La puerta se destruyó por el golpe qué le propinó Ela. Los trozos de madera volaron alrededor de la escena en el suelo. Juliana de rodillas lloraba frente a los tres hombres, la sangre ahora llegaba hasta sus piernas. Ela caminó hasta ella, colocó una mano sobre su hombre y la mujer ni se inmuto. ― Llévatela ― Ordenó a Grecia, quien entraba solo un par de pasos atrás de la potestad. Grecia se acercó a Juliana, inclinándose le tomó de la mano. ― Es hora ― Recitó como lo hacía Enoc y tal como fue indicado por la deidad. ― ¿De qué habla? ― Juliana soltó el agarre enojada― ¿Quiénes son ustedes? ― Encaró a las mujeres, sin levantarse del suelo. ― ¿No funciona? ― Inquirió a Grecia. ― No, señora. ― Para ella también era una sorpresa. Aunque entendía qué la orden fue dada explícitame

