Capítulo 5
Me siento presionada, pero la tentación de confesar es demasiado fuerte para resistir. Además, conozco a mi amiga; puede que ahora sea esta persona que vive en las Torres Trump, pero eso no ha cambiado el hecho de que es una pitbull en el cuerpo de un chihuahua. Una vez que se aferra a algo, no hay nada que la haga soltar hasta que consiga lo que quiere. Y ahora mismo, quiere una explicación de mi presencia. Supongo que se lo debo.
—Es que estoy…sin saber que hacer— Me encojo de hombros, esperando que sea suficiente. Aunque debería saberlo.
Ella asiente, con expresión intensa.
—Continúa—
—Sabes que llevo años enseñando arte en la preparatoria—
—Si, y sé que antes te encantaba—
—Quizás al principio, pero no tanto en los últimos años—
Frunce el ceño.
—Que lastima. Aunque tienes mucho talento— Mira por encima del hombro. —Tenía la esperanza de que me pintaras algo para poner encima del sofá—
—¡Estaría encantada!— la idea de poder devolverle su amabilidad es un gran alivio. —No es qué ya no quiera pintar, es que estoy cansada de enseñar a pintar. Solo quiero…— Miro mi vaso. —Lo que quiero no es posible. No lo sé—
—Si, lo sabes. Dímelo— Se inclina para mirarme a los ojos. —Vamos, ¿Qué daño puede hacer decírselo a alguien?—
Me encojo de hombros, conteniendo las lágrimas.
—No lo sé. ¿Tal vez si no lo digo en voz alta no tendré que lidiar con ello?—
—Ja, que graciosa. Como si hubiera funcionado alguna vez en la historia de la humanidad—
Me río suavemente, disfrutando de la ligereza que trae mi día. Ella siempre ha sido así, una fuerza imparable de la naturaleza.
—Te prometo que no me reiré— me asegura.
No sé por qué, pero es esa promesa suya la que me permite decir mi sueño en voz alta.
—Quiero pintar. Solo pintar—
Ella asiente con naturalidad.
—Excelente plan—
Me río de nuevo.
—¡Pero no es un plan!—
—Claro que sí. Tienes el que, tienes el por qué, tienes el quién. Todo lo que necitas es el dónde y el cuándo, y será un plan listo—
—También necesito un cómo, y ese es un problema, junto con todos esos otros…adjetivos o adverbios o lo que sean—
Suena el timbre y justo después se oye el sonido de la puerta abriéndose.
—Mierda, ya están todos aquí— Maya frunce el ceño. —Justo cuando estábamos llegando a la parte interesante—
Le aprieto el antebrazo.
—No te preocupes, podemos retomar donde lo dejamos más tarde, cuando todos se hayan ido—
—O antes— Maya me sonríe antes de darse la vuelta y salir de la cocina.
La sigo, esperando que ese comentario no signifique lo que creo que significa. Estoy a punto de agarrarla y hacer que se explique, pero me detiene un tipo que tiene que ser ese misterioso hermano que Maya mencionó antes. Se parece mucho a ella, salvo que parece estar recortado de cartón. Rígido, sería la palabra correcta para describirlo. El mismo pelo, las mismas pecas, pero nada del espíritu despreocupado que Maya irradia por cada poro.
—Hola— dice en tono formal, inclinándose para besar a Maya en ambas mejillas. Ella se lanza a sus brazos, obligándolo a abrazarla.
—¡Hola, hermano mío!— Se recuesta y le da una palmadita en la cabeza. —Bonito peinado. Veo que le has dado un descanso al gel—
Sonríe por un segundo y luego su rostro vuelve a ser inexpresivo.
—Gracias. Pensé en probar algo nuevo para variar—
—Esponjoso, me gusta— Ella sonríe.
El frunce el ceño.
—¿Esponjoso? No, no esponjoso. Esponjoso no es bueno— Se da la vuelta como si buscara un espejo, su mano se eleva hasta quedar suspendida sobre su cabeza.
Maya le agarra el brazo y lo arrastra lejos de la puerta principal.
—Deja de preocuparte por tu pelo ridículo y entra a conocer a mi mejor amiga de todos los tiempos—
—¿De todos los tiempos? Vaya—
Se detienen en la entrada de la cocina.
—Jared, te presento a Nadia, Nadia, este es Jared. Mi hermano—
Extiendo mi mano, sonrió.
—Puedo ver el parecido. Encantada de conocerte—
Toma mi mano con un agarre débil
—Encantado de conocerte también, Nadia— Me suelta y frunce el ceño con curiosidad. —¿Dónde vives? ¿Por aquí?—
—No— ¿Cómo describo donde vivo? Tácticamente, creo que vivo en mi coche en este momento, ya que este lugar no es mi casa y ya no tengo apartamento. Como si no estuviera ya lo suficientemente deprimida. —Soy de Boston, pero ahora mismo estoy entre mudanzas—
El asiente.
—Que bien. ¿Piensas quedarte en Manhattan?—
Maya lo agarra del brazo y lo lleva a la sala.
—Eso es lo que vamos a averiguar esta noche—
La puerta se abre de nuevo y entra una mujer. La reconozco como la chica de la foto con Jackson. Levanta la vista y me sonríe.
—¡Hola! Debes ser amiga de Maya—
Me acerco para saludarla y ayudarla con su bolso. Parece que tiene unos cincuenta pañales, por como algunos sobresalen por los lados.
—Si, lo soy. Soy Nadia. Y tú eres…Aria, ¿verdad?—
—¡Si, soy yo!—
El vestíbulo se llena de gente abrazándose e intercambiando saludos. Luego nos dirigimos en masa a la sala, donde Maya se asegura de que todos tengan algo de beber antes de sentarnos en la mesa.
—¿Qué planes tienes para el fin de semana?— le pregunta Maya a Aria mientras saca un poco de arroz frito de una caja y lo pone en su plato. —¿Esquiar tal vez?—
—No, pensé en quedarme este fin de semana para variar. Tal vez ir a un museo o algo así—
—Eso suena divertido— digo, imaginándome haciendo lo mismo. Ha pasado un tiempo desde que vi obras maestras, en vivo y en persona. Las simples fotografías de las pinturas no les hacen justicia.
—Podrías venir conmigo si quieres— dice sonriendo. —He estado en casi todas, pero me gusta volver a las grandes cada dos años más o menos. Tiene una exposición especial de impresionismo francés en el Met—
—Eso suena genial— Casi siento que ya tengo el comienzo de un plan. Recargaré mis baterías absorbiendo la gloria de esas pinceladas.
—Perfecto— dice Maya. —No es que esté tratando de deshacerme de ti ni nada, pero había planeado llevar a Zoey a esa cita de juegos grupal en el gimnasio el sábado, así que si— le sonríe a Aria. —Gracias por entretener a mi amiga mientras está aquí—
—No hay problema. ¿Quizás le gustaría salir a tomar algo después?—
Me encojo de hombros, sintiéndome mal por dejar a Maya atrás para las cosas divertidas.
—Quizás—
—Me uniré a ustedes— Maya mira a Jackson. —No te importa, ¿verdad?—
—No. Estaré en casa a las seis—
—Perfecto— Maya me pasa una caja de comida china. —¿Y luego que?—
Tomo la comida y espero más explicaciones.
—¿Qué vas a hacer después de tu visita con nosotros?— pregunta.
Mi cara empieza a arder. No sé si me está poniendo en un aprieto a propósito o si simplemente está siendo una cabeza hueca.
—Ehh, no estoy segura—
Maya mira a Jackson.
—Nadia es una pintora increíble. Ha estado enseñando durante años, pero ahora solo quiere pintar para sí misma—
Abro la boca para quejarme, pero Jared empieza a hablar primero. Interrumpiéndome.
—Eso es genial. Ojalá y pudiera pintar. Ni siquiera puedo dibujar monigotes de palitos—
—Yo tampoco— dice Aria. —Zoey dibuja mejor que yo— Aria se inclina y pone varios fideos cortados en la bandeja de la bebé.
—¿Tienes un estudio?— pregunta Jackson, haciendo una pausa mientras corta un rollito de primavera.
—No, todavía no— intento pensar en algo más de que hablar para desviar la conversación de mí, pero las preguntas me llegan demasiado rápido.
—Si quieres pintar en un estudio decente, realmente necesitas salir de la ciudad. Los alquileres por aquí son ridículos— dice Jared.
—Además está todo el tráfico, el ruido y la contaminación— Maya arruga la nariz. —No es propicio para la creatividad—
—Lo has hecho bastante bien— dice Jackson, agitando el tenedor.
Todos miran las paredes azules.
—Es cierto, pero no tuve opción. Este era mi lienzo y tenía que hacer lo que pudiera con él. Pero Nadia es un espíritu libre. Podría ir a cualquier parte. Necesita un lugar lleno de inspiración, tranquilo…en algún lugar en la naturaleza— Maya pone la cara perdida en la distancia.
—Podría usar la cabaña— dice Aria, mirando a su hermano. —No está muy lejos, y es definitivamente tranquilo—
—Mas bien aislado— dice Jackson. Da un gran bocado a los fideos, llenándose la boca.
—¿Tienes una cabaña?— pregunta Jared.
—¿Qué cabaña?— Añade Maya.
Aria habla mientras corta la comida de su plato.
—Es un lugar pequeño en Middle Mountain, en las Montañas de Catskills—
—No se ha tocado en años— dice Jackson, obviamente sin impresionarse por la idea. —Probablemente este llena de ratones—
Nunca he estado en las montañas de Catskills, pero se lo suficientemente sobre ellas como para estar intrigada. Si es un lugar que nunca usan de todos modos, tal vez no les importaría prestármelo por un corto periodo de tiempo. Podría pagar renta, incluso.
—En realidad, suena bastante interesante— digo a modo de prueba. No quiero empezar una pelea entre Maya y su novio.
—Una cabaña en el bosque suena perfecta— dice Maya. Su rostro esta radiante que prácticamente resplandece. —No puede ser tan malo ¿verdad?— Mira de Jackson a Aria.
Aria responde.
—Nuestra familia solía usarla para pescar y acampar hace años, cuando éramos pequeños. Tiene una habitación principal grande y luego una habitación pequeña adjunta a un lado con varias literas. No es nada lujoso, pero siempre nos divertimos allí—
Jackson asiente.
—Si, lo hicimos. Pero como dije, probablemente este en mal estado ahora— Mira a su hermana. —¿Cuándo fue la última vez que estuviste ahí?—
Ella lo piensa durante unos segundos antes de responder.
—¿Quizás diez años? ¿Quince?—
—Ha pasado más tiempo que eso para mi— Jackson mira a Maya. —Pero si quieres ir a echar un vistazo, no hay problema. Solo ten cuidado con la nieve— Mira a Jared. —Quizás tu hermano pueda ir contigo—
Antes de que alguien pueda responder, entro corriendo.
—No, está perfectamente bien. De hecho, me encantaría ir sola podría echar un vistazo, limpiarla y avisarte si hay alguna reparación importante que deba hacerse—
—El tejado probablemente este hecho un desastre. No hay garantía de que sea habitable cuando llegues ahí, ¿Qué harás si no lo está?— Jackson me mira, esperando mi respuesta.
Me encojo de hombros, actuando como si estuviera completamente tranquila con la idea de quedarme atrapada en las montañas nevadas sin un lugar donde vivir.
—No hay problema. Simplemente alquilaré una habitación de motel en algún lugar—
—¿Estás segura?— me pregunta Maya, con preocupación ensombreciendo su mirada.
—¡Si!— pongo todo el ánimo posible en mi respuesta. Esto se siente como lo correcto, y ha pasado mucho tiempo desde que algo se sintió bien. —Estoy absolutamente segura. ¡Sera genial!—
—Si necesitas ayuda, solo avísame— dice Jared. —Puedo tomarme uno o dos días libres del trabajo—
Lo descarto con mi tenedor.
—No, no es necesario. Pero gracias. Estoy completamente bien sola— Creo. Eso espero.
—¿No estás saliendo con nadie?— pregunta Maya. —¿Alguien que quiera verte allí, ¿Tal vez?— me guiñe un ojo.
—No, solo soy yo— Ya he tenido suficiente de relaciones aburridas y cansadas que nunca parecen pasar de la etapa de vivir juntos, pero no digo esa parte en voz alta.
—Supongo que está decidido, entonces— sonríe Aria. —Iremos al museo, tendremos una noche de chicas y luego te despediremos en tu aventura— Pierde un poco su expresión feliz. —No es que tengas que irte de inmediato— Mira alrededor de la mesa. —Probablemente planeabas quedarte un rato primero y al menos ponerte al día—
Maya me mira.
—Puedes quedarte todo el tiempo que quieras— Cambia su mirada a Jackson. —¿Verdad, Boo?—
El asiente.
—Lo que quieras—
Les devuelvo la sonrisa a mis amigos, mitad feliz, mitad asustada de estar metiéndome en algo que me supera. Pero sigo adelante y me comprometo de todos modos, para evitar echarme atrás. —Me pondré al día durante el fin de semana y me iré el lunes, creo—
Ahora tengo un plan, estoy ansiosa por comenzar. Por primera vez en mucho tiempo, tengo la esperanza de que las cosas mejoren y no empeoren.