*Editado
Entré al hospital para visitar a mi padre, aun no iba a decirle nada, quería que fuera oficial mi nuevo empleo para poder contárselo a todos. Las enfermeras no me permitieron pasar a la habitación, me dijeron que papá había tenido una recaída y en ese momento estaba en observación para ver cómo iba avanzando su estado. Sabía que en la condición en la que se encontraba las cosas no iban a ser fáciles, pero no esperaba que se empezara a manifestar tan pronto. El doctor le había dado poco tiempo, lo sabía y tenía que ver la forma de poder aprovechar al máximo a su padre, él le había dado todo cuanto tenía y no merecía estar pasando por ese suplicio. Aún no sabía hasta qué punto iba a ocultar lo de su padre, pero sabía que en algún momento tendría que decirle a su madre todo lo que estaba pasando y más porque los síntomas empezaban a manifestarse a pasos agigantados. Su padre no podía ser tan egoísta.
Volví a casa sin poder ver a mi padre, mi mamá y mi hermano siempre estaban ocupados en los horarios de visita permitidos por el hospital entre semana, así que solo podían ir a verlo los sábados, por eso siempre que iban, papá se comportaba como si no le pasara nada, yo me lo había creído los primeros días, pero cada vez lo veía más y más débil. Entré a la casa y fui directo a la cocina, tenía bastante hambre. Mi madre estaba allí, algo raro porque a esta hora normalmente estaba en la escuela.
- Ma, ¿qué haces aquí?- Ella tenía los codos apoyados en la mesa y su cabeza sobre estas, en una postura que mostraba lo agotada que estaba. Cuando subió su mirada a la mía, me asusté. Su cara estaba deformada por la tristeza y lágrimas caían de sus ojos.
- ¡Ay Laura!- Soltó un sonido lastimero y roto por el llanto. Me acerqué a ella, ¿se habría enterado de lo que pasaba con papá?
- ¿Qué pasa mamá?, me asustas.- Me senté junto a ella y tomé sus manos, estaba temblando y yo me temí lo peor.
- Mi amor, me quedé sin trabajo. ¿Qué vamos a hacer?- En parte sentí un gran alivio porque al menos no se había enterado de lo que había pasado hoy en el hospital. Pero, ahora la situación en serio se iba a poner difícil, tenía que encontrar un empleo rápido.- ¿Cómo pagaremos lo de tu padre? A duras penas tengo unos cuantos pesos ahorrados, pero no alcanza para su tratamiento. ¿Qué voy a hacer?- Me dolía ver a mi madre tan destrozada, ella no merecía todo ese dolor.
- Pero, ¿por qué te sacaron? ¿Qué pasó? Eres una maestra excelente.
- Unas niñas me inculparon de haberla golpeado. Las dos van mal en mi materia y le inventaron a la rectora que las había golpeado. No me dieron ni tiempo a explicarles, me sacaron como a un perro.
- Eso es injusto, debían haber investigado. Tú serías incapaz de golpear a alguien, ni siquiera a mí cuando hacía travesuras.
- Les pedí que lo hicieran, pero amenazaron con demandar al colegio si no me corrían. Era un riesgo muy grande.- Entre una que otra palabra mi madre hipaba, seguían saliendo lágrimas de sus ojos y a mí se me rompía el corazón al verla tan frágil.
- Tranquila mamá, todo va a estar bien. Vas a ver que las cosas se solucionan pronto.- Eso esperaba.
- Mi niña, he puesto mucha carga sobre ti. Perdóname.- Sentí como se formaba un nudo en mi garganta y los ojos sé me llenaban de agua.
- No tengo nada que perdonarte. Tú y papá me dieron todo, algo debo retribuirles.- Ella me sonrió y yo me levanté para preparar algo ligero de comer. Aún tenía hambre y no había almorzado y suponía que ella tampoco.
Durante la comida estuvimos hablando, aun no quería comentarle nada de mi entrevista, no quería ni ilusionarla, ni ilusionarme. Quería que fuera una realidad para poder celebrar junto a ella. Luego de esa charla madre e hija, subí a mi habitación y saqué de mi armario una pequeña cajita en la que guardaba mi gran tesoro, eran las cartas que había intercambiado con mi amigo, todo había sido una hermosa coincidencia y ese corto tiempo durante el cual hablamos, había llenado mi corazón de una alegría inexplicable. Saqué una y empecé a leerla.
“Querida Laura, debo contarte muchas cosas. Todos los días espero que una carta tuya llegue a mi casa para poder responderte. Mis padres han decidido que nos vamos a ir de aquí, yo no quiero, porque no quiero dejar de hablar contigo. No sé cuándo nos vamos a ir, pero te prometo que voy a seguir escribiéndote.
Me siento muy feliz de tener una amiga como tú, a la que le puedo contar mis secretos. También me cae muy bien tu abuela, siempre que voy a dejarte una carta, me da galletas de chocolate y son deliciosas, te voy a robar a tu abuelita para que me haga galletas todos los días.
Me está yendo muy bien en el colegio gracias a ti y espero que tú hayas mejorado en matemáticas. Tengo que irme, es hora de comer. Te quiero Laura y espero poder verte pronto.
Atentamente, S”.
Leer esa carta me llenaba de nostalgia, no había recibido ninguna otra después de esa, suponía que sé había mudado como lo escribía allí, pero en serio había esperado meses por una respuesta a su última carta. Un tiempo después, le había preguntado a su abuela por la carta y ella le había dicho que cuando había llegado, ya era demasiado tarde, la familia de Sebastián se había ido unos días atrás y no había alcanzado a darle mi despedida. De vez en cuando lo recordaba, pensaba en él y se preguntaba cómo estaría y cómo sería. Cierta parte de su corazón quería verlo, saber cómo era, y otra le decía que debía atesorar ese recuerdo como lo que era, una coincidencia de la vida. Unos años después, mi abuela me confesó en un momento de lucidez, que un chico había ido a verla, preguntando por Laura, no pudo decirme nada más ya que para ese momento su alzheimer estaba bastante avanzado y probablemente eran solo cosas producto de su imaginación, unas semanas después de eso, mi abuela falleció y en ese momento perdí toda esperanza de volver a hablar con Sebastián. Era un lindo recuerdo y le agradecería siempre que la hubiera acompañado en ese momento.
Volvió a poner el sobre en su lugar y se acostó un rato en la cama, en unas horas tendría que ir a la universidad, así que aprovecharía ese tiempo para descansar un poco. Empezaba a quedarse dormida, cuando su celular sonó, vio la pantalla y era un número desconocido.
- ¿Bueno?- carraspeó un poco.
- ¿Hablo con la señorita Laura Adams?
- Si con ella, ¿qué necesita?- Tenía el corazón a mil, no sabía si era del hospital o de la entrevista.
- Señorita Adams, quisiera programar con usted una segunda entrevista para Zamtech.- ¡Dios mío! Había pasado la primera entrevista.
- Sí, claro que sí. ¿Cuándo sería?- Estaba demasiado emocionada, pasar el primer filtro en Zamtech abría una posibilidad del noventa por ciento de entrar a la compañía y pocas personas podían lograrlo.
- Bien señorita Adams, le puedo ofrecer en el horario de la mañana de ocho a once y en la tarde de una a tres. ¿Cuál horario le queda mejor?- ¡Mierda! Tendría que faltar a la cafetería, porque en la tarde debía ir a la universidad a firmar sus notas para ya poder graduarse.
- Sería en la mañana.
- De acuerdo señorita Adams, su cita quedó programada para el día de mañana en el horario de la mañana. Se le solicita llevar una copia de su currículum, excelente presentación personal y lo más importante, puntualidad. En el horario asignado, nuestro director de recursos humanos, Peters, se acercará a usted para realizarle la entrevista, por favor espérelo en la recepción. No siendo más, espero que tenga un buen día y gracias por contestar mi llamada.
Apenas colgó, solté un grito de emoción que estuve conteniendo todo ese tiempo. Había pasado la fase más difícil de contratación que era la entrevista con mi jefe directo. Qué emoción, podría ayudar a mis padres en este momento. Mi mamá entró a mi habitación con cara de confusión y yo seguía saltando en un pie de la felicidad.
- ¿Qué es todo este alboroto Laura?
- Mamá, pasé el primer filtro en Zamtech. ¡PASÉ! ¡AHHHHHHHH!- La tomé de las manos y empecé a saltar en círculos arrastrándola a ella, después de unos segundos, mi madre se unió a mi celebración, me abrazó, me llenó de besos, gritamos, lloramos, reímos. Fue un momento muy especial.
- ¿Y qué te vas a poner? Tienes que verte hermosa cuando firmes tu contrato.
- Mamá, no te hagas ilusiones. Solo pasé a la segunda fase, si paso esta si firmo contrato.
- ¿Cómo no te van a contratar mi niña? Si eres la chica más inteligente del planeta. Serían unos tontos si no te escogieran.- La amaba, ella siempre me había apoyado y me daba esperanzas cuando yo sentía mi mundo desfallecer.
- Tienes razón, soy muy buena en lo que hago. Serían tontos si me dejaran ir.- Las dos reímos y nos pusimos a buscar entre todas mis cosas lo que me iba a poner para la entrevista. Tenía que llamar a mi jefe, debía decirle que iba a faltar a mi turno y tenía que alistar también la carta de renuncia por si acaso.
Al día siguiente me paré tan rápido de la cama que el mundo se me movió por completo, no había podido pegar ojo en toda la noche de los nervios que tenía, sentía el estómago revuelto, con nauseas y las manos me sudaban más de lo normal. Me consideraba una persona tranquila y serena, pero el hecho de que mi futuro entero dependiera de esta última entrevista, hacía que tuviera ganas de devolver todo lo que había comido en semanas. Lo sé, asqueroso, pero la sensación de tener un nudo en el estómago y no poder respirar bien me estaban asfixiando. Ni siquiera cuando había sustentado mi tesis me había sentido tan nerviosa como hoy. Debía hacerlo perfecto y esa presión sobre mis hombros me sofocaba. Tomé una ducha rápida, me puse el traje que mi madre me había prestado, peiné mi cabello en una coleta alta, puse algo de maquillaje para disimular mis ojeras y ya estaba lista. Me veía como toda una profesional y me encantaba esa imagen que me devolvía el espejo. Cuando bajé, mi hermano estaba terminando su desayuno y mi madre estaba preparando la comida de las dos.
- ¿Por qué tan linda hermana?- A duras penas se le había entendido algo, ya que tenía una cantidad de comida indecente en la boca para andar hablando.
- Primero traga Tom. Voy a una entrevista de trabajo y tengo que verme linda. ¿Qué te parece?- Estaba masticando, así que solo levantó su dedo pulgar y asintió. Definitivamente, amaba a mi familia.
- Bueno mi vida, tienes que comer bien así que te preparé un desayuno delicioso.- Mi mamá había hecho huevos, chocolate y una cantidad indecente de arepas, que me hacían agua la boca. Pero en el primer mordisco, volvieron a manifestarse esas ganas de vomitar y no pude comer mucho.- ¿Te sientes bien? Estás pálida Laura.- Mi mamá se acercó a mi muy preocupada.
- Sí, estoy bien. Son solo los nervios. Siento un nudo en el estómago que no me deja ni pasar la comida.
- No te preocupes hermana, todo va a salir bien. ¿Recuerdas cuando tuve que hacer la de Romeo y Julieta con la niña que me gusta? Me dijiste que cuando estuviera en el escenario se me iban a pasar los nervios y así fue. Así que, tú lo vas a hacer grandioso.- Tom cogió una arepa de mi plata y le pegó tremendo mordisco, yo solo reí y despeiné su cabello, él me miró molesto y yo le mostré la lengua.
- Gracias enano y hablando de la susodicha, ¿ya le dijiste algo?
- No y no lo haré. Mi amor por ella será secreto para siempre. Me voy o voy a llegar tarde.- Tom salió corriendo de la cocina y mamá y yo soltamos una carcajada.
- Tú también deberías salir ya o se te va a hacer tarde.
- Tienes razón. Adiós mamá, te amo.- Subí rápido para lavarme los dientes y coger mis cosas y salí corriendo a la parada de bus.
Llegué a Zamtech y el cúmulo de emociones se me subió a la garganta, formado un nudo que me hacía imposible hasta pasar saliva. Cuando entré, Brenda, la misma chica de ayer, me miró de arriba a abajo de manera despectiva y yo solo le sonreí, era muy probable que me quedara con el puesto, así que podía burlarme de ella todo lo que quisiera. Claudia me había dicho que el jefe de recursos humanos me vería en la recepción, así que me senté en un sofá que había allí y lo esperé.