¡Que maldita!

2443 Words
*Editado Había esperado ya más de media hora y el señor Peters aun no bajaba. Se me hacía extraño, ya que Claudia me había dicho que fuera muy puntual, Brenda no dejaba de mirarme y era como si se estuviera burlando de mí. Empezaba a cansarme de estar sentada allí, así que saqué mi teléfono y marqué el número del que me habían llamado ayer. - ¿Diga? - Claudia, buenos días. Habla con Laura. Estoy en la recepción, pero el señor Peters aun no se presenta, ¿sucedió algo? - ¿Laura? Pero el señor Peters me dijo que no habías llegado a la cita.- ¿Qué? ¿Cómo así? - Perdón, estoy esperando desde las siete y cuarenta en la recepción y nadie se me ha acercado. Brenda me vio llegar, ella puede confirmarlo.  - Dame un momento, no te vayas a ir. Claudia me colgó y yo empezaba a sospechar sobre lo que había pasado, Brenda había mencionado que llevaba meses intentando quedarse con el que sería mi puesto en esta empresa. Al yo "incumplir" la cita, era muy probable que se lo dieran, a menos que hubiera venido alguien más a la entrevista, lo que dudaba porque no había nadie más en la recepción. Volvió a sonar mi teléfono y contesté. - Laura, por favor, sube al sexto piso, cuando salgas, gira a mano derecha, la última oficina es la del señor Peters.  - De acuerdo, gracias Claudia.  Me levanté y fui hacia los ascensores, pero Brenda se interpuso en mi camino. - ¿A dónde crees que vas? - Tengo una cita con el señor Peters, con permiso.  - Ni creas que te voy a dejar subir, estás loca. A mí nadie me ha llamado para que te permita pasar.  - Acabo de hablar con Claudia, por favor no lo hagas más difícil y dame permiso.  Brenda estaba entre el ascensor y yo, parecíamos bailando el vals, estaba empecinada en no dejarme pasar y ya estaba colmando mi paciencia. Mi celular empezó a sonar y reconocí el número de Claudia. - Laura, ¿dónde estás? El señor Peters te está esperando en su oficina. Si esto es un juego, por favor no nos hagas perder más tiempo. - Claudia estoy intentando subir hace cinco minutos, pero Brenda está en la puerta del ascensor y no me permite pasar. ¿Podrías hablar con ella?- Brenda parecía haciendo berrinche de niña pequeña, estaba con los brazos cruzados, golpeando con la punta de su pie el suelo en señal de desesperación y con una mueca que le arrugaba toda la cara. Puse el teléfono en altavoz y pude ver cómo se le transformaba la cara a Brenda a medida que Claudia le iba diciendo lo que iba a pasar. - Aprovecha y sube con Laura a la oficina del señor Peters, Brenda. Tenemos que hablar muy seriamente contigo. Por favor, me esperas para hablar los tres.- Brenda tenía los ojos abiertos de par en par y yo muy seguramente tenía una sonrisa en el rostro. Entramos al ascensor y ella cruzó los brazos. - Todo esto es tu culpa. Ese puesto era mío. - ¿Disculpa? Tú te buscaste esto sola. No le avisaste al señor Peters que estaba aquí cuando llegué y tampoco me dejaste subir cuando Claudia habló con él. ¿Es mi culpa o la tuya? Deja la envidia. - No te atrevas a hablarme de esa manera, no te lo permito.- Brenda estaba hecha una furia total, tenía la cara roja y respiraba bastante agitada, me hacía algo de gracia verla así, pero sabía que ella se había metido en graves problemas por haber interferido en el proceso de contratación. Si no la despedían, el castigo sería impresionante, o por lo menos, mi antiguo jefe la hubiera castigado sin salario por un tiempo o doblando turnos. No me gustaría estar en su lugar en este momento. Cuando llegamos a la oficina, me hicieron ingresar primero a mí. El señor Peters era muy diferente a como lo había imaginado, al parecer en esa empresa contrataban prospectos de modelo, porque no había visto una sola persona fea caminar por esos pasillos. George, como me dijo que lo llamara, era un hombre alto, de unos cincuenta años, bastante bien cuidado y sobre todo muy carismático, era todo lo que se pudiera desear en un hombre. Era un hombre muy gentil y amable y tenía algo que llamaba la atención, más allá de su físico claro está. - Bien Laura, no nos queda duda que tienes un excelente currículum. Tus calificaciones son excelentes, tienes muy buenas recomendaciones de tus profesores y de tu antiguo jefe, lograste sacar adelante un pequeño negocio con tus proyecciones financieras y además eres muy guapa, si me permites decirlo. - Señor Peters...- Él levanto una ceja hacia mí, parecía que en esa empresa las formalidades no encajaban.- Perdón, George, la verdad es que no aspiraba al cargo de asistente dentro de esta compañía, pero sé que por el momento no puedo aspirar a más. Le aseguro que si me da este puesto, voy a trabajar mejor que nadie en esta empresa, no va a haber queja alguna de mi trabajo. Realmente necesito el empleo.  - ¿Puedo saber el por qué de tu desesperada situación, Laura? - Son temas personales y como ya le dije prefiero que mi vida privada no interfiera en lo que vaya a hacer en este lugar.  - Pues Laura, sinceramente no hice que te citaran únicamente para entrevistarte. El señor Trastevere en persona me pidió que te diera el cargo como su asistente. Esto es una mera formalidad.- ¿Cómo? Él les había pedido que me contrataran, pero ¿por qué? - ¿Disculpe? ¿El señor Trastevere? - Si señorita. Él mismo nos pidió que iniciáramos el proceso de contratación. Al parecer lo dejó bastante impresionado el día de ayer, nunca nos había pedido él mismo una asistente, casi siempre las asignamos.- Vaya, eso si no me lo esperaba.- ¿Te encuentras bien? - Sí, estoy bien, solo que no esperaba algo así. - Si te soy sincero y no quiero meterme en asuntos privados, parece que le causaste muy buena impresión a Sebastián. Lo conozco hace años y nunca había mostrado interés en una chica como contigo.- Parece que a este hombre le gusta bastante el cotilleo.  - De acuerdo George, la verdad no me interesa saberlo.- El señor Peters se echó hacia atrás en su asiento y tomó una postura algo más seria.  - Discúlpame, no quise incomodarte. Bien, como ya te dije, esta entrevista es una mera formalidad, pero tu contrato ya está listo, si gustas podemos hacer una cita en unos minutos con el señor Trastevere para que todos firmemos y empieces tu proceso en la compañía.- Me sonrió de manera cálida y yo le devolví el gesto. - Perfecto, me parece bien. - Bien, espérame afuera por favor. Debo arreglar el asunto con Brenda y ya mismo me comunico con Sebastián. Salí de la oficina sintiéndome entre alegre y confundida. Claramente me hacía feliz haber conseguido el empleo, ya podría relajarme un poco más con respecto a lo que había pasado con mi madre en su trabajo, pero me confundía el hecho de que él haya pedido que me contrataran. Por como habían sido las cosas entre nosotros hasta ese momento, creí que en realidad le caía mal y que probablemente no querría volver a verme jamás. A lo mejor, le había causado una buena impresión mi hoja de vida, pero no estaba muy segura de eso. Jamás había trabajado como asistente de nadie y no sabía realmente qué era lo que tenía que hacer. Además, el señor Trastevere tenía a Claudia, entonces no sé cómo pintaba yo ahí. Vi que Claudia se acercaba a mí y me sonrió, le devolví el gesto y me preguntó qué tal había ido todo. Realmente no supe qué contestar, ¿acaso le estaba quitando el lugar a ella? No sabía si sería tan eficiente, era probable que no. Yo solo atiné a asentir y ella entró a la oficina.  Luego de unos diez o quince minutos, Brenda salió hecha un mar de lágrimas de la oficina del señor Peters, sabía que no sería nada agradable lo que tendrían por decirle, pero no esperaba que fuera tan grave como para que reaccionara de esa manera.  - Laura, pasa por favor.- Entré nuevamente a la oficina, Claudia y George estaban de pie y ella me extendió su mano. - Felicitaciones, Laura. Bienvenida a Zamtech.- Ya era oficial, era una empleada más de la compañía de tecnología e innovación más importante de toda América. Era un sueño, a pesar de que no era el trabajo que deseaba, pero podía decir que trabajaba en la mejor compañía del país y seria espectacular.  Subimos por el ascensor hasta el último piso y entramos a la oficina del señor Trastevere, este estaba al teléfono y parecía que estaba realmente molesto, miraba por la ventana hacia la calle y apretaba la mano que tenía libre hasta que los nudillos se le tornaban blancos. Wow, eso solo lo había leído en los libros cuando era adolescente, pero verlo en persona se me hacía impresionante. ¿Qué tan enojado deberías estar para apretar la mano así de fuerte? El señor Trastevere dio la vuelta y cuando nuestras miradas chocaron, sentí que el ambiente se relajó de inmediato, era como si mi presencia allí lo hubiera calmado y eso era algo extraño. Apenas me conocía. Tal vez solo habían sido impresiones mías y me estaba creando películas en mi mente. - Señor Trastevere, le presento a su nueva asistente, la señorita Laura Adams. - Señorita Adams, será un placer trabajar con usted.- No sé porqué esas palabras, junto al tacto de su mano sobre la mía, hicieron que una descarga pasara por todo mi cuerpo. Habían sido unas simples palabras de bienvenida, pero yo las había sentido como si me las hubiera susurrado al oído en medio de una noche de pasión. Concéntrate Laura, por Dios. ¿En qué estás pensando? Sentí como me puse de todos los colores y bajé la mirada avergonzada. Esperaba que allí nadie se hubiera dado cuenta de mi reacción.  - El placer es mío señor Trastevere. Gracias por la oportunidad.- Él sonrió con una de las comisuras de sus labios y Dios mío, ahora entendía lo que volvía locas a las protagonistas de las historias. Era el gesto más sexy que había presenciado y sentía una debilidad en las piernas impresionante. ¿Bueno este hombre de dónde había salido? Todos nos sentamos en una pequeña sala que había en la oficina y procedimos a firmar. Claudia había servido como testigo en la firma del contrato que me vinculaba a Zamtech durante un año de mi vida.  - Denme un momento a solas con la señorita Adams.- Claudia y el señor Peters salieron de la oficina y nosotros nos quedamos a solas. Él se sentó detrás de su escritorio y me señaló una de las sillas enfrente de este. - Bueno señorita Adams, primero que todo bienvenida a Zamtech. A partir de hoy usted será mi asistente y mi mano derecha, prácticamente mi sombra. A donde yo vaya, usted va, si yo digo, usted hace. ¿Entendido?- Yo solo asentí.- A partir de ahora no toleraré ninguna falta de respeto y tampoco ningún tipo de confrontación frente a las posturas que yo tome. Claudia va a ayudarla unos días mientras se acopla, pero a partir de la próxima semana, usted estará sola. Claudia va a retirarse de la empresa, así que usted cumplirá la doble función de ser mi asistente y mi secretaria, mientras encontramos a alguien, ¿claro?- Dios mío, esto sería un infierno. - Si señor.  - También quiero pedirle el favor de que consiga otro traje. Esta es una empresa de alta élite y usted, si me disculpa, está muy mal vestida.- ¿Y este quién mierda se cree? Empezaba a odiar este trabajo. - Si me permite señor, en este momento no cuento con los recursos para comprar otro traje, en el momento en que me den mi primer sueldo lo consigo.- ¿Ahora me iban a decir en qué gastarme la plata? - No, señorita Adams, creo que no estoy siendo claro. Mañana tenemos una cena con uno de los socios más importantes de esta compañía y usted no puede ir vestida de esa manera. Supe que tuvo problemas con Brenda ayer por esa misma razón, no puedo permitir que la imagen de mi empresa se vea afectada porque mi asistente no viste apropiadamente.- Sí, definitivamente estaba en el mismo infierno.  - De acuerdo señor Trastevere, me disculpo por mi atuendo.  - No se disculpe, consiga algo más. Ya puede retirarse.- Me levanté de la silla temblando de la rabia, ¿cómo se atrevía a insultarme de esa manera? ¿Acaso no le habían enseñado modales? - ¿Te encuentras bien Laura? - No, nada bien.- Claudia me veía preocupada, era muy probable que estuviera a punto de llorar. Me sentía humillada y había sido insultada de todas las formas posibles, le había falta abofetearme para ponerle la cereza al pastel.  - ¿Quieres un vaso de agua? - No, tranquila. Por favor, enséñame lo que tengo que hacer. - Bien.- Claudia fue supremamente paciente y muy amable. Me explicó absolutamente todo, me entregó la agenda del señor Trastevere y en ella se encontraba absolutamente todos los eventos a los que tendría que ir. Nada más esa semana habían dos almuerzo, seis cenas y un baile de caridad. ¿De dónde sacaría el dinero para comprar esa ropa? Hubiera pensado en eso antes de aceptar la entrevista. También me entregó una lista de los socios y accionistas de la empresa, debía cuadrar reuniones para la próxima semana con cada uno de ellos, además de programar una junta directiva para saber cómo iba la empresa en general. En tan poco tiempo Claudia me saturó de información y yo sentía que mi cabeza iba a estallar si me llegaba un nombre más al cerebro.  - Eso sería todo por hoy. Mañana te enseño a usar el sistema de la empresa, es una red que tiene interconectados todos los computadores de Zamtech, así que si una persona hace algo, todos se enteran. Por ahora solo te digo que no debes abrir ningún correo o red social personal aquí o todos podrán leer tus conversaciones. Ya ha pasado antes y las consecuencias han sido terribles.- Me sentía en una prisión y hasta ahora empezaba a trabajar aquí. ¿En qué me metí?
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