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2087 Words
Capítulo 4 Un hombre alto con pantalones de traje gris oscuro y una camisa blanca con la corbata casi desabrochada está de pie en medio de la sala, con un vaso de lo que parece whisky en la mano. —Debes ser Nadia— dice, dejando el vaso y acercándose a mí, sonriendo. Le devuelvo la sonrisa y tomo su mano, mucho más grande y extendida, entre las mías. —Si, y tu debes de ser Jackson— Por suerte, no es de esos tipos que intentan demostrar su hombría aplastándome los nudillos, ni es del tipo que actúa como si fuera a lastimarme sin tener ningún agarre. Y estoy impresionada. —Si. Bienvenida— Mira alrededor de la habitación mientras nuestras manos se separan. —A nuestro colorido hogar— —Vi la foto del antes. Este es un cambio bastante grande— Lo estoy poniendo a prueba para ver que piensa realmente del trabajo de Maya. Tengo la impresión de que un tipo como él no se adapta a los cambios con tanta facilidad. —Día y noche— dice. Su voz se suaviza. —Nunca me di cuenta de lo insípida que era mi vida hasta que Maya llego a ella— Guiña un ojo. Me rio, aliviada de descubrir que realmente acepta su influencia. —Nadie podría decir que la vida con Maya es aburrida, eso es seguro— Me acerco a una estantería y miro los títulos. Están las obras completas de Shakespeare. El conde de Montecristo y David Copperfield, entre otros que sé que Maya nunca leería. —Parece que no se deshizo de todo— Jackson se une a mí. —Ella sabe lo que es importante para mí y lo que no, y se las arregla con las cosas que me gusta conservar— Toma un sorbo de su whisky antes de continuar. —No lo espero, pero lo hace— —Maya siempre fue bastante sensible— No le digo que siempre estaba dispuesta a asumir un caso perdido y hacer todo lo que estuviera en su poder para arreglarlo, ya sea una persona o un negocio. Todavía recuerdo la librería de segunda mano que convirtió en una pequeña cafeterita con libros usados y nuevos. Ni siquiera era la dueña; solo era una empleada. Pero sigue en pie hoy, incluso con todas las demás tiendas independientes de la ciudad cerrando. —Tiene un don no solo para el color, sino tambien para la armonía, supongo que se podría decir…— Jackson se echa a reír, sobresaltándome. —¿Armonía? Vaya… No estoy seguro de poder estar de acuerdo con eso— Frunzo el ceño, pero mi siguiente pregunta se ve interrumpida por el sonido de una puerta abriéndose y luego por la voz de Maya. —¡Hola, familia! ¡Ya estoy en casa! ¿Jackson? ¿Puedes ayudarme con esto?— Se oyen golpes. —El deber me llama— dice en un susurro teatral, dejando su vaso en la estantería y saliendo de la sala hacia el vestíbulo. Lo sigo, con la esperanza de ayuda. Maya está a medio camino de entrar por la puerta, cargando a la bebe, una silla de auto, una bolsa de comida. —Iba a llevar a Zoey con Aria, pero Aria llegara tarde, así que me ofrecí a quedarme con ella un poco más— —¿Cómo metiste todo esto aquí?— pregunta Jackson, quitándole todo menos a la bebe. —Emir, el de abajo, me ayudo. Es muy amable— —Le gustan tus propinas, lo es— dice Jackson en voz baja. —No echaras de menos el dinero de la propina, pero para el marcara una gran diferencia— dice ella, entrando en la habitación. Hay un tono de censura en su voz. —Si, querida— dice Jackson, no sin humor. Tengo la impresión de que esta es una conversación que ya han tenido antes y han acordado estar en desacuerdo. O Jackson ha dejado que Maya se salga con la suya. Eso hace que me agrade aún más. ¿Guapo, generoso y comprensivo? Maya ha dado en el clavo. Maya me sonríe. —¿Estas lista para cenar? Pedí comida para llevar. Sigo siendo una cocinera pésima— —Aunque no llevas puesto tu vestido de repartidora— dice Jackson, ganándose un ceño fruncido de Maya. —Silencio— dice ella, acallando cualquier historia que estén compartiendo. Sonrió, sin entender del todo la broma, pero queriendo que sepa que no espero que cocine para mí. —Me encanta la comida a domicilio, especialmente en Manhattan. ¿En qué puedo ayudar?— —Desempaca. Aria llegara en cualquier momento— —¿Va a cenar con nosotros?— pregunta Jackson, golpeando el armario del recibidor mientras guarda las cosas. —Es viernes por la noche. Pensé que tenía vida propia— —La tiene, pero quería conocer a Nadia— Maya me guiñe un ojo. —Sin presiones, pero tambien vas a conocer a mi hermano— Me quedo boquiabierta. —¿Hermano? ¿Desde cuando tienes un hermano?— Sonríe ampliamente y se encoge de hombros. —¡Desde este año! Te lo contare todo en la cena— Sale del vestíbulo, esperando que la siga. —Pongamos la mesa antes de que lleguen— Sostengo a la bebe mientras Maya prepara la mesa con destreza. Pasa de un aburrido roble a un carnaval de colores en cinco minutos. Me quita a Zoey y la sienta en una silla alta cerca del rincón más alejado. Unos cuantos juguetes en la bandeja mantiene a la niña entretenida. —¿Te gusta?— pregunta, retrocediendo para admirar su trabajo. —Me encanta— Niego con la cabeza asombrada por su talento. —Nunca me había dado cuenta de que eras tan buena con el color— —¿Verdad?— Se inclina hacia mí y habla en susurro. —Creo que las cosas insípidas de Jackson me dieron una descarga de algo o algo así. Despertaron una parte de mi personalidad en hibernación— —¿Estás hablando de mi otra vez?— pregunta Jackson, acercándose por detrás y rodeándola con sus brazos por la cintura. Se inclina y la besa en el cuello. Ella se rie y da vueltas en su brazos, entrelazando sus manos detrás de su cuello. —Siempre. hablo de ti todo el tiempo con cualquiera que quiera escuchar. Todos estan hartos de oír tu nombre— Me doy la vuelta mientras se besan, avergonzada por la pasión que veo allí. No me extraña que se quedara embarazada justo después de que se mudaran juntos. ahora sí que siento la necesidad de acortar esta vista. obviamente estoy en medio de una luna de miel en su relación. Vaya, que invitada tan aburrida. Nadia el aguafiestas. —Está bien, basta ya— dice, dándole una palmada suave en el trasero. —Tenemos una invitada a la que estamos incomodando y tengo hambre— Maya se separa de su hombre con un suspiro. —Bien. Por cierto, tengo aperitivos. Déjame buscarlos…— Recoge la bolsa de la compra del suelo y la coloca en la esquina de la mesa. —En algún lugar por aquí…tengo unos rollitos de primavera…— Jackson saca su vaso de la estantería y vuelve hacia nosotras. —¿Les traigo algo de beber, chicas? ¿Vino? ¿Whisky? ¿Zumo? ¿Agua?— Respondo mientras Maya saca unas cajas del interior de la bolsa de la compra. —Solo tomare un poco de agua, gracias. Puedo conseguirla si me indicas el camino— Señala la cocina. —El agua está en la nevera. Con gas o sin gas, elige— —Los vasos estan al lado del fregadero— dice Maya mientras paso junto a ella. —¿Me sirves un jugo de naranja?— —Claro, sin problema— Me alegro de que no me estén esperando. Ya se siente bastante raro estar aquí después de haberme invitado yo misma. probablemente debería decir algo sobre no quedarme mucho tiempo para que Jackson no piense que soy una de esas personas que vienen sin boleto de vuelta. Alzo la voz para que me oigan en la otra habitación. —Entonces, estaba pensando en quedarme con ustedes unos tres o cuatro días, si está bien con ustedes— Saco dos vasos y espero la respuesta. Llega mientras espero a que caiga hielo del dispensador automático de la puerta del refrigerador. Maya aparece en la entrada de la cocina. —¿Solo unos días? Pensé que te quedarías más tiempo— Suena genuinamente decepcionada. —No quiero molestar— —No molestaras— Gira la cabeza hacia la sala. —¿Verdad Jackson? ¿No está molestando?— —Para nada— dice en voz alta para que lo oiga. Suspiro y luego inmediatamente me arrepiento. —¿Qué pasa?— pregunta Maya, entrando en la cocina. —Nada— —No mientas. Sabes que huelo una mentira a kilómetros de distancia— Termino de llenar mi vaso de agua y me doy la vuelta, mirando hacia donde sé que Jackson está esperando y probablemente escuchando. —No es gran cosa, de verdad— Maya baja la voz a un susurro. —Cuéntame— Mete la mano en la nevera y saca el jugo de naranja, sirviéndose un gran vaso. —Soy todo oídos— —No es nada, de verdad, te lo prometo— Desesperadamente quiero restarle importancia a mi situación, pero sigo intentando imaginar que hare a partir de ahora y no puedo. Solo hay un gran vacío n***o frente a mí y prácticamente me da un ataque de pánico pensar en lo que eso significa. Maya levanta su copa. —Salud— —Salud— toco mi copa con la suya, deseando haber elegido el whisky. —Ahora, no me lo cuentas todo o voy a llorar lágrimas de verdad aquí mismo en la cocina— Sonrió. Esta tan loca. Había olvidado cuanto me encantaba eso de ella. —¿Llorar lágrimas de verdad? ¿Por qué harías eso?— —¡Por qué! Solíamos ser muy buenas amigas. Tú me contabas todo y yo te contaba todo. No tienes permitido guardarme secretos, ¿recuerdas?— Dejo caer la cabeza sobre mi pecho mientras la culpa me asalta. —He sido una pésima amiga. No hemos hablado en siglos— —La amistad es cosa de dos, Nadia. ¿Recibiste llamadas de mi? No. principalmente porque mi teléfono estaba sin batería, pero, aun así. podría haber llamado, pero no lo hice. ¿Y quieres saber por qué?— Levanto la cabeza, ahora más preocupada por ella que por mí misma. —Si, quiero— —Fue porque mi vida era una completa mierda y no quería que lo supieras. Estaba avergonzada y estresada. Cuando más pensaba en ello, peor me sentía, así que simplemente deje de lidiar con ello por completo. Me desalojaron, ¿te lo conté?— Asiento con la cabeza, extendiendo la mano para apretarle el brazo. —Si, me lo contaste. Y lo entiendo. De verdad que sí. Y ahora me siento el doble de mal por no haber llamado— Se me llenan los ojos de lágrimas. Soy una imbécil completamente egoísta. Mi amiga me necesitaba y no estaba allí, y ahora aquí esta ella dándome un lugar donde quedarme. Me señala con el dedo a la cara. —¡No! ¡Nada de llorar!, ¿me oyes?— Mi sonrisa tiembla un poco. —¿Nada de llorar? ¿Por qué?— —Por dos razones— Levanta un dedo. —Una, porque me harás llorar, y no llevo rímel a prueba de agua, y me vere fea delante de mi novio, trato de evitar eso a toda costa porque pronto voy a estar muy gorda…— levanta un segundo dedo. —Y dos, porque no tienes ninguna razón para llorar. Sean cuales sean tus problemas, hablaremos de ellos y los resolveremos, y entonces ya no serán problemas— sonríe. —No es tan fácil— —Claro que sí. Inténtalo— Cruza un brazo bajo el otro y toma un sorbo de su bebida, esperando expectante. —Pero Jackson está ahí afuera…— —Está cuidando a la bebe, no oirá nada. Cuéntalo— Su tono es mas exigente. —Tienes cinco minutos antes de que lleguen todos, y quiero saber que está pasando antes de que conozcas a mi hermano—
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