(...) — ¿Lo sabías?. El oleaje había subido un poco, la espumosa orilla de las olas llegaba hasta nuestros pies y el viento salado jugaba con nuestro cabello. Papá tomó una piedra color naranja suave que había llegado entre las olas y la regresó al mar. — Lejos de que estabas viva, sí, lo sabía todo. — ¿Y sobre Cindy…?. — yo no puedo obligarlos a vivir una vida que no quieren, y cuando ella me dijo que quería ser parte de la CIA, no me pide, igual cuando dijo que iba a casarse con ese tipo, no se lo prohibí y terminó haciéndole daño a ambas. — soltó una risa amarga y bajó la cabeza —. Creo que fui un imbécil… tantos años, tantos hijos y tratando de no parecerme tu abuelo, he cometido muchos errores. Reposé mi cabeza en su hombro y llevé una mano a mi vientre. — Eso no es cierto. —

