás con tu palabra. —Porque soy un caballero. —Sobre los preparativos del matrimonio, vestidos y todas esas cosas. —Despreocupese yo enviaré el dinero necesario para ello. —Pues me parece bien joven, ha de estar muy enamorado. —Para ser honesto sí, puede estar seguro que a su hija no le faltara nada y que mi deseo es hacerla felíz. —Entonces si es así, daré mi bendición, usted es de una familia respetable y se que no dejara a mi hija en ridículo, sin embargo, le pediría discreción hasta su regreso, sabe como es la sociedad, entonces tendría que prohibir las salidas en público y hasta cabalgar. —Estoy de acuerdo entonces mejor esperemos para dar a conocer públicamente el compromiso, a mi regreso, tengo planificado partir en un barco en un par de días, por lo que deseo pedirle permiso para visitar a Isabel el día de hoy y mañana. —Siempre que este acompañada por su hermana y su nana, no tendré problema. —Estoy de acuerdo por supuesto. —Bien entonces pediré que llamen a las damas de esta casa para poder darles las noticias y pueda visitarle a la sala y lo acompañaré hasta allí. Isabel y Harry no dejaba de verse con ardor y auténtica admiración mientras el padre que había tomado la palabra contaba lo antes conversado, omitiendo el tema de la dote y el dinero de los preparativos del matrimonio luego se excusó y salió del lugar, esa tarde la pasaron tocando temas generales sobre el clima, un buen libro y con la hermosa voz de Keyla quien cantaba mientras su hermana tocaba al piano, eran jóvenes educadas y agraciadas sin duda, inteligentes y con sentido crítico, su madre las reprendió cada tanto para que guardaran silencio pues las damas no debían hablar de ciertos temas como política y dinero, sin embargo, para Harry una mujer con ideas y sentido común llamaba mucho más su atención. Decidió retirarse antes de la cena para ver algunos detalles pendientes antes de su viaje y para considerar a las damas y su descanso al siguiente día la cita era para un picnic cerca del riachuelo y el se encargaría de los preparativos, durante la cena ambas hermanas estaban visiblemente emocionadas que Isabel tenga no solo una propuesta sino que además se trate de un amor correspondido era toda una historia inspiradora, hasta la nana y los empleados de más confianza estaban contentos al ver el semblante alegre de aquella niña que todas habían visto crecer rebelde pero también cariñosa y atenta con todos, antes de ir a dormir aquella noche Isabel recibió una carta de su amado la había enviado con un mozo, un gesto que le pareció muy romántico y original. Querida Isabel, Se que apenas tenemos unas horas sin vernos pero quiero antes que vayas a dormir esta noche, mi hada, que sepas que mi corazón y mi mente están junto a ti, que quisiera velar tu sueño, que al igual que una flor que no deseamos que se marchite y la colocamos en agua y la alejamos del sol, con tal dedicación deseo cuidarte y ser parte de tu vida para siempre. Duerme hermosa, duerme mi hada de cabellos rojos, duerme que nos esperan bellos momentos y una historia feliz. Quién no tiene idea de cómo conciliar el sueño pensándote. Harry Roberts Eso inspiró a Isabel quién de inmediato comenzó a escribirle algunas cartas que le acompañaran en su largo viaje en barco y luego en su estadía en Nueva York, las perfumó con sus esencias y en cada una colocó un recuerdo, un mechón de cabello, una flor, algo personal que le hiciera sentir cerca de ella en todo momento.
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