*Editado
Ya era prácticamente mi hora de salida, había estado revisando todas y cada una de las agendas que me había entregado Claudia para ir aprendiendo todo lo que necesitara el señor Trastevere. Había permanecido en un escritorio cercano al de Claudia, puesto que en cuanto ella se fuera, yo sería quien ocuparía ese lugar, así que no había en dónde más ubicarme.
Estaba recogiendo algunos papeles que había esparcido por el escritorio, cuando el señor Peters salió del ascensor, me miró y me dio una sonrisa bastante amable.
- ¿Cómo vas en tu primer día?- Aun me sentía incomoda con la informalidad con la que se hablaban en el lugar de trabajo. Me habían enseñado que a los superiores se los trataba con respeto y ellos hablaban entre sí como si fueran iguales.
- Todo he ido muy bien señor Peters.
- Laura, ya te dije que por favor me llames George.- En ese momento, mi jefe salió de su oficina, George ni siquiera volteó a mirarlo, yo solo atiné a bajar la mirada, aun me dolían las palabras que me había dicho justo después de firmar mi contrato.
- Señor Peters, ¿qué lo trae por aquí? ¿Necesita algo?- George volteó a mirarlo y le sonrió algo forzadamente.
- En realidad no Sebastián. No necesito nada. Vengo a invitar a comer a la señorita Adams para felicitarla por su nuevo cargo.- ¿Qué? ¿Invitarme a mí? Parece ser que al señor Trastevere tampoco le cayó en gracia la idea, ya que su gesto que antes era amable, pasó a ser serio e inexpresivo.
- Bueno, pues creo que eso no se va a poder, necesito a la señorita Adams para cuadrar unos asuntos de agenda.- ¡Rayos! Más cosas que memorizar.- Aunque claro, si a ella le disgusta la idea, bien pueda vaya a cenar con ella señor Peters.- Mi jefe apretaba la mandíbula como si estuviera aguantando las ganas de golpear a alguien. ¿Estaba enfermo?
- No, ni creas. Si la necesitas no puedo interferir en su trabajo. Dejaremos la cena para otro día, ¿te parece Laura?- Sonreí forzadamente hacia él y asentí, realmente no quería ir a comer con él.
- Y por favor George, la señorita Adams pidió el favor de que el trato fuera formal hacia ella, entonces te pido que no la tutees. Acá se respetan las determinaciones que toma cada empleado respecto al trato hacia ellos.
- Si señor, está entendido. Que tengan buena tarde señor Trastevere.- Extendió la mano hacia él, pero este lo ignoró, dio media vuelta y entró a la oficina. Por un momento pensé que ya salía, tenía el saco puesto y el maletín en la mano.- Adiós, Laura, perdón, señorita Adams.- En parte le agradecía eso a mi jefe, no me sentía cómoda con los tuteos.
- Nos vemos mañana señor Peters, tenga buena tarde.
George dio media vuelta y muy alegremente se dirigió hacia el ascensor. Yo tomé las agendas del señor Trastevere y toqué la puerta para que me diera permiso de entrar.
- Pase.- Abrí la puerta y pude ver al señor Trastevere sentado en uno de los sofás, había aflojado un poco su corbata, tenía un vaso de licor en su mano y estaba sentado de una manera demasiado sensual como para no darse cuenta, tenía uno de sus brazos apoyados en el brazo del sofá y sostenía su cabeza como si le doliera.
- ¿Se encuentra bien señor? ¿Quiere que le traiga algo?
- Sí, estoy bien, no se preocupe. Tome asiento.
Me senté frente a él y me quedé esperando un buen tiempo a que me dijera algo, pero absolutamente nada salía de su boca. Habían pasado más de diez minutos y él seguía en la misma posición, yo no sabía qué hacer, si levantarme e irme o preguntar nuevamente si algo le ocurría.
- Emmm señor, ¿seguro que está bien?- Hablé lo más bajo que pude por si le dolía la cabeza, no quería molestarlo.
- Quedémonos así un rato más. Sinceramente, es el primer momento de tranquilidad que tengo en semanas.
- ¿Prefiere que lo deje solo señor?
- No, quédate.- Eso fue bastante inesperado, pero en parte enterneció mi corazón. Se veía como una persona demasiado frágil en ese momento y se preguntaba qué tantas personas habían podido conocer esa faceta de él además de ella.- Lo siento.- Dijo después de unos minutos de silencio, yo no supe qué responder.- Sé que no fue la forma adecuada de decirte las cosas, te pido me perdones Laura.
- No debe disculparse, no dijo nada que no sepa ya. Y por favor, no me tutee.
- Lo siento.- Y volvimos a quedar en silencio. No me había esperado esas disculpas, pero me agradaba que por lo menos fuera consciente de lo que había hecho. El comportamiento de mi jefe me intrigaba, era bastante extraño, pero sentía que a la vez, lo que estaba viendo era el Sebastián real, no el gran jefe de la mejor compañía del mundo, y en parte me alegraba poder presenciar todo aquello. Pasamos bastante tiempo en silencio, tanto que empezaba a quedarme dormida, no entendía porqué me había citado en su oficina si íbamos a estar en silencio. Sentí unos ojos sobre mí y me espabilé, el señor Trastevere me estaba mirando fijamente de una manera que no sabría describir, era como si intentara ver más allá de mi fachada, pero al mismo tiempo como si pensara en cualquier otra cosa.
- Puedo hacerle una pregunta señorita Adams.- El sonido repentino de su voz hizo que me sobresaltara en mi asiento.
- Si señor.- Me intrigaba saber lo que iba a preguntarme.
- ¿Por qué no le gusta que la llamen por su nombre? Es muy bello y decirle señorita Adams me hace sentir viejo.
- Bueno, me han enseñado que en el ámbito laboral el respeto y la formalidad es lo más importante, además me sentiría incómoda que usted, siendo mi jefe, me llamara por mi nombre y que esperara que yo también lo llamara por su nombre de manera casual. No somos cercanos, ni amigos, apenas nos estamos conociendo, así que no puedo permitir que nuestro trato sea informal.- Me había sentido como toda una anciana respondiendo eso y sabía que para él iba a ser incómodo, lo había notado cuando se había dirigido al señor Peters de manera tan formal.
- En esta empresa nos consideramos familia señorita Adams, por ese motivo nos llamamos por nuestros nombres, también es una forma de decir que aquí nadie es superior a nadie. No vi que tuvieras problema con llamar a Claudia y a George por sus nombres, ¿el problema es conmigo?- Dios, ahora pensaría que tenía algo contra él y no era así.
- No, para nada, no tengo ningún problema. Es solo que usted es mi jefe directo, así que no podría hablarle tan tranquilamente.
- ¿Algún día lo hará?- Creo que esa pregunta iba más para él mismo por la forma en la que lo dijo, sentía que se interrogaba para sus adentros, pero no entendía el porqué.
- Bueno, si me permite, me retiro. Ya pasó mi hora de salida. ¿O necesita algo más?
- No, puede irse. Nos vemos mañana señorita Adams. Recuerde que tenemos una cena importante al salir del trabajo.
- Si señor, vendré mejor arreglada. Hasta mañana.
Salí de la oficina sintiendo algo dentro de mí que nunca había sentido. Era un cúmulo de emociones que jamás había experimentado y que empezaron a surgir desde el momento en que supe que él sería mi jefe. La cuestión es, ¿eran los nervios de mi nuevo empleo o empezaba a sentir algo por mi jefe? Por Dios Laura, apenas lo conoces, has pasado un día a su lado y ya empiezas a romantizarlo. Definitivamente necesitaba un novio. ¡Que va! Los novios son una carga y en ese momento no tenía ni cabeza ni corazón para esas cosas. Lo importante era la situación de su familia y hasta que no estuvieran las cosas bien, no podía darse el lujo de pensar en banalidades como esa.
Llegué a casa y pude darme cuenta que estaba mucho más cansada de lo que pensaba, había extrañado a mi padre, llevaba dos días sin poder ir a verlo y tendría que hablar eso con Sebastián, quería visitarlo por lo menos una vez a la semana para enterarme del estado en el que estaba realmente. Entré a la cocina y allí estaban mi madre y Tom comiendo algo, olía delicioso y me rugía la panza del hambre.
- Hola cariño, ¿qué tal el primer día?
- Todo bien mamá, aunque necesito conseguir algo de ropa para mañana. Hay una cena importante en la noche y debo ir bien vestida.- Mi mamá me miró algo confundida.
- ¿Te dijeron algo por el traje?
- Algo así.- Torcí un poco la boca y levanté los hombros como para restarle importancia.
- Lo sabía, te dije que te llevaras el n***o, ese es más nuevo.
- No importa mamá, igual no tengo la ropa adecuada para trabajar en esa empresa, ya veré qué hacer.
Luego de esa pequeña conversación, hablamos de cómo le había ido a Tom en la escuela. Algo que teníamos en común era que éramos excelentes estudiantes, ambos habíamos estado en el cuadro de honor todos los años, yo había logrado que mi tesis fuera meritoria y tenía varios reconocimientos dentro de la universidad, realmente me había esforzado mucho para que valiera la pena el gasto tan grande que habían hecho mis padres. Y Tom era el chico más inteligente de su escuela, había participado en diferentes concursos de robótica, además de matemáticas y ortografía y en la mayoría había quedado en los primeros puestos. Mis padres habían criado a dos hijos excelentes, sin intención de presumir, y por eso sabía que podíamos tener esperanza de que las cosas mejoraran pronto.
Al terminar, subí a mi habitación y le marqué a Julieta, esa mujer se gastaba todo su dinero en ropa, así que podría pedirle que me prestara uno que otro atuendo para verme mejor, no importaba mucho la ropa que usara en la oficina, pero las cenas, bailes y reuniones que tenía junto a mi jefe eran de gran relevancia, así que debía dar lo mejor de mí. Mi madre entró a mi habitación con algunos de sus trajes y los dejó sobre mi cama, yo la miré confundida.
- En unos diez llego Jess, ya voy.- Colgué y mi mamá me miró con una gran sonrisa en su rostro.
- Toma estos para ir a la oficina, dejé los mejores que tenía. El n***o es el traje más nuevo que tengo, los demás tienen algunos años pero están en perfectas condiciones. No quiero que pases ninguna vergüenza por tu apariencia. Eres una niña hermosa y quiero que todos lo noten.
- Mamá, no es necesario, con el que me prestaste estoy perfecta. Ya me las arreglo con mi ropa.
- No señorita, nada de eso. Quiero que los uses, yo probablemente no volveré a usarlos, así que no puedo dejarlos ahí para que se dañen.
- Está bien mamá, gracias.
- No hay de qué mi niña.- Me dio un abrazo fuerte y me sentí feliz.- Sal ya, no quiero que te vayas muy tarde.
Salí rápido con dirección a la casa de Jess, las ventajas de tener a tu mejor amiga a menos de cien metros de distancia. Toqué el timbre y me abrió el padre de Jess, el señor Rogers.
- Buenas noches, vengo a ver a Jess.
- No entiendo porqué siempre saludas tan formal Laura, esta es como tu casa.
- Lo siento, es la costumbre.- Él me sonrió y despeinó un poco mi cabello, el señor Rogers era como mi segundo padre, Jess y yo habíamos crecido juntas, así que nuestras familias eran realmente unidas.
- Oye pelirroja, tu amiga está acá.
- ¡Voy!- Escuché que Jess gritó desde arriba y escuché sus pasos corriendo por todo el pasillo, un día de estos se iría de narices por las escaleras por la forma en que las bajaba.- Bienvenida a mi humilde morada.- Yo solo reí negando con la cabeza, esa mujer estaba loca. Subimos rápidamente a su habitación, Jess me tomó por los brazos y me sentó en la cama, no pude ni hablar.- Tengo cientos de ideas de lo que puedes usar. No sabes cuánto he esperado este momento.- Jessica estaba más emocionada que yo con todo este asunto de la ropa, yo solo quería un par de vestidos, pero al parecer ella tenía otros planes en mente.
En un momento, la cama estaba llena de pantalones, blusas, vestidos y todo tipo de tacones. No sabía qué era lo que tenía en mente, pero me empezaba a preocupar la cantidad ingente de ropa que esa mujer estaba sacando y lo que me sorprendía era que su armario aun se veía bastante lleno. Jess definitivamente tenía un serie problema con las compras.
- Listo, ahora pruébate eso.
- ¿Estás loca? No vamos a terminar esta noche.- Había literalmente una montaña de cosas sobre su cama y regadas por el suelo.
- Me pediste ayuda, no te quejes.
Empecé a ponerme uno por uno todos los atuendos que Jess había preparado para mí, algunos eran mucho más indiscretos y sensuales y claramente no me los pondría. Al final escogí unos diez vestidos, algunos pantalones y unas blusas, también me prestó algunos zapatos, tacones y más bajos para poder combinarlos con la ropa que ya llevaba y dos bolsos que quedaban con todo. Realmente Jessica estaba obsesionada con la moda, pero agradecía en este momento tener una amiga con ropa tan linda como para pedírsela prestada.
- Te puedes quedar con esos.
- ¿Qué? No, cómo crees. Esto es un préstamo.
- No, en serio, quédatelos. De hecho los compré en tu talla en una que otra ida al centro comercial, pero como no te gustan los regalos, estaba esperando esta oportunidad para dártelos.- Realmente la amaba, era una amiga genial y no solo porque me hubiera comprado cosas, sino porque me apoyaba incondicionalmente.
- Te lo agradezco y te prometo que te pagaré todo esto.
- No, no, nada de pagos. O bueno, sí. Con tu primer sueldo saldremos a bailar un rato, ¿sí?- Odiaba las fiestas, pero por ella lo haría, se lo debía.
- Ok, ok, está bien.- Jess soltó un grito y yo solo puse los ojos en blanco, ¿en qué me metí?