*Editado
Había algo en Laura que le parecía peculiar, la manera en la que se expresaba y su mirada le causaban cierta curiosidad, pero también recelo. Jamás se había interesado de la manera en que lo hacía con ella en ninguna otra mujer. Laura tenía algo que lo atraía, era bastante madura para su edad, hablaba con una propiedad que era extraña de encontrar en jóvenes de su edad, no sé vestía de manera vulgar o para llamar la atención y tenía una belleza única. En cierta medida le agradaba, lo había enfrentado y eso le había gustado, era la primera que no caía rendida a sus encantos, aunque había podido notar que él le atraía. Lo había demostrado cuando se había quedado viéndolo sin poder hablar, también se sentía cómodo con ella, como si la conociera de antes, mucho antes de lo que pasó en la cafetería.
Por eso había insistido en contratarla como su asistente, a pesar de que no cumplía con los requisitos que pedía. Sentía que ella iba a ser un escape a la realidad que estaba viviendo, un aire de brisa fresca frente a todo el huracán en el que se estaba convirtiendo su vida desde que su padre había dejado la empresa. La manera en la que lo había retado le había parecido emocionante y quería ver hasta donde podía llegar.
La mañana en que Laura iba a llegar a su entrevista me sentía bastante ansioso, sabía que la entrevista que le haría George sería una mera formalidad, ya que yo mismo había pedido que se fuera redactando el contrato para ella. Me preocupaba que ella no aceptara los términos que allí estaban impuestos y que decidiera buscar trabajo en otro lugar y no entendía el porqué. Sentía que entre ella y yo había una conexión y me generaba cierta inquietud e intriga por saber qué era exactamente lo que me pasaba con ella. El teléfono en mi escritorio sonó y contesté.
- Sebastián, hablas con George.
- George, ¿qué pasa?
- Disculpa que te llame directamente a ti, he intentado comunicarme un par de veces pero Claudia debe estar ocupada porque no ha respondido.- Dios, ya casi se iba y se le olvidaba como trabajar a esa mujer.
- ¿Qué pasa?
- Bueno, Claudia me había dicho que la señorita Adams asistiría el día de hoy a las ocho de la mañana para la entrevista, pero no ha llegado. Al ser una requerida tuya, quise saber si ella se había excusado por no venir o qué pasaba.- Sabía que se arrepentiría de trabajar aquí.
- No sé qué decirte, Claudia no me ha comunicado nada. Dame un momento y averiguo.- No puedo creer que tenga que hacer el trabajo de secretaria que esa chica tenía que hacer. Ahora era yo el que me comunicaba para ver qué pasaba. ¡Genial! Salí de mi oficina y Claudia estaba bastante ajetreada en su escritorio.
- Claudia, ¿dónde está Laura?
- ¿Perdón?- Empezaba a perder la paciencia.
- ¿Dónde está Laura? Peters lleva esperándola quince minutos y no ha llegado, ¿si le diste el mensaje?
- Si señor, ella me confirmó que venía en este horario.
- Búscala.- En ese momento, su teléfono empezó a timbrar, ella contesto.
- ¿Diga?- Intentaba escuchar lo que decían en la otra línea, pero me era imposible. - ¿Laura? Pero el señor Peters me dijo que no habías llegado a la cita.- ¿Estaba aquí? ¿Por qué no le habían dicho a George? - Dame un momento, no te vayas a ir.- Claudia colgó el teléfono y volteó a verme.
- La señorita Adams está aquí desde hace más de media hora, Brenda no le ha informado al señor Peters.- Rayos, siempre la misma historia. Estaba harto de esa niña.
- Sácala de esta compañía, estoy harto de sus escenas en la recepción.
- Si señor.
Volví a la oficina y empecé a hacer unas cuantas llamadas, seguía sintiéndome ansioso al saber que en este momento Laura estaba hablando con George de su puesto de trabajo, ¿si firmaría el contrato? Tenía que hacerlo, trabajar aquí era una excelente oportunidad y le abriría las puertas en cualquier lugar al que ella fuese después. Volví a escuchar a Claudia mencionar el nombre de la señorita Adams y de lo que pude entender era que Brenda seguía molestándola, ¿cuál era la cosa contra ella? Llamé a Claudia de nuevo y ella se veía bastante preocupada.
- ¿Ahora qué pasa?
- Brenda no dejaba subir a la señorita Adams a reunirse con Peters, le pedí que subiera con ella también. Señor, ¿en serio quiere que la despida?
- ¿Acaso lo dudas? Te di una orden Claudia.
- Lo sé señor, pero es que es una de las consentidas de su papá. No quiero meterme en problemas.
- Mi papá ya no está acá Claudia, el que da las órdenes soy yo y Brenda se va de esta compañía. ¿Está claro?
- Si señor. Recuerde que tiene una llamada pendiente con el director del área de innovación, ya mismo se la comunico. Con permiso.
Entre tantas cosas, me sentía tensionado debido a que uno de nuestros robots estaba presentando fallas y ya se había aprobado la fecha de lanzamiento. Toda la empresa estaba volcada en este robot y un solo error podía parar toda la productividad de la compañía. Había sido una decisión bastante arriesgada haber escogido ese proyecto en específico, pero Zamtech siempre había sabido sobrellevar los inconvenientes, pero este estaba sobrepasando todas las expectativas de los márgenes de error y podría costarnos una fortuna si no salía bien. Estaba en plena llamada bastante cabreado porque el equipo solo daba malas noticias, cuando sentí que un par de ojos me miraban desde atrás. Cuando volteé vi unos ojos verdes que me hipnotizaron por completo y que hicieron que mis defensas bajaran a cero.
- Señor Trastevere, le presento a su nueva asistente, la señorita Laura Adams.- Claudia había hablado, pero había escuchado su voz como un susurro lejano, todos mis sentidos se encontraban enfocados en esa castaña de ojos verdes que me miraba con la intensidad de un rayo de sol.
- Señorita Adams, será un placer trabajar con usted.- Tomé su mano y de repente sentí una corriente eléctrica recorriendo desde la punta de mis dedos hasta la última fibra de mi cabello. Había sido una sensación increíble y sabía, por su reacción, que ella también lo había notado. Vaya que si sería divertido el estar junto a ella.
- El placer es mío señor Trastevere. Gracias por la oportunidad.- Le di una de mis sonrisas encantadoras y pude ver como se ruborizaba. Cuando ella bajó la mirada, volteé hacia George y é la miraba totalmente embelesado. Laura era una belleza extraordinaria, no lo negaba, pero la forma en que él la observaba le parecía desagradable.
- Por favor, tomen asiento. Vamos a proceder a la firma del contrato.- Nos sentamos todos en la pequeña sala que tenía en mi oficina y uno por uno, firmamos los documentos que teníamos en frente. George no le quitaba los ojos de encima a Laura y eso me molestaba más de lo que debería, a fin de cuentas ella iba a ser mi asistente, solo eso. Y yo iba a ser su jefe. Al terminar, todos nos pusimos de pie.
- Denme un momento a solas con la señorita Adams.- Claudia y George salieron de la oficina y le indiqué a Laura que se sentara en una de las sillas frente a mi escritorio.
- Bueno señorita Adams, primero que todo bienvenida a Zamtech. A partir de hoy usted será mi asistente y mi mano derecha, prácticamente mi sombra. A donde yo vaya, usted va, si yo digo, usted hace. ¿Entendido?- Ella no me miraba directamente a los ojos y eso en parte me molestaba- A partir de ahora no toleraré ninguna falta de respeto y tampoco ningún tipo de confrontación frente a las posturas que yo tome. Claudia va a ayudarla unos días mientras se acopla, pero a partir de la próxima semana, usted estará sola. Claudia va a retirarse de la empresa, así que usted cumplirá la doble función de ser mi asistente y mi secretaria, mientras encontramos a alguien, ¿claro?- Empecé a subir un poco el tono de mi voz, quería que me viera, solo a mí.
- Si señor.
- También quiero pedirle el favor de que consiga otro traje. Esta es una empresa de alta élite y usted, si me disculpa, está muy mal vestida.- No supe porqué le dije eso, en cuanto las palabras salieron de mi boca quise disculparme, pero ya habiéndolo dicho, no podía retroceder. En todo caso, era verdad lo que le decía, pero sabía que no era la forma de hacerlo.
- Si me permite señor, en este momento no cuento con los recursos para comprar otro traje, en el momento en que me den mi primer sueldo lo consigo.- Notaba que intentaba tranquilizarse, acababa de decirle que no iba a tolerar escándalos ni contraposiciones a mis decisiones, y siendo su primer día, supongo que se estaba conteniendo.
- No, señorita Adams, creo que no estoy siendo claro. Mañana tenemos una cena con uno de los socios más importantes de esta compañía y usted no puede ir vestida de esa manera.- Empecé a escupir veneno palabra tras palabras que salía de mi boca y podía ver que lágrimas empezaban a formarse en esos ojos verdes.- Supe que tuvo problemas con Brenda ayer por esa misma razón, no puedo permitir que la imagen de mi empresa se vea afectada porque mi asistente no viste apropiadamente.- La había cagado, definitivamente
- De acuerdo señor Trastevere, me disculpo por mi atuendo.- Vi como agachó su cabeza y supe que la había insultado de la peor manera, pero ya no podía remediar mi error.
- No se disculpe, consiga algo más. Ya puede retirarse.- Laura se levantó de la silla y salió temblando de mi oficina. ¿Qué había hecho? ¿Por qué la había tratado de esa manera? Había actuado como un imbécil y no merecía que me perdonara de ninguna forma. La cuestión era, ¿la había tratado así realmente por como estaba vestida y la imagen de la empresa o por como la había visto George? Era estúpido sentir celos o algo similar, ni siquiera éramos cercanos, así que no tenía sentido. Tomaría mi reacción como algo natural al querer proteger a mi compañía, sí, eso era todo.
Luego de un tiempo se me olvidó por completo el asunto de Laura, había rondado por mi mente el salir a pedirle una disculpa, pero tenía cosas mucho más importantes que hacer y no podía estar con bobadas ahorita. Ella sabía perfectamente que lo que le había dicho era verdad, así que en parte, no me sentía tan mal de haberle recalcado lo importante que era la imagen para la compañía. No tenía ya mucho que hacer en la oficina, así que decidí retirarme. Mañana sería un día terrible, ya que tenía una cena con mi familia para hablar de cómo iba progresando la empresa y tendría que mostrar a mi maravillosa asistente nueva, nótese el sarcasmo. En cuanto la vieran, era muy probable que mi madre pidiera que la echara, así funcionaban las cosas en esta familia.