— Voy a disfrutar subir esto a internet. Otro día más, otra travesura más de mi hermano el tarado y cinco Mississippis contados antes de perder la paciencia. Y hablaba de Dave, no de mí. — ¡Más te vale que apagues eso, gusano! — ¿O qué? Tal vez mi hermana te perdone, pero conmigo tendrás que esforzarte más, campeón. — ¡Baja ese maldito teléfono! — ¡Sonríe a la cámara, estás en vivo! — Johnatan tentó su paciencia. — ¡Christiin! Cuando David gritó mi nombre en forma de advertencia, supe que era hora de intervenir, sin embargo, no podía dejar de reírme. Dave había regresado a casa cubierto con hojas de palmeras, amarradas con lianas, de hecho, Tarzán se le quedaba corto, pero no podía expresarlo, sus ojos me decían que tomaría represalias y que debía cuidarme, pues no sé quedaría así.

