Capítulo 5

3263 Words
No sé cuántos suspiros he expulsado pesadamente. Me encuentro viendo el techo de mi habitación, es muy temprano por la mañana, Irene e Ivette, se marcharon no hace más de veinte minutos, la mayor debía reunirse de urgencia con su padre, la pequeña debía ir a su entrenamiento de tenis. Aunque eso –como dice Irene–, claramente solo lo hace para acosar a su profesor. Con la mirada aun perdida en el techo termino por cerrar mis ojos, en ese momento tomando una bocanada de aire me entrego a mis pensamientos con respecto a Santos Muzzir. Su beso, su tacto, su mirada, su aliento, su voz y sus palabras. Dos golpes a la puerta me exaltan y me siento de golpe sobre mi cama, nuevamente vuelven a tocar y de inmediato salgo abrir a quien sea que es. Paulette me sonríe, lleva en sus manos una caja rosa con el nombre de una de las tiendas de donas más favoritas de mi vida. Es tan claro el semblante de disculpa que se refleja en su rostro, le permito entrar, toma asiento al borde de mi cama y yo sin decir palabra alguna me siento a su lado. Paulette como siempre tan vacilante, y buscando la manera de pedir una disculpa, me entrega la caja. El olor a dulce de inmediato se expande por toda la habitación, la dejo a un lado, mantengo la mirada fija en mi hermana. –Lo siento –dice, mientras que una extraña sonrisa se forma en sus labios. –Debí avisarte, Gahil, de verdad, lamento mucho el haberte hecho ir hasta la empresa y no obtener nada, lo lamento. –Ok –digo y ella me mira. –No creo tener el interés de trabajar en la automotriz Marena, lo siento –apresurada niega. –Oh no, eso no te lo permitiré, tu eres muy buena en tus diseños digitales, tienes maravillosas ideas, Gahil, por supuesto que debes trabajar en esa empresa, es más, no dejare que hagas una entrevista, mañana mismo comienzas. –Paulette, no, sabes que no acepto esas cosas, no de esa manera. –Gahil, tengo voz de autoridad en esa empresa, por mi cargo puedo decir lo que se me venga en gana, así que el trabajo es tuyo. –Pau... –Nop, no acepto un no, mañana a primera hora, te quiero en la empresa, ya me siento mejor y estaré esperándote, ¿Esta bien? Me siento vacilante de aceptar, la verdad es que las cosas por medio de palancas, no es lo mío, uno como ser humano debe ganarse las cosas con esfuerzo para así al final del día sentirte feliz de que cada gota, falta de dormir o cansancio es debido a tu esfuerzo, a lo que como persona estudiada o trabajadora llega alcanzar. –Por lo menos que alguien vea mis papeles, aunque debo volverlo a imprimir, se han mojado por completo, suerte que eran copias –mi hermana sonríe y asiente. –Dios, está bien, como tú digas –ambas reímos, me dirijo a las donas y en ese momento el móvil de Paulette suena. Ella se aleja un poco de mí, de inmediato le doy un mordisco a mi dona llena de chocolate blanco, deliro al sentir tan maravilloso sabor. Me recuesto en la pared y la observo mover sus brazos, típica manía de Paulette, es una llamada, pero eso no le impide explicar con sus manos, aunque la persona del otro lado no la vea. Al voltear me mira, me sonríe y continúa en su llamada, luego su mirada cae sobre mí nuevamente y ahora puedo saber que está hablando de mí. –Sí, sí, la he convencido, no hay problema de ello, mañana a primera hora estará en la empresa –vuelve a sonreír, ella se dedica a escuchar quien le habla del otro lado de la línea. –No quiere, ella exige que chequeen sus papeles, una entrevista, te lo dije, no es de aceptar las cosas así como así –sonriente me encojo de hombros y paso a ignorar la llamada de Paulette. Me entretengo comiendo mis donas, mi móvil suena en ese preciso momento, con dificultad lo tomo, tengo mis dedos azucarados, logro desbloquearlo y me dirijo de inmediato a la bandeja de mensajes. Al leer el nombre sonrió, es Aramis, me invita a dar un paseo por el centro de la ciudad, para ser sincera me hace falta. Así que, aceptando su invitación, dejo mi móvil a un lado, noto que Paulette termina de hablar por el móvil, pero se queda hundida texteando y yo continuo en lo mío. Me da una mirada y con prisa se despide, al parecer algo urgente de su trabajo, ni siquiera por que recién este mejorando la dejan descansar, antes de cerrar la puerta de mi habitación me recuerda lo de ir mañana, yo para no escuchar nuevamente el tema asiento. _ Mamá ríe mientras mira la tv, yo estoy del lado de la vitrina, una revista en mis manos y un dulce en mi boca. Toda la mañana me la pasé en la habitación, luego por el turno de la tarde decidí venir ayudarle, ella se entretiene viendo sus programas, y yo hundida en mi revista. Se emocionó al saber que aceptaría ir a la empresa el día de mañana, se encargara de alguien que le ayude. Las campanillas de la puerta suenan, ambas llevamos nuestra mirada a la entrada y sorpresivamente –y extrañada también–, observo que es el señor Paco, quien me trajo después del desastre. Me sonríe, le imito, mamá me da una mirada confundida y le ignoro un poco, no quisiera preguntas, ver a este señor me hace sentir un poco avergonzada. Ya que después de todas esas teorías de Ivette, él sabe muy bien que me mintió con respecto a Paulette. Al obtener lo que buscaba las coloca frente a mí, algunos bocadillos, revistas de adolescente y una caja de cigarrillos junto a su caja de cerillos. Le facturo todo y le doy el montó final. –No debería fumar, es dañino para su organismo –le digo y sonríe. –Tranquila bonita, no son para mí, son para mi jefe –eso ocasiona algo extraño en mi cuerpo. – ¿Su jefe? –asiente. –Está esperando en el coche, las revistas son para mi hija, los dulces, para este viejo dulcero –lo último me hace reír, pero el hecho de que me diga que su jefe espera en el coche me hace querer llevar la mirada hasta donde está aparcado. ¿Acaso, es Santos Muzzir su jefe? –Muchas gracias señorita Gahil, un gusto verla nuevamente. Levemente asiento, toma su bolsa y sale de inmediato de la tienda, con la mirada fija en la calle, observo el coche a los segundos pasar lentamente. Mis ojos fijos en la ventana trasera, el coche continúa y alejo todo pensamiento acerca de esa persona. Cada vez, cada vez me convenzo de que Santos Muzzir tiene mucho que ver con esa empresa a la cual iré trabajar. Si sabe de mí, sabe de mi familia, porque, además, su chofer menciono perfectamente el nombre de mi hermana, me siento un poco mareada por todo lo que ocurre ahora en mi mente. Mamá continua entretenida en la tv, opto por unirme a ella, de nada me vale estar pensando en ello, en lo ocurrido, prometí que no lo pensaría más, que no le daría importancia y veo que hago de todo menos eso, así que me enfoco en la tv, disfruto de mamá y su risa. _ Caminamos por algunas calles de Florencia, mi acompañante y yo disfrutando ambos de unas palomitas acarameladas, vemos una banca vacía, cerca de un estanque lleno de lirios y algunas personas paseando en bote. Ambos miramos en la misma dirección, podría decir que siempre me siento bien junto a Aramis, él siempre tiene algún tema para hablar. Ambos comenzamos a reír al ver a una chica discutir con su compañero, este le juega una broma al mover el bote de un lado a otro, ella no tiene más remedio que echarse a reír mientras que él solo le hace tener una bonita noche, hace ya un largo rato que el atardecer termino, el cielo estrellado una brisa fría, pero soportable. –Me alegra mucho saber, que lo intentaras –Aramis se refiere al trabajo que me ofreció Paulette. –Eres muy buena en lo que haces, Gahil, te lo mereces. –No lo sé –digo, volteo a verle. –No quiero ser mala agradecida, pero algo me dice que no debo aceptarlo. –Paranoias tuyas como siempre, sabes que tu madre está ansiosa de que aceptes ese trabajo, ella te quiere, quiere lo mejor para ti, acéptalo, date una oportunidad –sonríe al verme, le imito, llevo mi mano hasta su cabello y lo alboroto. – ¿De dónde sacas esas palabras motivacionales? –Siempre las tendré para ti, Gahil –su mirada automáticamente cambia, es esa mirada de amor con la que siempre suele verme. –Sabes lo que siento por ti, aunque no correspondas mi amor, soy tu amigo después de todo. Trago con dificultad al escucharlo hablar de esa manera, me siento un poco mal, a veces me encantaría corresponderle, pero me es imposible. Lleva su mano hasta mi cabello corto, toma un mechón y le observo, él hace lo mismo, de a poco va acercando su rostro al mío, comienzo a temblar, debo alejarlo, debo hacerlo. Nuestras narices se rozan, pero Aramis esboza una sonrisa y solo pasa a chocar su frente en mi hombro, un suspiro brota de su parte y al alejarse se levanta de la banca y extiende su mano. –Vamos, continuemos nuestro paseo –dice sin incomodidad alguna, termino de tomar su mano y asiento. –Sí, vamos... Eso hacemos, continuamos nuestro paseo por el parque, él me habla de la recuperación de su padre, de su día a día, yo hago lo mismo. Le cuento como estuvo mi día, como intento sobrellevar esto de mi quizás nuevo trabajo, disfruto de su compañía, de sus temas para hablar, por lo menos tengo un respiro de todo lo que últimamente me ha tocado en estos días. … No sé cuántas bocanadas de aire he tomado desde los minutos que estoy acá parada, en la majestuosa entrada de la automotriz Marena. No sé cuántas veces he revisado mi carpeta, no se ya cuántas veces he arreglado mi falda amarillo pastel y mi camisa azul de rayas que hacen juego, mi cabello suelto, un maquillaje ligero. Decidida a darme la última bocanada de aire para por fin tomar el valor y entrar, lo hago, firme y con una sonrisa en mis labios camino con rumbo a la empresa. Allí, un amable señor abre la puerta y agradeciéndole entro, comienzo buscando con la mirada quien me ayude a comunicarme con Paulette, –que gracias al cielo me informo que ya estaba en este lugar–, y como caída del cielo, aparece Lia, la trigueña que fue quien me envió al piso tres. Al encontrar mi mirada puedo notar la tensión en todo su cuerpo, camino directamente hasta ella, noto como presiona más a su pecho una carpeta color rosa claro, delante de ella me detengo, esbozó una sonrisa, ella hace lo mismo, pero claramente el nerviosismo es palpable, yo no pretendo hacerla sentir mal. –Hola, yo nuevamente. –Señorita Albornés, bienvenida –carraspea un poco, le sonrió, intento apaciguar un poco la tensión. –Bus...Busca a su hermana ¿No? –asiento. –Piso cuatro, allí esta su oficina. – ¿Piso cuatro? –ella asiente, en ese momento alguien detrás de mi le llama y ella disculpándose se marcha rápidamente. –Así que no es en el piso tres –digo para mí. De inmediato camino hasta el ascensor, allí un joven me pide identificación, Paulette me dijo que le mencionara quien era, ya había dejado dicho que su hermana iba a venir. Así que al mencionar mi nombre y decir a quien busco me deja subir al ascensor, presiono el piso cuatro, pero antes de que las puertas se cierran alguien mete su mano y lo evita. Una chica de quizás unos veinte años aparece, cabello castaño, abundante, hermosa de pie a cabeza, lleva un vestido rojo que se amolda desde sus pechos hasta un poco antes de sus rodillas. Me sonríe y se coloca junto a mí, un chico también está a su lado, este es un poco más mayor, semblante serio, lentes de sol dentro del ascensor, extraño, pero le luce. Las puertas terminan de cerrarse y música de fondo un poco baja se escucha, yo mantengo la mirada al frente, estas dos personas a mi lado están en silencio. Ni siquiera intento mirarles en el reflejo delante de mí, sería algo vergonzoso, así que mantengo mi postura, no volteo, no me muevo, solo me dedico a respirar. –Espero que, con esto, recibas un castigo de parte de tu hermano mayor –el chico habla, voz gruesa y algo ronca, la chica a mi lado solo ríe un poco. –Tú como siempre de soplón, ya relaja tu rostro, tendrás arrugas antes de los treinta y cinco años, mi hermano me va a escuchar, no soporto tener un guardaespaldas. Noto que llegamos al piso tres, las puertas se abren, nadie baja y las puertas se cierran. –Señorita Zenna, créame que usted no es de mi agrado, no lo olvide. –Gracias por ese cumplido, eres tan agradable –ella ríe, reprimo una sonrisa de mi parte. Aunque el ambiente se ha tornado algo incómodo, la verdad es que la manera de que la chica sobrelleva la situación es graciosa. Solo busca la manera de hacerlo cabrear un poco más, las puertas se abren y es mi momento de bajar, doy dos pasos y me detengo en medio de las puertas abiertas al escuchar a la chica hablarme. –Nunca, en tu vida, permitas tener a un guardaespaldas, disfruta tu libertad, es lo más preciado, yo no tenía idea de ello –volteo a verle, le sonrió y asiento. –Nos vemos –me sonríe y continuando mi camino escucho las puertas cerrarse. En este momento me encuentro viendo a ambos lados, al menos aquí no hay tantas puertas, escucho la voz de Paulette, al girar a mi izquierda nuevamente la encuentro venir en un vestido verde agua con líneas blancas, sonriente camina hasta mí. Al detenerse me abraza, el gesto se me hace extraño, pero Paulette es así, cariñosa en ocasiones. –Debo mostrarte tu oficina, te va a encantar –comienza a caminar no le sigo, voltea a verme. – ¿Qué ocurre, Gahil? – ¿No se supone que alguien vera mis documentos? –Claro, claro, pero debes ver tu oficina, después de todos, con o sin documentos es tuya. –Paulette –rueda los ojos al cielo y vuelve a mí. –Gahil, ya deja ese jodido orgullo que tienes, evitemos la entrevista, tienes potencial, lo sabes, disfrutas lo que haces, ¿Crees que me arriesgaría? Sé que puedes hacer lo que te propongan, por favor –une sus manos implorando. –Por papá –susurra. –Está bien, vamos. – ¿De verdad? –sonríe ampliamente. –Sí, de verdad. De inmediato toma mi antebrazo y me arrastra hasta lo que será mi oficina. Abre la puerta y de verdad que es hermosa, tiene todo lo necesario para diseñar, tiene todo, absolutamente, tiene una alfombra rosa pastel en medio, algunos sofás, un escritorio y mi espacio para trabajar tranquilamente. Paulette no dice nada, sabe que me ha gustado mucho la oficina, lástima que no tenga una ventana para ver el exterior, pero de resto todo esta hermoso, la decoración es fresca y sé que mi hermana tuvo que ver en ello, sabe las cosas que me gustan, volteo a mirarla, le doy una corta sonrisa, ella hace lo mismo. – ¿Tú serás mi jefa? –No –frunzo el ceño inmediatamente. –Yo soy más del lado de contaduría, de las ventas, en eso me especializo, ¿Recuerdas? –Sí, si claro, lo siento –se acerca a mí, toma mis manos. –Date una oportunidad, Gahil, sé que sorprenderás a todos con tus diseños, es tu momento. –Gracias, tus palabras me ayudan mucho. Ambas nos abrazamos, en ese preciso momento un chico aparece, Paulette quien le daba la espalda voltea a mirarlo. – ¿Ocurre algo? –Tercer piso, repentino llamado del jefe. El chico de cabello oscuro quien nos habló sale de inmediato y Paulette sin darme explicación alguna toma de mi mano y salimos con prisa de la oficina. Observo a todos los del cuarto piso bajar las escaleras apresurados, yo voy junto a mi hermana, observo todo el lugar, intento familiarizarme con mi nuevo sitio de trabajo. –Hay algo que debes saber, Gahil –mi hermana susurra, asiento. – ¿Recuerdas el tema de mi novio misterioso? –de inmediato volteo a verla. – ¿Trabaja aquí? –sonriente la observo, asiente. –Y quedaras sorprendida de quien es, solo por favor, nada de esto a mamá, quiero las cosas con calma, ya sabes como suele ser de ansiosa –asiento, continuamos bajando. Las escaleras se despejan un poco, Paulette y yo continuamos bajando, pero faltándome cuatro escalones más, me detengo abruptamente. Paulette me observa, mantengo la mirada fija en el hombre que esta de espaldas, espalda ancha, cabello abundante, pero recogido, voltea un poco, su perfil, su barba. – ¿Él? –digo en un hilo de voz. –Sí, él –dice Paulette con voz entusiasmada. –Mi novio misterioso es... –Santos Muzzir. Susurro, en ese momento y como si de algo del destino se tratara, voltea, sus ojos oscuros conectan inmediatamente con los míos, todo a mi alrededor se torna silencioso, el hombre, ese hombre, no puede ser. Me mira unos segundos más y con un semblante serio voltea a ver a mi hermana, en ese momento una sonrisa se forma en sus labios, yo siento una extraña punzada en mi pecho, por no aceptar que es en mi corazón, la respiración se me dificultad, mis manos secas pasan a estar sudada. –Hola preciosa... Preciosa... Preciosa... –Preciosa, creí que me dejarías plantado... Paulette baja las escaleras, los observo a ambos, un casto beso es dejado en los labios de mi hermana, todos les observan como si esto es algo rutinario. Paulette es su novia, es esa preciosa que él según esperaba en esa oficina, comienzo a sentirme un poco mareada, tomo con fuerza la barandilla de la escalera, por suerte nadie me nota a mí, a excepción de Lia, su mirada esta sobre mi Esta es una broma de mal gusto, esto es la peor jugada del destino, yo bese al novio de mi hermana, yo he pensado en el novio de mi hermana, yo, yo... De inmediato y sin siquiera pedir disculpas salgo disparada de ese lugar, no pretendo irme como ese día, solo necesito un momento para procesar toda esta información. Santos es el dueño de esta empresa, será mi jefe, es mi cuñado, es el maravilloso amor de mi hermana, es ese hombre lleno de misterios que Ivette recalco una y otra vez, es quien con un simple beso causo una extraña revolución en mi mente y ahora yo no tengo idea de que hacer.
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