Estaba completamente enojado.El aire me quemaba los pulmones.Las venas me latían en las sienes. Cerré la puerta con fuerza, encerrándola adentro. Alai no dejaba de gritarme, de escupirme odio con esa voz rota que me hacía temblar. Me maldecía, me culpaba, me llamaba cobarde. "¡Tú mataste a mi tía!", gritaba una y otra vez. Y tal vez tenía razón. Tal vez lo hice, pero no lo recordaba. Odiaba eso. Ese maldito vacío n***o en mi cabeza, esa bruma que me cubría cuando el monstruo despertaba. Ese monstruo que mi padre me había criado para ser. Me alejé, mordiéndome el labio con tanta fuerza que sentí el sabor metálico de la sangre. Bajé las escaleras. Necesitaba aire. Necesitaba un maldito trago y entonces él apareció. Dante. Apoyado contra la pared, como si lo hubiera estado esperando to

