Te estás convirtiendo en mi Pashmak, delicioso pero difícil de encontrar El ambiente era tan espeso que podía tocarse con la mano, como si tuviéramos un líquido. La mirada glacial de Maximiliano se posaba en Mike, quien me soltaba con precaución y detenimiento. Sus ojos estaban en Max, como si estuviera petrificado. Su mirada temblaba, su respiración apenas contenida, como si cada exhalación le pesara; su rostro estaba paralizado. —Solo estaba hablando con Tiana —titubeó con delicadeza. Quería aparentar tranquilidad, pero el brillo inquieto rompía la máscara de serenidad. De manera inconsciente llevó su mano a su cuello, el cual se frotó, pero Maximiliano no dejó de mirarlo. Observaba cada gesto, movimiento, parpadeo; era la misma sensación de un lobo listo para atacar. —No tienes na

