Los minutos se hacían horas en el proceso de espera. Tanto Ela como Grecia permanecen en la distancia, sin entender lo qué está pasando. En la casa, a puerta cerrada estaban Enoc, Julián, Andrew y Juliana, está última aún con el arma apoyada en su frente por el qué fue su esposo. Para Enoc la situación era aún más complicada, no entendía lo qué estaba pasando, no podía hablar o manifestarse de alguna manera para no alterar la entidad aunque aún no identifique cuál de los hombres es. Estuvo a punto de lograrlo, logró acercarse tanto a la hija como para tocarla y solo hizo falta terminar la frase qué activaba el momento de ser llevada ante la corte, cumpliendo con parte de su trabajo. ― Julián, déjalos ir ― Rogó ella, en un nuevo intento fallido por sensibilizar a su verdugo. ― ¡Estas

