Me levanté bastante temprano para poder estar lista y llegar a tiempo a la entrevista, no me podía permitir llegar tarde, ni que estuviera loca. No le había comentado nada a mi madre aún, a pesar de que iba a dar todo de mí para poder conseguir el trabajo, no quería ilusionarla y que luego no resultara nada. Me vestí mucho más elegante de lo normal y, fijándome muy bien en lo que tenía en el armario, me di cuenta que debía comprar ropa un poco más formal. Entrara en Zamtech o en cualquier otra compañía, debía ir bien presentada, y mi armario consistía de camisetas, jeans y tenis en su gran mayoría. De milagro tenía uno que otro traje medianamente formal.
Bajé rápidamente, rogando no encontrarme con nadie de mi familia y afortunadamente así fue. Tomé una manzana y salí. Me dirigí a la parada de bus y al llegar me puse mis audífonos.
Me encontraba ya en el centro de la ciudad, estaba a pocas cuadras de llegar a la empresa y sentía que un nudo se posicionaba en la boca de mi estómago y no me dejaba respirar con normalidad, estaba muerta de los nervios, las manos me sudaban y sentía que el corazón se me iba a salir del pecho. Era mi primera entrevista en una empresa tan bien constituida como esa y no sabía qué me asustaba más, si no conseguir el puesto o entrar y que me fuera de perros. Desde la universidad había trabajado más de un año en una empresa pequeña en el área de contabilidad específicamente, pero no se podía ni comparar a lo que este edificio frente a mí, representaba. Faltaban quince minutos para mi cita, había llegado con el tiempo suficiente para pasar al baño y retocarme.
Al salir de allí, me acerqué a la recepción.
- Buenos días, vengo por una entrevista de trabajo.- La chica que estaba en recepción subió la mirada hacía mí, me miró de arriba a abajo e hizo una mueca de asco.
- Disculpe, aquí no hacemos caridad.
- ¿Perdón? Le estoy diciendo que vengo para una entrevista con el señor Trastevere. Si quiere puede comunicarse con su secretaria, ella me contactó ayer.- Obviamente era una mentira, pero ella no tenía porqué saberlo.
- Niña, ya le dije. Esto no es una caridad, es una empresa decente. Por favor, si tuviera una cita con el señor Trastevere no vendría con esas fachas.- Dios, esa muñequita de plástico me estaba amargando el día.- Por favor, retírese o me veré en la penosa obligación de llamar a seguridad para que la saquen de aquí.
- No tienes necesidad de llamar a seguridad Brenda, la señorita Adams tiene cita con el señor Trastevere, yo misma la agendé.- Esa voz se escuchaba como caída del cielo, y suerte para la tal Brenda porque estaba a punto de hacer un escándalo. Bueno no, no era mi estilo, pero había perdido mucho tiempo por culpa de esa chica.
- ¿Pero cómo es posible? Llevo meses insistiendo para ser la asistente del señor Trastevere y ¿viene una aparecida a quitarme mi lugar?- Un momento, ¿asistente? Yo voy a ser una asistente. Dios, lo que me faltaba. Ahora tendría que llevar tintos y contestarle el teléfono al señor. No iba a tolerar eso.
- Por favor señorita Adams, acompáñeme.
Fui detrás de la rubia de la cual desconocía su nombre y subimos en el elevador. Por mi mente rondaba la palabra asistente y me indignaba que Jess hubiera pensado en mí para un puesto tan bajo. Aunque claro, en ese momento no podía aspirar a mucho más. Llegamos a uno de los últimos pisos y me dirigió a una gran puerta de madera oscura. Al abrir, pude observar un gran ventanal desde el cual se podía ver la zona del centro de la ciudad y algunas montañas a lo lejos. Al costado derecho, había una pequeña sala y en la pared de esta un cuadro abstracto hermoso y atrayente y la "pared" que daba a la pequeña recepción era puro cristal. En el centro de la oficina, había un gran escritorio de color n***o.
- ¿Qué hace esta niña aquí, Claudia?- De repente escuché una voz que se me hacía algo familiar.
- Es la señorita Adams, tiene cita con usted para la entrevista para ser su asistente.- Volteé a verlo y no podía creerlo, era el mismo al que había chocado ayer y que me había derramado su café encima. Era mi fin, lo veía venir. Este trabajo era más que obvio que no tenía mi nombre escrito.
- Sáquela de aquí, no quiero verla.
- Disculpa señor Trastevere por el incidente de ayer, no debí hablarle de esa forma. Que pena haberlo incomodado con mi presencia hoy.- Pude ver en su cara algo de sorpresa.- Muchas gracias por la oportunidad de la entrevista, que tenga buen día.- Esperaba que esta táctica funcionara, si no, definitivamente no tendría otra alternativa que pasar hojas de vida hasta en los supermercados.
- Un momento, señorita Adams. Siga, siéntese.- ¡Aleluya! Los cielos están de mi lado.- Claudia tráigame por favor un americano y para la señorita…
- Ummm agua estaría bien, gracias.- Claudia salió muy apresurada de la oficina. Pude sentir los ojos del señor Trastevere en mí, como si me estuviera analizando. Yo me estaba poniendo de los nervios, se estaba formando un silencio incómodo a nuestro alrededor y no sabía qué decir o cómo empezar. Además, se suponía que yo venía a una entrevista de trabajo y había esperado que sucediera todo, menos esto.
- Bien señorita Adams, dígame, aparte de regarle el café encima a las personas ¿qué otro pasatiempo tiene?- Cruzó una pierna sobre la otra y recostó su espalda en el sillón, apoyó su codo sobre el brazo del mismo y estiró uno de sus dedos para pasarlo lentamente por su barbilla. Ese gesto me distrajo más de lo que pensé, era una postura tan masculina que había hecho revolucionar todas mis hormonas que hasta el momento habían estado muy tranquilas.- Señorita Adams, estoy esperando una respuesta.- Que torpe, me había quedado mirándolo embobada, ahora se haría ideas equivocadas sobre mí.
- Discúlpeme, en realidad tirar cafés sobre la gente no es mi pasatiempo, ese día fue un accidente, iba algo de prisa porque no quería llegar tarde a la cafetería o mi jefe podría regañarme. Me vuelvo a disculpar por el malentendido de ayer.- Me puse lo más recta que pude en la silla y lo miré fijamente a los ojos, en parte tratando de retarlo.- En cuanto a mis pasatiempos, no tengo muchos en realidad. He estado ocupada con mis estudios, estoy a punto de graduarme y la tesis y los trabajos y exámenes finales han consumido mi vida los últimos cinco años. Además, he trabajado durante tres años en la cafetería y también estuve en unas prácticas pagas como contadora en una microempresa que ayudaba a financiar la universidad.- El señor Trastevere me miraba muy atento, no había perdido detalle de lo que le había comentado y eso me agradaba.
- Y además del impresionante currículum de una estudiante universitaria, ¿qué otros gustos tiene, señorita Adams?- No sabía si había hecho esa aclaración para ofenderme o alagarme.
- ¿Qué exactamente quiere saber, señor Trastevere? Soy una chica común y corriente. Si quiere saber mis gustos, son iguales a los de la mayoría que conozco, la música, salir con amigos y hasta ahí. Como le dije, no he tenido mucho tiempo para hacer con mi vida un carnaval.- Seguía mirándome como si me estuviera analizando, empezaba a perder un poco los nervios e iban siendo reemplazados con un desdén que nunca había percibido en mí misma.
- Señorita Adams, o Laura, si me permite tutearla. Lo que veo yo es que usted es una anciana atrapada en el cuerpo de una joven. ¿Qué le ha pasado en su vida para que piense de esa manera?- Este señor me estaba sacando de quicio.
- Creo, señor Trastevere, que usted ya se está metiendo en el terreno de lo personal. Si esta entrevista va a ser de esta manera, me retiro.- Iba a ponerme en pie, cuando una eficiente Claudia entró de nuevo a la oficina con una bandeja en la que se encontraban el agua y el café.
- Me disculpo Laura, por favor empecemos la entrevista formalmente.- Volví a acomodarme en la silla y agradecí a Claudia por el agua. La siguiente media hora se pasó entre preguntas de parte y parte, él quería conocer mi poca experiencia en el campo de la contabilidad y yo quería conocer algo más de la empresa en la que esperaba pudiera trabajar. También se acordó el salario que tendría si empezaba a trabajar allí y la verdad, ansiaba que me llamaran para decirme que lo había logrado.
- Bien Laura, estoy muy conforme con las respuestas que me has dado durante la entrevista. Considérate dentro de la empresa, aunque, es una decisión que debo tomar con otra persona que está a cargo. Esta misma tarde se te estará dando respuesta.
- Muchas gracias señor Trastevere, solo le pido una cosa más.- Él me miró algo extrañado.- Por favor, no me tutee, prefiero que nos sigamos tratando de manera formal. Yo a usted no lo voy a llamar por su nombre de pila, así que le pido de favor que usted no lo haga tampoco. Es mi única condición para trabajar con usted, si es que obtengo el cargo.- No pude evitar sonreír cuando vi la sorpresa atravesar por sus ojos, creo que nunca nadie lo había puesto en su lugar de esa manera, puesto que, según lo que había podido ver, a todos los llamaba por su nombre, pero a mí eso no me gustaba, lo sentía demasiado confianzudo para tratarse de un jefe y su asistente.
- De acuerdo señorita Adams, como usted lo prefiera.
- Muchas gracias y quedaré al pendiente de la llamada. Hasta luego.- Me dirigí hacia el ascensor con la mirada sorprendida de Claudia siguiéndome. ¿Es que acaso nadie nunca lo había enfrentado? Por Dios, que era humano, no un dios.
Salí rápidamente del edificio y me acerqué a la parada de bus más cercana, me sentía confiada de que el trabajo fuera mío, pero aun así, tenía que buscar otras opciones por si esto no resultaba. Llamé a Jess y le conté con pelos y señales todo lo que había sucedido durante la entrevista.
- Por Dios bestie, tu eres la única que le dice a ese Adonis que no te tutee, por mí que me diga mi nombre mientras me lo hace bien cochino.- Ahí estaba ella con sus obscenidades.
- Jess, que asco. No, no quiero que me tutee, no es un trato formal. Además, si él va a ser mi jefe no puedo tratarlo de Sebastián, sería incómodo.
- Ja, ja, ja, estás loca Laura. Lo que no darían millones de mujeres para llamar a ese bombón por su nombre y tú te vas quejando por la vida porque él te tutea. Que mojigata me salió mi amiga.
- Muy graciosa, pues sí y a mucha honra. No voy a dejar que exista tanta confianza entre nosotros. Y te dejo que estoy llegando al hospital.
- Chao bestia, saludos a tu padre. Espero le cuentes como rechazaste a ese hombre tan hermoso.
- Ay ni que me hubiera propuesto matrimonio, ya cálmate. Adiós Jess.