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1120 Words
" Finges ser frío, decir que nada te duele, que nada te quiebra, pero en realidad, te estás rompiendo por dentro..." El sol se filtraba por las ventanas de la mansión Green. Los criados que eran los encargados del desayuno de esa mañana estaban un poco más agitados de lo normal. Sus patrones era muy exigentes y más aún cuando de visitas se trataba. Hoy vendría una persona que sus patrones no veían hace tiempo. Esteban Lachowski. Exactamente a las ocho en punto de la mañana el timbre de la mansión sonó. La señora Green se dio una última mirada en el espejo antes de bajar las escaleras seguida por su esposo. Ambos estaban muy ansiosos por la visita ya que él les había dicho que tenía noticias sobre su hija. - buenos días Sr. Lachowski - saludo la criada que le abrió la puerta al magnate. Él en forma de saludo movió la cabeza. Personalmente el creía que la gente se dividía en rangos que no se podían combinar. El magnate continúo su camino hasta llegar a la sala principal. Solo había una palabra para describir aquella estancia: perfecta. Tenía una acabado perfecto, sus puertas y todo lo que era de manera le hacia dar un toque antiguo, pero a la vez elegante, los cuadros que estaban adornando la estancia eran todos de colección exclusiva, cada uno de ellos originales y de diferentes paises mostrando así el arte de cada país. Los adornos eran todos también de diseño exclusivo y se encontraban perfectamente alineados y limpios para ser apreciados. Lachowski se sentó en uno de los sillones de la sala, que eran de cuero, pero no cualquier cuero, era uno de los más caras y se podría decir casi imposibles de encontrar. Los tacones de la esposa de Green sonaron en la estancia anunciando que la pareja ya se acercaba. - tiempo sin vernos Esteban - dijo el señor Green dándole la mano a su viejo amigo. - un gusto volverte a ver - dijo la señora Green mientras el magnate le daba un beso en la mano. Después de los saludos y todas las formalidades que tenía aquella adinerada familia, pasando a tomar desayuno que obviamente no fue como normalmente son los desayunos. Sus charlas consistían en negocios, familia, economía... Y demás. La pareja Green estaba ansiosa por saber que es lo que sabía aquel hombre sobre su hija, después de estar charlando por un buen rato por fin pudieron llegar al tema. - ¿Y como se encuentra tu hijo?- pregunto la señora Green dándole un sorbo a su bebida. - se encuentra de maravilla pronto se graduara en medicina - dijo orgullo de su hijo. Sentía compasión por ellos ya que su hijo si hizo todo lo que le dijo que hiciera y no fue ingrato como la hija de sus amigos. - que bueno ¿Y Megan? - dijo el Sr. Green que ya se encontraba nervioso a tanta presión. - ella pronto terminara el colegio y seguirá mis pasos... Es mi pequeña copia - Volvió a sentirse orgulloso al imaginarse cómo sería que su pequeña hija siguiera sus pasos y llegué al mando de todas sus empresas. - fantástico. - lo halago la señora Green. El tan solo asintió en forma de agradecimiento. Por un momento en la sala se quedaron en silencio esperando cual iba ser el próximo movimiento, pero no sucedió nada hasta que Esteban decidió hablar: - anteayer vi a su hija... - empezó diciendo para captar la atención de la pareja. - estaba en "Italian restaurant" esperando un cliente cuando ella entró con un chico - los sentidos de los padres se pusieron alerta ¿Con un chico? ¿Acaso esa pequeña zorra no había aprendido la lección? - ambos parecía que había acabado de salir del instituto. Estaban un poco apurados, pero los detuve porque hace tiempo que no me había comunicado con ustedes y vi una grandiosa oportunidad de hacerlo - el magnate se dio cuenta de como si amigo apretaba las manos y como su esposa trataba de calmarlo - ella me dijo que ya no vivía con ustedes y bueno... Por eso vine, quería saludarlos a ustedes- desvío el tema. -¿Cómo era el chico?- pregunto la señora Green tratando de ocultar la sorpresa en su voz - era alto, de ojos azules... Parecía venir de buena familia - dijo para calmarlos. No era ni una mentira, era la verdad, aquel chico le había parecido demasiado encantador para Mila, él debería estar con una chica de su talla como Megan. - ¿recuerda su apellido? - pregunto entre dientes el señor Green. - Black. Gael Black - un suspiro brotó de ambos. Si quiera ahora tenían la certeza que su hija no había vuelto con ese chico que la humillo. - supongo que nuestra hija lo traerá a la siguiente semana para presentarnoslo. Danos un adelanto...¿Cómo es el chico? - pregunto la señora. - el bueno... Es un hombre que tiene los pantalones bien puestos, sabe de lo que habla, es seguro de si mismo. Piensa estudiar Leyes y cuando termine su carrera continuara con el negocio de su padre - Era mentira, todo lo que había salido de su boca era una completa mentira. Gael había dicho todos sus sueños, había contado todo lo que pensaba hacer antes de meterse en toda la mierda que estaba. Iba a estudiar Leyes para que no se cometan injusticias ¿Pero ahora? Ese sueño cada vez se había más lejano. La pareja examino cada palabra que dijo el magnate, no había ni una sola pizca de diversión en sus palabras. Habia dicho la verdad. - entonces será oportuno que le cuente un poco sobre vuestros nuevos proyectos - Brath Green quería probar en un nuevo ámbito, quería generar más dinero y por eso quería tener su cadena de abogados. La charla volvió a la normalidad ambos magnates continuaron hablando de negocios, economía, sus país y todo lo que siempre hablaban. ~•~ -¿Ahora que aremos?- pregunto Cristine cruzándose de brazos. A pesar de que nunca lo dijo o si quiera lo demostró ella sentía cariño por su hija. - vamos a encontrar a ese chico. Si tenemos a él , la encontramos a ella - dijo Brath mirando a su esposa. Tan solo lo hacía por ella, siempre había sido por ella... Su hija lo decepcionó hace años y perdió la esperanza en ella, pero Cristine hizo que no se olvidará de ella. Una lágrima se deslizó por la mejilla de Cristine estaba devastada, tenía que volver a ver a su hija, la necesitaba... - todo se arreglará pronto - susurro sobre su cabello para darle un beso. Ella continúo sollozando sobre el pecho de su esposo, esos eran uno de los pocos momentos que compartían en el día gracias a que después trabajaban. Sabia que era su culpa, sabía que Mila se había porque no aguantaba ser ignorada.
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