Contaba cada minuto que pasaba, entre canciones y entre la carretera, desarrollando escenas en mi cabeza de cómo sería todo. Volver a verlo, volver a estar frente a él y decirle que lo pensé cada día de mi vida, que cada vez que miraba al cielo, imaginaba sus ojos azules llenos de ternura, diciéndome con paciencia: "No te rindas, inténtalo de nuevo una vez más, ahora con la lección que aprendiste de la vez anterior". Como cuando me caía de la bicicleta y él corría a darme una mano para que me pusiera de pie, o cuando me enseñó a atar los cordones de mis zapatos, como cuando comenzaba a leer y me equivocaba en una palabra… o como cuando a mis doce años me equivoqué en una letra en el concurso de deletreo y al mirar sus ojos llenos de orgullo, supe que no importaba si ganaba o perdía, él es

